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viernes, 22 de julio de 2011

Original Soundtrack (15): Dia 11 - Live and Let Die at the Yankee Stadium

Casi por casualidad y, en todo caso, gracias a la insistencia de Marcin asistí el viernes 15 de julio a uno de los dos conciertos que Paul MacCartney ha dado en NYC este mes. Marcin, Jago, Bibi y yo llegamos al Yankee Stadium, en el Bronx, unos 15 minutos tarde. Era mi segunda vez en el impresionante estadio, y en esta ocasión estaba aun más lleno si cabe.

Desde lo alto de la tribuna veíamos el enorme escenario bastante pequeñito, afortunadamente flanqueado por dos pantallas cual columnas de Hércules y que permitieron a los miopes ver la jeta al ex-Beatle.

Sin teloneros, salió Sir Paul a escena a eso de las 20h30 y con algún guiño a los Beatles intercalado interpretó esencialmente canciones de sus etapas con los Wings y en solitario. Una banda joven pero brillante, con un batería encorbatado que además era el animador del cotarro y dos guitarristas que podían ser sus hijos o nietos. Un líder que se quitó la chaqueta a la cuarta canción y que cambiada de instrumento cada tres o cuatro piezas: bajo, eléctrica, ukelele, piano de cola, acústica...

Al cabo de algo más de una hora y media empezó a tocar más Beatles: Eleanor Rigby, Ob la di, Get back, Let it be, Hey Jude... el truco que nunca falla: todo el estadio en pie, cantando y bailando a los Beatles, escuchando a uno de ellos, casi el último, en vivo. Mucha emoción, lo cual hoy en día no se traduce en gente ondeando mecheros, sino en todo el mundo sacando cámaras, iPhones, Blackberrys y poniéndose a grabar. Es mucho menos romántico, pero debo reconocer que desde atrás, ver miles de pantallas todo tipo de gadget con cámara, moviéndose al ritmo de la música, también es bastante emocionante. Un momento genial, histórico. Quizás estuvo de más un homenaje a John Lennon un poco traído por los pelos.

Aunque se le veía cómodo en el escenario, pensé que la vuelta a los viejos hits del casi septuagenario significaba el principio fin del concierto. Y efectivamente, a las dos horas justas del inicio del concierto, con Live and Let Die llegó la apoteosis final, fuegos artificiales incluidos. Véase una muestra cortesía de una de esas lucecitas que veía yo desde la tribuna:



Pero no fue así, el Beatle zurdo se lo estaba pasando bien, había luna llena y era su primer concierto en NYC, de manera que tocó un par más y no se hizo de rogar mucho para salir a por los primeros bises, que fueron cuatro o cinco. Para los segundos se hizo rogar un poco más. Pero lo que sí nos costó fue hacerle salir una tercera vez. Entonces, con la voz rota, y solo acompañado por su guitarra acústica nos regaló Yesterday.

69 años. Tres horas ininterrumpidas de concierto. Un portento, una fuerza de la naturaleza.
Y un repertorio de números uno que podría haber durado 3 días en lugar de 3 horas.
Magnífico, qué buena idea Marcin.

Día 17 - Ruidos en NYC: el aire acondicionado en lo alto

Es casi la una de la madrugada, de vuelta a dormir me bajo del taxi en la 96th con Broadway y camino hacia el norte. Hoy a sido uno de los días más calurosos que recuerdo en NYC, con temperaturas de hasta 37 °C y una sensación de calor de cerca de 50 °C por la humedad extrema. Aun ahora, a las dos de la madrugada, tenemos 30 °C reales y una sensación de calor de 34 °C, auténtica noche tropical.

Y precisamente caminando por Broadway en esta calurosa noche hoy he advertido uno de los ruidos característicos de esta ciudad rica en sonidos: el constante y monótono ronroneo de los aires acondicionados instalados en las fachadas de los edificios. Es como un murmullo de fondo, gris y cansino, no muy fuerte pero sí pesado y que viene de muy alto. De tan alto como lo puedan ser los edificios de viviendas de la primera mitad del siglo XX que pueblan el Upper West Side. Y tan monótono que el oído se acostumbra a él, o quizás es el cerebro quien lo filtra, resultando inadvertido en el ajetreo diario.

Nunca ha sido la calidad o el diseño en el sentido europeo un preocupación de esta sociedad súper-consumista. Aquí lo que importa es que sea grande, que funcione y si es posible (aunque no necesario) que dure. De ahí que los feos aparatos de AC (léase ei-sí) que crecen como setas sobre las fachadas sean pesados, grandes y muy ruidosos, y que, además de seguir perdiendo agua, tengan el mismo diseño de caja cuadrada que ya tenían en los años 60.

Sí, definitivamente en verano este ruido de fondo forma parte de la banda sonora de la ciudad. Pero no es fácil oírlo, yo me he dado cuenta por primera vez hoy habiendo vivido un año en la ciudad. Quizás por eso me echaron del conservatorio cuando tenía diez años.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Avellà for Major

Al hilo del blog de Bernie sobre las primarias para las municipales en NYC del que hago mención en un comentario anterior (por cierto, la candidata para quien él hacía campaña ha ganado las primarias en el distrito 34 por un ajustado margen de 200 votos sobre un total de casi 9.000. ¡Enhorabuena, Bernie!), he estado echando un vistazo a las elecciones en aquella City.

Como sabéis, después de Giuliani, el multimillonario Michael Bloomberg es alcalde de NYC desde hace dos legislaturas, límite máximo de mandatos en cualquier administración americana. Sin embargo, como Chávez, Uribe, Putin y compañía están poniendo de moda lo de ampliar el número de mandatos por aquello de la vocación de servicio público, Mike ha decidido que NYC le sigue necesitando y ha conseguido una exención por parte del municipal council para poder presentarse por tercera vez a alcalde.

Así las cosas, y pese a que dejó el partido republicano en 2007, nadie del GOP (Great Old Party: los republicanos) ha querido postularse en unas primarias en contra del incumbente. Aunque la popularidad de Mike bate récords, los demócratas sí han presentado varios candidatos a sus primarias, dos de ellos relativamente serios: William Thompson - el comptroller o auditor de las cuentas de la ciudad, elegido por los ciudadanos - y Tony Avella, concejal por el distrito 19 en Queens.

