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jueves, 31 de marzo de 2011

Más estadísticas

Sí, con esta obsesión ingenieril por los números, no puedo dejar de notar que una de las marcas que he roto este año es la de tiempo sin escribir en este blog: entre el 9 de enero y el 28 de marzo de 2011 no colgué ningún post (lo que no quiere decir que no escribiera). Más de dos meses y medio sin comunicarme con los pacientes lectores que aun visitan esta página.

Justificaciones pobres como que no me cabían fotos en el ordenador (por fin he podido descargar las fotos que tenía en la cámara ¡desde julio de 2010!) o que no he pasado ningún fin de semana en Londres desde finales de enero no son atenuantes.

El caso es que no he parado últimamente, y ello incluye viajes a lugares remotos y exóticos: Buenos Aires, Río, el Peloponeso interior, Cuba, la Suiza francesa y quizás pronto Luxemburgo. Precisamente en el avión de vuelta de Cuba, con Arnaud, hice una lista de todos los paises en los que he estado hasta ahora (todos ellos miembros de pleno derecho en la Naciones Unidas, excepto la Autoridad Palestina, con status de observador).

Europa:
1. España
2. Francia
3. Alemania
4. Andorra
5. Reino Unido
6. Bélgica
7. Holanda
8. Italia
9. Irlanda
10. Grecia
11.. Malta
12. Hungría
13. Croacia
14. Bosnia-Herzegovina
15. Dinamarca
16. Suecia
17. Portugal

América:
18. Guatemala
19. México
20. Perú
21. Bolivia
22. Estados Unidos
23. Canadá
24. Colombia
25. Brasil
26. Argentina
27. Cuba

Oriente Próximo:
28. Egipto
29. Israel
30. Territorios Palestinos
31. Jordania

En un par de semanas debería ampliar la lista Suiza y Marruecos por trabajo, más adelante quizás Luxemburgo por placer (es un decir), y posiblemente en verano añadir un par de países del Africa negra (o más púdicamente, subsahariana). Este año en total habré añadido al menos siete nuevos países a la lista lo cual me produce cierto orgullo infantil. Y aun me queda toda Asia por explorar...

martes, 21 de septiembre de 2010

Un nuevo deporte: UpInTheAiring

Vuelta de vacaciones, primer viaje de curro en casi dos meses, Madrid. Escribiendo desde la cama del nada recomendable NH Habana…

Ya se me había olvidado la liturgia de maleta, maletín, billetes de avión, taxis y trenes. La rutina de perder tres noches en casa la misma semana, la limitación de no poder quedar con gente en Londres, de no poder ver una peli tranquilamente o de comer algo hecho en casa, aunque sea pasta al pesto, de no poder ir en bici a trabajar, de tener que guardar todos los recibos en la cartera a reventar, o de soportar retrasos en Barajas…

También se me había olvidado la excitación de preparar la maleta por la mañana deprisa y corriendo, en el último minuto; de cuadrar reuniones con apenas tiempo para ir de un sitio a otro, de reservar los billetes y buscar hotel, de salir de la oficina temprano para ir al aeropuerto, de quedar por la noche con gente en Madrid, o hacer alguna compra en un rato muerto, o incluso de obtener puntos Iberia Plus. Estrés positivo lo llaman.

Y yo estoy sometido a mucho estrés positivo, el de corto plazo. Y para muestra, mi programa de esta tarde:

- 17h32: salida de la oficina en Victoria.
- 17h34: taxi hacia la estación de Paddington;
- 17h48; llegada a Paddington
- 17h54: se cierran las puertas del Heathrow Express. Esta vez he podido comprar el billete sin - recargo antes de subir al tren: generalmente llego más justo de tiempo.
- 18h14: llegada a la estación de la terminal 3, con cuatro minutos de retraso.
- 18h21: impresión de la tarjeta de embarque en el mostrador de Iberia (previamente facturado desde mi Blackberry)
- 18h33: paso los controles de seguridad y de pasaportes
- 18h41: llegada a la puerta de embarque número 3 cuando ya no quedan pasajeros por embarcar (no hacer cola aquí tiene mérito). Atasco en el finger al entrar en el avión: 4 minutos que aprovecho para conversar con Jaume por teléfono.
- 18h50 cierre de puertas, armamento de rampas y cross-check.
- [alrededor de 19h15, opcional y en función del desodorante: obtención del nombre y teléfono de la azafata]