Aunque Avella va muy por detrás de Thompson, ha sido su único adversario en su elección como candidato demócrata contra Bloomberg. Como casi todos los Avella de NYC (menos el que suscribe), es de origen italiano. Y pese a que el New York Times lo califica de populista, no me importaría tener a un primo lejano de alcalde de NYC.

viernes, 28 de agosto de 2009

Crónica de mi primer retorno a NYC

Contrariamente a lo que transmitía en mi entrada anterior, el retorno a la ciudad que nunca duerme no fue tan duro, si exceptuamos precisamente las pocas horas de sueño a las que tuve derecho durante mi semana en NYC.

Me encontré de vuelta en la familiaridad de taxis amarillos y ruidosos buses; del acento latino en las calles faltas de limpieza; de las luces de un blanco pálido pero estridente que exhiben con desgana los negocios abiertos a todas horas, y que contrasta con la explosión de color de sus fachadas; del intenso olor a una imposible mezcla de comidas que inunda la ciudad; y cómo no, de esa sensación de libertad y anonimato que uno siente paseando por una urbe generosa a la vez que insensible, energizante pero exigente; una ciudad que se reconoce mucho antes de conocerla, y que se recuerda pero no se añora. En resumen, que NYC sigue siendo NYC.

Precisamente por eso, lo primero que hice al llegar fue irme. Irme por mi ya antigua obsesión con conocer ese país que hay a la otra orilla del Hudson: los Estados Unidos. Una excursión de dos días en Pennsylvania, con destino al Amish Country y con parada en Philadelphia. Ésta, pese a su importancia histórica en la formación del país, es una ciudad del todo prescindible, y guardaré mejor recuerdo de la visita a sus suburbios en apoyo de la campaña presidencial de Obama.

Sin embargo, un poco más allá, se encuentra el Amish Country, un paisaje abarrotado de discretas colinas y enormes granjas, sembrado de maíz y frutales, cubierto de verde hierba y poblado de vacas. En este lugar se come espectacularmente bien y se ha convertido en un destino turístico al que los americanos acuden incluso de luna de miel, tras la caída en desgracia de las cataratas del Niágara y un poco de ayuda cinematográfica (recordáis Único Testigo, con Harrison Ford?). Es una especie de microcosmos habitado por granjeros, barbudos o con cofia, de vida sana y pía, ultra-conservadores, horrorizados por la tecnología y el progreso, que todavía aran los campos con caballos, se mueven en carro, no usan neveras ni televisión y están exentos de pagar seguridad social porque no aceptan tratamiento médico que use tecnología impropia del siglo XIX.
Además de los bonitos paisajes agrarios, de la estupenda comida, de los silos que crecen como champiñones en los costados de los graneros construidos de madera, de la sorprendente convivencia de coches y carros (o viceversa para los latinoamericanos) en las estrechas carreteras del condado de Lancaster y de la extravagante vestimenta de sus habitantes, esta región, poblada por emigrantes de Europa del Este en el siglo XVIII y atravesada por infinidad de riachuelos, está llena de esos entrañables y estrechos puentes cubiertos, construidos enteramente de madera hace ya mucho, y que nos presentó Clint Eastwood en Los Puentes de Madison. Aquí abajo tenéis una muestra:


De regreso a la incivilizada civilización de NYC mi programa incluye reencuentros y salidas con los compis de SIPA, encuentros en la tercera fase en Bryant Park (no, no es que haya visto extraterrestres en NYC, es que pusieron la película de Steven Spielberg en el festival de cine de verano que se organiza en el Parque), visita al museo de la inmigración de Ellis Island (altamente recomendable, y una excelente cura de humildad tanto para la Vieja Europa como para el Nuevo Mundo), indispensables brunchs, conciertos de jazz en sitios cutre-históricos de Harlem, vuelta a medio Manhattan en bici y fiestas en recién estrenadas azoteas. Por descontado hubo muchas cosas que se quedaron en la lista de buenas intenciones, y que podrán configurar el Segundo Retorno a NYC.


Pero lo más interesante del programa ha sido la satisfacción de poder ver a mis amigos en un momento en que están cambiando de vidas, intentando sobrevivir con ahorros a la espera del trabajo soñado o excitados por un nuevo trabajo, preocupados por la devolución de los préstamos de estudios y luchando por obtener el necesario visado.


Al fin y al cabo, los amigos son los amigos. De la misma manera que, al fin y a cabo, NYC es NYC… (pido disculpas por estas dos frases en modo Jesulín, pero no he podido evitarlo). En la foto de arriba a Bernie, Rachel, Olivia, Alison, Isa, Miguel y el menda.

Finalmente, y después de una rotura algo brusca y dramática con NYC, puedo decir que estoy en proceso de reconciliación con esta City. El único problema es que mi otra City – con la que estoy ahora – está notando que no le dedico toda la atención que debería, y eso puede dificultar nuestra relación… Ya se sabe que las ciudades pueden ser absorbentes, caprichosas, e incuso celosas.

viernes, 19 de junio de 2009

¿Se acabó lo que se daba? Is New York over?

Escribo esto desde el aeropuerto de Düsseldorf, en la escala de mi vuelo de vuelta a España. El curso se ha acabado, he dejado mi habitación en el apartamento 23 del 412 West 110th Street, en el Upper West Side y me he despedido rápido y mal de Columbia, de NYC y de algunos de los amigos y conocidos que dejo por allí.

Los últimos días han sido una locura, con el Road Trip de casi tres semanas, y un breve paso por NYC de a penas dos días. Para colmo, en este verano neoyorquino que no termina de llegar, ayer salió un día gris y lluvioso en NYC, que refleja en cierta manera cómo me siento.

Dicen que las mejores despedidas son las cortas, no da tiempo a ponerse triste y se ahorra uno las lágrimas delante de los demás, aplazándolas para el más seguro anonimato de una sala de aeropuerto o la protectora penumbra de una butaca de avión en la semioscuridad con la que pretenden engañarnos para contrarrestar el jet-lag.

Sin embargo, me da la impresión de que esta despedida ha sido demasiado corta. No he podido decir adiós a la ciudad como se merece, con cierta intimidad y suficiente tiempo. Tampoco me he despedido como debería de mucha gente que quiero, y he tenido que organizar un evento multitudinario. Y de otros me he despedido sólo por correo o sms. Maldita tecnología.

A pesar de la agridulce sensación de dejarme muchas cosas por hacer, ha sido un año estupendo desde todos los puntos de vista. Y aunque me queda mucho por descubrir, NYC ya es otra de mis ciudades, otro de mis sitios familiares, como París, algunas zonas de Madrid o Valencia.

Dejo atrás amigos y ganas de seguir descubriendo la ciudad. También el país que tanto me divierte criticar, maravilla de la naturaleza aun por destrozar (en eso Europa aventaja a los Estados Unidos), tan lleno de contrastes y con su infantil ingenuidad. Por eso tendré que volver. De visita o para temporadas más largas. Este partido ha terminado en empate y habrá que jugar una prórroga.

No obstante, aun tengo muchas cosas que decir de esta experiencia y de ese país, así que me voy a permitir seguir dándoos la tabarra con este blog. Y porque en Manel & The City, además de mi propio nombre propio (Manel), hay uno genérico (The City) al que le hemos venido dando la acepción de NYC desde el 13 de julio de 2008 y hasta el día de ayer, 18 de junio de 2009. Pero que llegado el caso, muy bien puede referir a otra ciudad en otro lugar. Ahora se trata de ver cuál.

Gracias a todos por leerme y especialmente a los que os atrevéis a hacer algún comentario. Seguiremos informando.

miércoles, 6 de mayo de 2009

NY Yankees - Boston Red Sox

Entrando ya en el periodo final de exámenes, entre la necesidad de procrastinar y el inminente final de mi etapa de estudiante en NYC, me lanzo a probar nuevas experiencias, saborear la aventura americana a través de sus deportes de riesgo y sus violentas actividades cotidianas.

Vamos, que me voy a ver un partido de baseball. El último contacto que tuve con este deporte fue en el colegio, con unos 12 años, cuando jugábamos con una pelota de tenis en un campo de futbito y bateando con la mano. Ni que decir tiene que no teníamos ni idea de las complicadas reglas del asunto. Hace falta un máster para seguir el tema. Afortunadamente el menda ya casi lo tiene y pudo "leer" el partido.

Este es el único deporte que, debido gran número de partidos por temporada, la disciplina de batear por turnos y las muchas intervenciones de los jugadores en cada partido, que permite hacer estudios estadísticos y entretiene a gente del MIT y otras escuelas técnicas con modelos matemáticos para valorar jugadores y diseñar el equipo perfecto.
Total, que fui al recién estrenado New Yankee Stadium del Bronx con Isabela, Kyle y Chris a ver un New York Yankees - Boston Red Sox, que sería el equivalente de un Madrid - Barça. Ambos equipos juegan en la American League, una de las dos Major League Baseball (grandes ligas), y por lo tanto se enfrentan muchas veces por temporada. Los ganadores de cada una de las ligas disputan la gran final: las World Series - lo cual es un poco hiperbólico porque en ocasiones las series mundiales las disputan dos equipos de la misma ciudad, por ejemplo en 2000 los Mets y Yankees, prácticamente a ambos extremos de la misma linea de metro.
Los partidos empiezan siempre a las 14h05 ó a las 19h05 (increíbles los americanos para algunas cosas: flexibilidad nula, fiabilidad reducida y cabezonería infinita; pero yo los quiero igual). Son largos como ellos solos, con 9 entradas en las que ambos equipos batean. El de ayer duró cuatro horas, dos de ellas bajo la lluvia. Este deporte, como todos los que triunfan en Estados Unidos (i.e. football, hockey, NBA), está especialmente diseñado para ser un espectáculo muy largo (el público consume más cerveza y más perritos calientes en 4h que en las 2h de un partido de soccer), pero de manera que sea fácil darle la vuelta al marcador, para mantener siempre la emoción hasta el final y que la gente se quede todo el tiempo pendiente del final (más anuncios en la tele).

Isabela, Chris y Kyle son fans de los Red Sox de Boston, y claro, yo simpaticé con ellos. Este equipo es como el Barça: un segundón de lujo con mucho dinero y una maldición histórica. En 1918 alguien maldijo al equipo por vender a Babe Ruth (algo así como el mejor jugador de todos los tiempos) a los Yankees. Desde entonces, y hasta 2004 (y 2007), no volvieron a ganar una serie mundial; pero es que ni siquiera ganaron su campeonato hasta 1975. Kyle contaba que su abuelo nació en 1920 y vio todos los partidos de los Red Sox que pudo a lo largo de su vida. Murió en 2001 sin haber visto ganar a su equipo. Es pues un equipo maldito que se ha despertado recientemente - como el Barça con su Copa de Europa de 1992. Los Yankees sin embargo han ganado ya 26 series mundiales.
Una experiencia interesante, pero creo que es mejor disfrutarla en un día soleado, con calorcito y en un grupo grande para poder comer, beber y charlar mientras unos tíos corren por ahí abajo. 

martes, 5 de mayo de 2009

Último día de clases en SIPA

Sí, aunque mi programa exige unas prácticas para la obtención del título y la graduación oficial tiene lugar en octubre, el año académico toca a su fin. Hoy ha sido el último día de clases para toda la escuela, y pasará mucho tiempo antes de que yo vuelva a asistir a una clase en la universidad: 7 años si nos atenemos a las observaciones disponibles. Al terminar la última clase, el profesor de Public Management, Apsan, nos había pedido traer algo de comida para poder deshacerse de las últimas botellas de scotch que tenía desde la reciente boda de su hija.
Lo que queda de la semana son los Study Days. La semana siguiente tenemos los finals, y después una buena semana de celebraciones oficiales y oficiosas.
 