Nótese que el menda puede coger un avión sin tener que sentarse a esperar en ninguna sala de espera. Y mejor todavía, sin correr en ningún momento. He llegado a tal nivel de refinamiento que lo he convertido en un arte, en una actividad deportiva.

De hecho es un deporte de riesgo en toda regla, porque si falla uno sólo de los eslabones, hay que correr como un poseso y hay un riesgo nada despreciable de terminar perdiendo el avión. Adrenalina, estrés positivo, y también algo de sudor, aunque no se corra. Si las cosas salen mal o hay que recurrir a la carrera de fondo con traje y maletas, se añaden maldiciones y promesas vanas de ajustar menos la próxima vez.

Es un deporte. Llamémoslo UpInTheAiring: y definámoslo como la disciplina en que se consigue tomar un vuelo y desde la salida de casa/la oficina hasta que se sienta uno en el avión (a) no se corre en ningún momento (definición de correr: separa ambos pies del suelo al mismo tiempo) y (b) no se toma asiento en ninguna sala de espera ni se pasan más de cinco minutos esperando de pie.

Tomo el nombre prestado de la película porque me es próximo, aunque reconozco que hay diferencias claras: Clooney tenía un estatus superior de viajero frecuente y se pasaba la vida el lounge de American Airlines; el menda en cambio suele viajar en económica, y la Iberia Plata sólo sirve para saltarte colas en la facturación, pero no te dan ni un croissant.

¿Quizás próxima disciplina olímpica de exhibición en Londres 2012?

sábado, 17 de julio de 2010

Coincidencias Londinenses: República Española en 2010

Hoy y mañana se cumple el 74 aniversario del fallido pronunciamiento militar contra la República Española que desembocó en Guerra Civil, y ulteriormente en dictadura hasta 1975. Afortunadamente ya no se celebra como antaño el Día del Alzamiento, pero memoria histórica obliga y los anglosajones n'y sont pas pour rien.

Instalados en una (demostradamente desastrosa) estrategia de apaciguamiento hacia los fascismos que proliferaban en la época en Europa y muy especialmente para con Hitler y su Alemania nazi, los británicos forzaron una pantomima llamada "no-intervención" que perjudicó esencialmente a uno sólo de los bandos en la contienda, el leal, republicano, rojo o constitucional. Aunque tentador, es un ejercicio fútil elucubrar sobre el presente de España si otro gallo nos hubiese cantado en aquel momento.

Sin embargo, a la vista de algunos hechos que describo más adelante, podría parecer que los anglosajones, aunque sea de manera inconsciente, aun tienen pequeños detalles que demuestran un latente sentimiento de culpa, o quizás mejor, cierta simpatía por la causa perdida tiempo ha, entre otras cosas gracias a su inestimable ayuda.

No os dejéis engañar, esto es por puro interés: en una elaborada teoría de la conspiración de mi propia cosecha, asevero que algunos elementos subversivos cuyo objetivo es hacer caer la casa de Windsor e instaurar una república en la Commonwealth están utilizando (al igual que Hitler en su momento) al Reino de España como campo de pruebas, intentando desencadenar la III República Española. Pero las bombas que usan no son como las que dejó caer Adolfo sobre Guernica en el primer bombardeo a una población civil de la Historia. Son más sutiles. Y a las pruebas me remito.