Lo más gordo aquí es la graduación, que se hace en dos partes:
1) Primero el 18 de mayo, la SIPA graduation, la ceremonia sólo de la escuela, más íntima, con unos 400 alumnos, 50 faculty y 800 acompañantes. Tiene lugar en Riverside Church (antes se hacía en St. John the Divine, justo enfrente de mi ventana y con mucha más capacidad); el discurso central lo da un padrino de promoción, que este año será el General Scowcroft, de 84 años, doctorado en SIPA, asesor de Seguridad Nacional de Nixon, Ford y Bush - como lo fueron en su día Kissinger y Powell - así como significado crítico con la guerra de Irak, pese a estar en el staff de Bush Junior.

2) Y el colofón lo pone el Columbia Commencement - con su web oficial y todo -, la ceremonia de toda la universidad, con unos 10.000 degree candidates y 30.000 acompañantes la Low Plaza del campus de Morningside (donde me siento yo a tomar el sol):

El resto de la semana se ameniza con eventos cuyo objetivo puede ir desde entretener a los acompañantes con comidas o actividades culturales, hasta conseguir el coma etílico del recién graduado o permitir los últimos escarceos sexuales de la vida universitaria (esos por los que los candidatos a presidente siempre son preguntados y finalmente disculpados en la moralmente hipócrita América).

En cualquier caso, el otro día atravesando el campus para comer en un asiático de Broadway con Tore y Paola, vi que los preparativos para tan grandes fastos ya habían empezado: ya están instalando las gradas en la Low Plaza . Esto, junto con el final de las clases, me hace constatar con gran alivio, pero no sin cierta angustia y bastante pena que esto se acaba...

miércoles, 29 de abril de 2009

¿Se acabó el invierno? Guardemos los sombreros

Son las 10 de la mañana y estamos a 28 °C, en un rato a 33 °C, según la fuente más fiable que conozco. Hace menos de un mes, la primera semana de abril, nevó tres veces (un poco de aguanieve que no cuajó). En dos o tres semanas hemos vivido el dichoso Cherry Blossom (ya es el tercer post en que lo nombro) con todos los árboles en flor y ahora estamos en puro verano, con un calorazo impresionante (afortunadamente NYC es muy seco).

El campus ya está lleno de gente tomando el sol, incluso en bikini. Salen los pantalones cortos, las chanclas, camisetas de manga corta, gafas de sol, y por supuesto los escotes y las minifaldas (nota: borrar lo último). Los aires acondicionados ya funcionan a plena potencia y hay que llevar algo de abrigo para poder pasar un rato en la biblioteca. Pero lo más indicativo es que la flota de Mr. Softy está de nuevo en la calle ocupando las esquinas vendiendo el archifamoso helado neoyorquino:
Así pues, parece ser que hemos dejado el Invierno y entrado de lleno en el Verano prácticamente sin solución de continuidad (cuánto deseaba poder usar esta maltratada expresión), salvo quizás un tímido y brevísimo amago de Primavera.

Ha sido largo y penoso, en ocasiones incluso duro a causa del viento. La sequedad del ambiente ha ayudado y pese a la nieve, NYC no es una ciudad muy lluviosa. Todo esto no le resta mérito al hecho fundamental y objetivo de que HE SOBREVIVIDO A UN INVIERNO EN NYC. He domesticado a la fiera sin demasiadas pérdidas. Yupiii!

Podemos considerar esto un tanto más en mi cuenta en este mi particular partido con NYC. Lo cierto es que ya he perdido la ídem, pero la eliminatoria está casi asegurada y debemos andar por algo así como:
NYC 3 - Manel 6

Al menos hay una cosa positiva en el frío de esta ciudad, es que los sombreros, gorros, gorras y demás accesorios para cubrir la calvorota están a la orden del día y así mi siempre reivindicada costumbre de llevar sombrero se ha visto satisfecha y me he podido explayar:
Los más cenizos diréis: "Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo". Pero yo creo que ahora ya puedo guardarlos hasta nueva orden. 

viernes, 17 de abril de 2009

Amago de Primavera

Hoy ha salido un día buenísmo (estamos a 20 ºC y hace un solazo de justicia). Así que tras comprobar que el sake de ayer con los compis del máster no produce resaca/cruda/guayavo, he decidido ir a correr por Central Park (es viernes: privilegio de estudiante).

Los cerezos (hay muchos) están ya floreciendo, lo que aquí llaman el cherry blossom, y una impresionante imagen de la Primavera abriéndose paso entre los restos del largo y crudo Invierno . La mayoría de los árboles están todavía pelados, en sorprendente contraste con las tupidas flores rosa pálido de los cerezos y la hierba joven, de un verde claro y brillante.

Ahorason las 16h y, como hace tan bueno, aun no he podido meterme en la Lehman Library (la biblioteca de SIPA, prácticamente mi segunda residencia, si no la primera, desde hace más de un mes). Así que estoy sentado en los escalones de la Low Library (el edificio central de la universidad). No sé qué pasa hoy pero aquí hay mucha gente, acaban de hacer una demostración de Kendo en medio del College Walk, y ahora empieza un concierto. Y aquí estoy, disfrutando del sol, de la conexión wifi de la universidad y de la cámara que mi MacBook Air (toma pijada) lleva incorporada para compartirlo con vosotros. Eso sí, para disimular tengo los apuntes abiertos aquí al lado.

Y así se cierra oficiosamente un ciclo: recordad un post similar de hace unos meses. Por fin gafas de sol y camiseta han salido del armario. Aunque sólo sea momentáneo: la semana que viene vuelve el frío y la lluvia.

miércoles, 8 de abril de 2009

Newyorking again

La vida de estudiante en Estados Unidos es más absorbente que en Europa. Esa ingenuidad/infantilismo que caracteriza a los norteamericanos impregna la academia y, en un esquema típico de escuela primaria, hace que los semestres estén repletos de assignments, papers y problem sets, generalmente rudimentarios pero que llevan mucho tiempo (aunque es cierto que las posibilidades son infinitas, e invirtiendo tiempo extra se hacen trabajos excelentes). Es una manera de premiar el esfuerzo frente las injustamente repartidas inteligencia o ingeniosidad.

Quizás por eso, el estudiante en NYC pierde pronto de vista la ciudad (el árbol no deja ver el bosque?): a parte de las actividades sociales, no se establece una gran relación con la urbe, sus pulsos, su respiración, su transpiración: su vida. Hace falta mucha disciplina para para eso y yo no tengo la suficiente.

Pero entonces llegan las visitas. Y si uno puede dedicarles tiempo, redescubre su ciudad, se reconcilia con NYC, se vuelve enamorar. Durante el Spring Break tuve visita familar, con mi madre, Juanma y Jaume. Pese a pasarme un par de días en cama, pude acompañarlos y ejercer un poco de guía por la Gran Manzana. Ese reto de tratar de enseñar algo suficientemente turístico pero ligeramente fuera de circuito, de enseñar parte del NYC de los neoyorquinos, le obliga a uno a hacer un ejercicio de reconciliación con la ciudad.

Mi hermano Jaume acuñó el término Newyorking para definir esto. Después resultó que ya existía, pero eso no le resta mérito (me recuerda al aforismo que orgullosamente creí invenar cuando vivía en Francia: "París no se acaba nunca". Qué decepción la mía cuando Vila-Matas sacó en 2003 un libro de título homónimo).

Newyorking significa vivir la ciudad de NYC de los recién llegados, con inmensa curiosidad, mente abierta y fruición desmedida. Tan pronto se consume un trozo/barrio/icono, se pasa al siguiente sin solución de continuidad, ni siquiera un modesto Almax para facilitar el proceso. Cambio constante, sensaciones intensas, deleite o bofetada para los sentidos. Si no, que se lo digan a Juanma, que al cabo de tres días se dio cuenta del intenso olor a comida que hay por toda la ciudad. Pero también se excitan los otros sentidos por los ruidos, luces brillantes, viento helado, sabores fuertes, etc.

Este proceso debe de ser algo similar a las noches con sol del círculo polar ártico, en las que el cuerpo y la mente están tan excitados que no se consigue dormir. Un festival de sensaciones que transmite energía, carga las pilas. Y engancha: cada vez se quiere más. Porque en realidad queda mucho más. París no se acaba nunca, pero NYC no se agota jamás*.

En este viaje, entre otras cosas, estuvimos en el MoMA, fuimos a la ópera en el Met, Jazz en el Time Warner, el River Café, celebrando Saint Patrick, subimos al Empire State, paseamos por las galerías de Chelsea y su estupendo mercado y bruncheamos en el Lower East Side:



*A riesgo de ser cenizo, quiero puntualizar que esa sensación es peligrosa (al igual que las noches de sol): en realidad es un subidón de adrenalina que en un momento u otro se ha de estabilizar. NYC energiza, pero también exige energía, consume. Es intensa, agotadora. Pero muy satisfactoria.

martes, 24 de marzo de 2009

Malito en los US y el expolio de las farmacéuticas

Estos días de poca actividad en Manel & The City han pasado varias cosas, desde los midterms (exámenes parciales), hasta la visita familiar durante el Spring break, pasando por que he estado malito in the City.

Ya intuía yo que éste no es un buen país para ponerse enfermo.

Es cierto que aquí están los mejores médicos del mundo en casi todas las especialidades, que tengo el Mount Sinaí a un tiro de piedra (cruzando Central Park) y St Luke's Hospital aun más cerca (en la 113th, a tres calles subiendo por Amsterdam); que tengo un seguro internacional con EuropAssistance (una de las compañías de seguros más grandes del mundo); que Columbia, no reconociendo compañías con sede fuera de los US, me ha obligado a tomar/pagar el seguro médico de la propia universidad ($1,294.00 por semestre, es decir, el doble de esa cantidad por el curso) y por tanto debería estar perfectamente cubierto.

Pero también es cierto que aquí, pese a ser uno de los países que más gasta en Sanidad, no hay ninguna cultura de Salud Pública, no se tiene ningún sentido de la mesura y hacer dinero es el leitmotiv aceptado por todos de esta sociedad.

El caso es que tras visitar por primera vez a la enfermera del Servicio Médico de Columbia (por 2.600$ al año, ni siquiera nos atienden médicos!), y hacerme un test para ver si lo que tenía en la garganta era realmente una bacteria o más bien mononucleosis (las manchitas blancas en mis amígdalas y la memoria histórica me hacían presagiar por lo primero), me dio un panfleto explicando en qué consiste la famosa mononucleosis y me dijo que me daría los resultados del test, en unas horas y por e-mail.

Eso sí, todo mu modelno, un sistema de mensajes super criptados en la página web del Servicio Médico. Al cabo de unas horas, efectivamente era una bacteria clásica y me tenía que tomar antibióticos. Así que, también electrónicamente, hizo una receta y la envió a una farmacia de mi elección (el Douane Reade de Broadway con la 112th).

Como el menda ya tenía 12 sobrecitos de Augmentine en casa, sólo me receta la tía 8, para tomar el antibiótico dos veces al día durante 10 días. Y yo me digo, qué rata, ya me podía haber recetado más y me guardo el Augmentine...

Y claro, qué sorpresa la mía cuando llego a la farmacia a por mis pastillitas (te las dan contadas y las meten en un bote de plástico de la farmacia, lo cual no está mal para que no se abuse de los medicamentos o terminen tirándose), y por sólo 8 pastillas de antibiótico ¡me quería cobrar $75*!

¡¡¡Como lo leéis: $75!!!

Eso implica que el tratamiento entero (equivalente a caja de 20 sobres) costaría $187.5. Alguno de los lectores sabe cuánto cuesta una caja de Augmentine de 20 sobres en España?

Mucho me temo que no pasa de los 6 ó 7 €, y no creo que nuestros amigos de las farmacéuticas vendan a pérdidas en el mercado europeo... (máxime teniendo en cuenta los "regalos" que los visitadores médicos hacen todavía a los doctores).