Todo empezó en Australia en 2003, en la final de la Copa Davis, donde un complot facilitó a James Morrison una versión "equivocada" del himno de España que, dicho sea de paso, interpretó con gran maestría:



La última de estas acciones desestabilizadoras es la proscripción del famoso polillo que puso de moda Aznar con la banderita de España en cuello y mangas, sustituyéndolo por uno similar pero con la bandera de la República. Se distribuye en grandes almacenes de ropa por todo Londres y por un precio muy ajustado y está haciendo furor: ya he visto a varios compañeros de trabajo vistiéndolo en nuestros casual Fridays, y yo me voy a comprar una docena esta misma tarde, para celebrar el Alzamiento Nacional. Acepto encargos.

martes, 22 de diciembre de 2009

¡Atrapados en la isla!

Parece el título de una película de acción, pero es en realidad la sensación que se respira en Londres estos días. Una rara conjunción de factores (al parecer provocados por una única causa) hacen realmente difícil abandonar el Reino Unido en estas fechas tan señaladas.

1) Eurostar, el tren de pasajeros bajo el Canal de la Mancha ha sufrido unas misteriosas averías desde el viernes por la noche hasta hoy. Se calcula que hay 88.000 afectados (el Eurostar transporta a unas 20.000 personas por sentido y día), y es el medio de transporte preferido de los cientos de miles Franceses que trabajan en la City y vuelven a casa por Navidad.

2) La manida huelga de British Airways y las nevadas en todas las capitales europeas han cancelado muchos vuelos saliendo de Londres. En los que quedan no cabe ni un alfiler.

3) El temporal en el Canal de la Mancha dificulta el tráfico de los ferrys con los que se solía cruzar el estrecho. La nieve no facilita el transporte por carretera. La opción bus o alquiler de coche queda descartada.

El resultado es que varias decenas de miles de personas están atrapadas en la isla sin posibilidad de escapar. Arnaud, mi compañero de piso, debía haber viajado en el Eurostar a París el sábado por la mañana. Estamos a martes y sigue aquí. Sin posibilidad de tomar el Eurostar, intentó ayer el autobús, que no llegó jamas a la estación (3 horas de espera bajo la nieve y con un maletón de cuidado). Finalmente Ryanair ha fletado un par de aviones extras que en principio saldrán hacia Paris-Bauvais el miércoles 23. Veremos cuándo llega a su casa. Ya lleva 4 días y sólo son 150 km.

Corre el rumor por la City de que esto es un sabotaje de elementos anti-sistema del Gobierno británico para encerrar en la isla a todos los banqueros que quieren escapar al continente para cobrar allí sus bonus. Al parecer desde el anuncio de una subida de impuestos sobre este concepto retributivo ha provocado una estampida sin precedentes de los pobres e injustamente afectados empleados de banca (de inversión).

La situación se anunciaba realmente crítica. Testigos presenciales afirman que algunos, en su huida, incluso abandonaron sus Porsche y Aston Martin en plena intemperie en el frío clima londinense de estos días. El sector está tan desesperado que incluso se baraja la posibilidad de cambiar la City por la Villa y Corte.

Por el momento, estos convenientes incidentes metereo-infraestructurológicos están conteniendo temporalmente está sangría para las arcas del Exchequer (Hacienda); reteniendo en suelo británico parte de esa ingente masa salarial... al menos hasta que termine el año fiscal

Seguiremos informando/procrastinando desde Londres.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Discretización arbitraria o de la ineficiente gestión británica de la luz solar

Discretizción, digitalización o conversión analógica-digital es, de forma poco rigurosa, el proceso de conversión de una magnitud, variable o señal de naturaleza continua en otra que adopta valores discretos.

Por ejemplo la altura de una persona o el tiempo entre dos instantes son siempre magnitudes continuas, mientras que la población de Francia o el parque automovilístico español son variables discretas, que además sólo pueden adoptar valores enteros.

Si adoptamos una postura kantiana, tomando como referencia los niveles de precisión de la percepción humana, podemos afirmar que la naturaleza presenta casi exclusivamente magnitudes continuas. Quede constancia de que esta afirmación no es plenamente satisfactoria, puesto que si descendemos al nivel atómico, hay evidencias de lo que ya intuyeron Demócrito y los atomistas en la antigua Grecia: todo en esencia es discreto.