¿Qué han hecho los pobres americanos para que las farmacéuticas los traten así? ¿Por qué el pueblo americano tiene que pagar los beneficios millonarios de estas multinacionales y la Administración no hace nada? ¿Cómo es posible que nadie diga nada ante tal abuso? ¿Lo que pasa en la "vieja" Europa en materia de precios de fármacos no les llama la atención?

Yo siempre he sido Marxista, del ala Grouchista, pero me temo que si me quedo mucho tiempo en este país, además, ¡¡voy a terminar volviéndome comunista!!


* El seguro de Columbia me sirvió al menos para pagar "sólo" un tercio de esa cantidad: $25 por 8 dosis de Augmentine.

lunes, 2 de marzo de 2009

Flamenco Festival 2009: Morente en NYC

El sábado 21 de febrero se pasó Estrella Morente por el Carnegie Hall, en un único concierto y con la excusa de participar en el New York 9th Flamenco Festival.

Y ahí que nos plantamos, Laura (mi roommate gallega), Carolina (quien me ayudó a percatarme de mi asimetría orejil) y Raúl (un compositor profesional que se dedica a coleccionar postdocs en biología por amor al arte). Además, había otras 2.800 personas completando el aforo del Main Hall. Y entre ellas muchos españoles y algunos amigos: Tania y Paola (de SIPA), Xabier (de Iberia@Columbia), Ramón Verástegui (Ingeniero-violinista-financiero, veterano de Supélec). También presentes y también españoles, estaban allí su marido Javier Conde y Fernando Trueba.
Pese a haber estado en NYC varias veces desde su debut en 2007, la cantaora granaína de 28 años llenó el Carnegie. Un espectáculo simple, dos guitarras, dos canataores acompañando a las palmas, y un cajón. Dos horas de un repertorio variado donde no pudo faltar su versión del Volver de Gardel: el Volver de Penélope Cruz en la peli homónima de Almodóvar. No por más machacada, menos emocionante. Después, incluso se atrevió a hacer los bises sin micrófono (un auditorio con 2800 personas!!).

Como ya ha venido varias veces y esta es la novena edición del festival, esto no ha sido noticia, ni en los periódicos americanos ni en los españoles. Pero un periodista que se precie debe estar siempre presente por si las flies. Y por eso estuvieron presentes las corresponsales de El País y l'Avui, con quienes nos fuimos luego al Burger Joint del Hotel Meridian a por unas (de las mejores) hamburguesas y a la librería del Hudson Hotel a por un cóctel.

Esta vida de estudiante es muy dura, pero creo que me podría acostumbrar... ¿no creéis?
Pero tranquis, empiezan los midterms again, y ya se me ha olvidado la buena vida.

sábado, 14 de febrero de 2009

De la inexistencia de persianas en NYC y del método Hepburn

Así es, estos salvajes no conocen las persianas. En NYC, como en el resto de Estados Unidos no hay persianas en las ventanas. Este fútil detalle, combinado con la desacertada posición de NYC con respecto a su uso horario, hace que incluso en invierno mi cuarto se inunde de luz por la mañana a una hora excesivamente temprana.

Me gustaría ser como esas personas que son capaces de dormir prácticamente de pie, con el sol dándoles directamente en la cara y mecidos por la suave música de un martillo neumático en la habitación de al lado (más o menos como mi hermano Jaume). Afortunadamente el ruido no me despierta. Pero la luz sí, y mucho. Esto último unido a lo anteriormente expuesto hace que por la mañanas me despierte antes de lo previsto, con multitud de efectos negativos: descanso insuficiente, mal humor, pérdida de autoridad del timbre de despertador...

Partidario de la teoría darwiniana de la evolución de la especies por oposición a la del diseño inteligente (aquí en Estados Unidos esto es tan arbitrario como ser del Real Madrid o del Barça), confié en acostumbrarme pronto a la luz. Y en efecto, el cuerpo humano, esta maravillosa máquina que nos ha dado Dios y que George W. Bush nos ha permitido conservar a algunos, se adapta a los cambios de medio y a los entornos más hostiles.

Sin embargo, como bien sabéis, estas navidades he tenido casi un mes de vacaciones y los he pasado en la Madre Patria, donde las persianas son el aderezo indispensable de cada fachada y el complemento perfecto de todos los dormitorios. Y si el organismo se adapta rápido a los entornos hostiles, se acostumbra aun con mayor celeridad al medio favorable. Con lo cual, desde enero, el Astro Rey me vuelve a despertar por las mañanas antes de hora, cuando ni siquiera están aun puestas las calles.

El contacto con los evangelistas de estos lares, las largas horas pasadas con Sara Palin y mi creciente interés por la Iglesia de la Cienciología, me han acercado más a las posturas del diseño inteligente. Así pues, en honor a éstas, decidí remediar este issue de manera inteligente cual dios metiendo mano a su diseño del sexto día.

Tras mucho devanarme los sesos, di con la solución por una muy feliz, a la par que inteligente, asociación de ideas: recordé aquella cosa tan divertida que me habían dado en el avión y que algunas veces he visto usar a mi madre y a Audrey Hepburn.

Y entonces vi la luz. Bueno, mejor dicho, DEJÉ DE VERLA.

Desde ahora, al igual que en las ventanas, me pongo cortinas encima de los ojos. Emulo a la Holly de Breakfast at Tiffany's (un indispensable y crudo cuento de Truman Capote y una no menos imprescindible, pero positiva película de Blake Edwards), y me pongo un antifaz con el primer rayo de luz por mi ventana, con la diferencia que el mío es cortesía de Air France.
Y luego dicen (digo) que los americanos no saben lo que es el glamour. Bueno, me voy a dormir:

domingo, 8 de febrero de 2009

Self-reconciliation

Un fin de semana mal aprovechado: fiestas jueves, viernes y sábado hasta las tantas, pero sin el mayor interés (a lo mejor simplemente no estaba de humor), levantándome tarde y cansado por un interminable principio de trancazo (y que no se termine, please. Que se disuelva, como las manifestaciones). Horas de estudio en la biblioteca muy poco productivas (ya no sé si es mejor estudiar solo, o estar acompañado ayuda) y ninguna actividad reseñable más que la interesante y optimista peli Slumdog Millionaire* en compañía Morgane y parte de la escuadra de la banca francesa en NYC. Todo ello en un fin de semana de tiempo espléndido: sol y temperaturas por encima de cero grados!

Con malos humores y sentimiento de culpabilidad (sí, esta moral judeo-cristiana que en mala hora compramos) llego al domingo a mediodía. Y entonces un simple detalle, salir a correr por Central Park, con el sol de y en la cara (y sin necesidad de guantes), sirve para catalizar algo de buen humor. El "buen" tiempo, la cantidad gente que pasea/corre por el parque, los lagos helados, el sol frío pero brillante, la naturaleza, combinados con un poco de sudor y dolor en los músculos es una terapia estupenda.
El recorrido es básicamente la vuelta a Central Park por la carretera principal (aun no me lo conozco lo suficiente para correr por los más blandos y saludables caminos de tierra): unos 10 km (6,5 millas) en algo menos de una hora. Otra de las ventajas de vivir en la esquinita noroeste del parque. Aquí tenéis el plano del recorrido.

Al no correr acompañado (Bernie y Maribel ya salieron ayer), me he llevado el iPod, imprescindible elemento para correr en NYC si uno quiere parecer creíble**. Y la música acompaña. Como lo pongo en modo Shuffle (úsease, aleatorio) sale cualquier tipo de música que tenga en el trasto, desde los Fraguel hasta un discurso falangista, pasando por suites de Bach, ABBA, cançó, merengue e incluso música disco de los 80 (ya sabéis que soy un carroza).

Pero me he dado cuenta de que el ritmo y la amplitud de la sonrisa depende bastante de la música. Y después de varias pruebas, he encontrado la que va mejor a mi ritmo en pista. Sorprendentemente no se trata de música disco o algo heavy con mucho ritmo, sino de música algo más de ir por casa, con ritmos más clásicos, panderetas, acordeones (y no penséis que son "los éxitos de la Tuna de 1967", porque ese CD no lo tengo y mi alergia no me lo permite). Me refiero a cosas en plan polka, más menos este tipo de cosas. Creo sinceramente que la polka está muy infravalorada en nuestros días y tenemos que ser todos más conscientes de la riqueza de registros y la fusión cultural que se esconden en este género.

Hoy por ejemplo, el momento en que corría más rápido y mi sonrisa era más grande ha sido durante Mallorquins i Catalans, de Tomeu Penya. La gente con la que me cruzaba se me quedaba mirando, entre sorprendidos y divertidos, por mi sonrisa y las eses que hacía al ritmo de la música.

De vuelta a casa, me dolían los gemelos y se me había pasado el mal humor. Y me había reconciliado conmigo mismo.

*Nota: No descifro nada de esta correcta película. Y recomiendo que vayáis a verla como yo, sin ni siquiera haber visto la cola (así llaman los argentinos al trailer)

**El footing en NYC es toda una cultura urbana, con sus ritos y sacramentos, que merece un post a parte. Por cierto, footing no quiere decir nada en inglés.

domingo, 18 de enero de 2009

Cuando hace mucho frío... no hay agua fría!

Houston, tenemos un problema: no hay agua fría en la cocina. Desde hace tres días, sólo funciona el agua caliente.

Bueno, con el frío que hace, casi es mejor eso que lo contrario, ¿no? Aunque te quemes un poco al fregar los cacharros. Pero es extraño, porque en el resto de la casa sí hay agua fría.

Después de algunas comprobaciones y no entender lo que pasa, la relectura de mi post de esta mañana, me ha dado la clave: la pila de la cocina está en la pared que da al exterior, y las tuberías (conducciones) pasan por dentro de ella.

La solución es que la tubería de agua fría se ha congelado, mientras que la del agua caliente, precisamente por eso, por contener agua caliente, resiste ahora y siempre al invasor. Así entiendo por qué cuando hace tanto frío sólo se tiene agua caliente. Y pasa hasta en las mejores familias.

No te acostarás sin saber una cosa más.  

sábado, 17 de enero de 2009

... y empieza freaking cold

Que más o menos viene a decir "con un frío de cojones". Así es, ayer la temperatura no subió de -9 °C. Y al acostarme, esta era la foto que había:Nótese que por el viento la sensación de frío era de -22 °C. Precioso. Así que el mejor plan fue aprovechar en familia (es decir con mis roommates Edgar y Laura) la televisión por cable que pagamos religiosamente todos los meses y sus más de 500 canales. Cayó un maratón Clooney-Soderbergh con Syriana (2005) y Michael Clayton (2007), que coronamos con un clásico: El Golpe (1973). Eso sí, todos debajo de nuestras mantitas de abuelo (pertinentemente tomadas prestadas en vuelos oceánicos o adquiridas en IKEA), y armados con sendos paquetes de galletas.

Con mi inteligencia natural, elegí el día de ayer, el más frío que he vivido en NYC hasta ahora, para estrenarme en el gimnasio de Columbia (de la mano de Bernie). El Dodge Fitness Center es un gimnasio construido por debajo del campus de la universidad, con centro de fitness, aparatos, cuatro canchas de baloncesto (incluyendo una central, donde juegan los Columbia Lions la liga de baloncesto universitario), pistas de squash, saunas e incluso una pista de atletismo de 160 m completamente subterránea. Se entra por el lado de la Business School casi en la 120th Street, más o menos un kilómetro desde mi casa. Pues para ir al gimnasio no se me ocurrió mejor idea que ponerme los pantalones cortos, un camiseta y una sudadera e ir corriendo hasta allí.

Creo que nunca he corrido un km tan rápido! Madre mía! Las piernas al aire con -13 °C son lo de menos. Las manos (los puños en realidad, porque se aprietan con fuerza) se congelan, los nudillos se ponen morados a los dos minutos; las diferencias entre correr por el lado de la calle con sol y el lado con sombra son brutales; pararse en los semáforos es una idea nefasta: los huesos duelen hasta el tuétano. Pero lo peor es respirar. Ese aire frío entrando en los pulmones se siente como algo sólido. De repente todos los conductos del aparato respiratorio parecen sólidos, macizos, y uno pasa a ser dolorosamente consciente del lugar exacto en el cuerpo, las dimensiones y los caudales que circulan de aire.

Yo no sé si será mi petite nature mediterránea, pero no logro explicarme la gente que se baña en el hielo, los que corren en Central Park con esta temperatura por muchas capas que se pongan, o los que viven en Siberia o en Milwaukee (donde ayer Paco y Becky reportaron -30 °C).

Y el invierno acaba de empezar, los veteranos dicen que el peor mes suele ser Febrero.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Entre examen y examen, Mari-Tere

Ayer, a la salida del examen de micro, y a sólo cuatro horas de empezar el de accounting & finance, me pasé por el Union Theological Seminar de Columbia en Broadway con la 121st, donde Guillermo me estaba guardando un sitio en segunda fila para escuchar una charla de la Vicepresidenta del gobierno, Fernández de la Vega.

De viaje en NYC para defender el Plan Nacional de Derechos Humanos en la ONU (ni idea de qué es esto), aprovechó para dar una charla en Columbia sobre crisis financiera global. Unos cuantos españoles de aquí fuimos a oírla, y la asociación Iberia estuvo representada, de hecho en su página web hay algunas fotos.

Me llamó la atención el lugar en que se dio la conferencia, un salón del Union Theological Seminar de Columbia. Y, pese a estar de moda y haber participado en el G-20,  el asunto tratado no parece uno de los puntos fuertes de Mari-Tere. Supongo que es uno de estos eventos para rellenar la agenda y salir en los papeles, y quizás también un premio de consolación. Porque se quiso traer a Zapatero al World Leaders Forum, pero no al parecer no funcionó, y sigue faltando una estrellita en España.

Es curioso cómo nos gusta a todos salir en la foto con la Jefa, y cómo nos pone nerviosos. En el momento de la foto, algunos no se acuerdan de modales y lo importante es salir delante, aunque no nos guste el personaje, aunque no reconozcamos el privilegio de ser españoles o aunque no nos haya gustado nada el discurso.


También es curioso cómo los españoles nos quisimos hacer casi más fotos con la corresponsal en NYC de TVE que con la propia Vicepresidenta.

Después de la charla, otro examen y luego la primera nevada del invierno en NYC, unos 5 cm que solamente han durado hasta esta mañana, pero que por unas horas pusieron a la ciudad preciosa y algo peligrosa...

martes, 16 de diciembre de 2008

Los taxis de NYC

Algo maravilloso de esta ciudad es el servicio de taxis, los famosos yellow cabs. No importa dónde esté uno ni qué hora sea, casi seguro que en menos de 15 segundos pasa alguno de los 13.000 service cars con su número de licencia encendido, indicando que está libre.

Son casi todos el Ford modelo Crown Victoria (como los coches de la poli), aunque hay varios modelos aprobados por la Taxi & Limousine Commission. Prácticamente no he visto coches privados de este modelo, parece que lo hagan exclusivamente para los taxis o la policía. Son coches enormes, el conductor va siempre detrás de una mampara y es indefectiblemente extranjero.

Pueden ser de cualquier lugar, pero hay mayoría de africanos o hindús y similares. Generalmente no dan conversación, yo creo que muchos apenas chapurrean el inglés. Es más, como aquí hay muchos contratos de telefonía móvil con tiempo ilimitado, casi siempre se pasan el día (sí, sí, el día) hablando con alguien de su familia con el bluetooth, en una llamada que puede durar horas. Los coches casi nunca son suyos (la licencia cuesta una barbaridad), y son empleados, con sueldos que supongo bajos, que hacen más horas que un reloj. El taxi nunca para, se turnan para que el coche esté funcionando 24 horas al día 7 días a la semana. ¡Por eso siempre se encuentra alguno libre! (y por eso nunca se ven aparcados...)

Además, muchos conducen mal. Incluso los más resistentes al mareo (como yo, modestia a parte) terminan con el estómago revuelto. Para ganarse algún dólar de propina, quieren dar la impresión de que van lo más rápido posible, y no paran de dar acelerones. Por ejemplo, en las largas avenidas los semáforos están sincronizados para que a una velocidad moderada no haya que frenar. Pues éstos tíos aceleran mucho y luego dan un frenazo, sin llegar a parar, hasta que el semáforo de pone verde.

Imaginad desde el West Village (11th Street) hasta mi casa (110th Street), hay unos 100 ciclos de estos. Y aunque se sujete bien, al cabo de unas cuantas calles, uno se encuentra peor que los Martinis de James Bond: agitado y removido. Cuando se va solo en el taxi, es habitual terminar en el lado opuesto al sitio donde uno se ha sentado. Y aun peor son las cosas que llevas: el teléfono ya está por el suelo, el paraguas debajo del asiento... y como a la hora de salir uno siempre tiene prisa por si acaso echa la papilla dentro el taxi, pues así se explica que se pierdan tantas cosas en los taxis de NYC! Y que conste que lo digo por experiencia propia: De cómo quedarse incomunicado nada más llegar a un país extraño.

Un par de ejemplos:

El taxi que tomé el sábado con Jaume para volver a casa justo antes de que él se fuese al aeropuerto fue bastante divertido. El conductor era de Liberia, y estaba aprendiendo francés. Pues en la radio tenía un método de francés, y con la mano que no se usa para el volante (coches automáticos...) llevaba el libro y se dedicaba a pronunciar en voz alta las palabras que leía y que luego repetía el cassette: Demain..., demain. Quatre..., quatre. Précis..., précis... y así leyendo con un ojo su método (aprenda francés en 40 lecciones), mientras con el otro controlaba el taxi de delante para pegar el frenazo siempre a menos de dos palmos de su parachoques. Un viaje cuando menos, emocionante.

Para venir de JFK el domingo pasado, Guillermo, Jose e Íñigo estuvieron compartieron no sólo trayecto, sino también mantel con un hindú que estaba comiéndose su ración diaria de pollo al curry y arroz mientras conducía por el autopista a 70 mph. Pas mal.

[mañana Micro por la mañana y Accounting & Finance por la tarde]