Y sin embargo las magnitudes continuas con las que convivimos son intrínsecamente inconmensurables, y en nuestra inmensa sabiduría tendemos a simplificarlas (conversión, discretización). Ejemplo: cuando nos preguntan la edad decimos el número de años, pero raramente añadimos los meses, y nunca hacemos mención de días, horas, minutos, etc... En este caso estamos discretizando una magnitud continua para que su manejo sea más sencillo, al tiempo que intentamos minimizar la pérdida de información relevante, uno de los inconvenientes de este proceso (no es lo mismo decir que la chica nueva de la oficina mide "un metro y pico" que "un metro setenta y pico").

Esto mismo es lo que hacen todos los ordenadores y demás menaje del hogar, ya que sus microprocesadores sólo entienden y manejan magnitudes discretas.

Todo esto viene al caso de un molesto fenómeno de discretización que se lleva especialmente mal en el Reino Unido: la gestión de las horas de luz del día.

No vamos a discutir la comúnmente aceptada - pero no por ello menos arbitraria - división del día en 24 horas. Hasta aquí no hay discretización gracias a las existencia de unidades inferiores: horas, minutos, segundos, milisegundos, microsegundos, etc... Sin embargo la primera etapa de discretización llega al trazar 24 rayitas sobre el planeta Tierra que se han dado en llamar Meridianos y que definen los husos horarios y, en la mayoría de los casos, también los usos horarios.
En ese preciso instante, se decide que para un señora de Cádiz, va a ser la misma hora que para una señor de Barcelona, estando cada uno en un extremo del huso horario, habrá casi una diferencia de una hora en su ciclo solar: uséase, para el vecino de la ciudad condal amanecerá casi una hora antes que para nuestra amiga andaluza.

Si añadimos la discretización que la unidad política e histórica de Europa impone, asistimos a un fenómeno extraño: Santiago de Compostela y Belgrado comparten huso horario, pese a estar separados por más de dos "horas solares".

Todo esto no representa mayor problema si la gente esta contenta. Y convenimos que es difícil aunar descontentos por la hora: generalmente nos preocupamos por los impuestos, el salario mínimo, el paro, la sanidad pública, etc., mientras que la hora que marque el reloj al levantarnos por la mañana nos es inverosímil, como diría aquel. Se trata de una constante de de trabajo que no nos molestamos en discutir.

Algunas naciones, en ejercicio de su soberanía, y aunque con dudoso acierto, desafían al convertidor analógico-digital en estos asuntos: La francesa Oficina Internacional de la Hora, ahora dependiente de la Oficina Internacional de Pesos y Medidas, fija el tiempo universal coordinado (UTC, véase aquí el reloj mundial oficial) y coordina la "digitalización" de la magnitud temporal en el planeta Tierra.

El último ejemplo de esto es la Venezuela de Hugo Chávez, que en 2008 abandonó la granularidad de la discretización horaria, y retrasó los relojes media hora, cambiando su refrencia husual al meridiano que pasa por el centro del país. Que nadie piense que Chávez es un original, puesto que países del Eje del Bien ya habían tomado medidas parecidas antes: Estados Unidos -con Hawai-, Canadá -con sus islas en la costa Este-, Nueva Zelanda o Australia mantienen horas fraccionales con respecto a la UTC (refiéranse amigitos, al mapa que hemos colocado unos párrafos más arriba).


Pues bien, pese a lo que pueda parecer, esta larga disquisición no es totalmente gratuita. Viene precisamente al caso por mi reciente constatación de un hecho gravísimo que el cambio de hora de hace un par de semanas no hace sino amplificar. Analícese la siguiente imagen.
Nótese que, a día de hoy, el sol sale hacia las 7h y se pone alrededor de las 16h20.
Si reflexionamos un poco sobre el alcance de estos datos, convendremos que esto es una auténtica barbaridad. Barbaridad con mayúscula (y no por estar detrás de un punto y seguido).
Máxime si consideramos que aun queda un mes y medio de reducción de luz solar; con lo cual, el sol puede acabar poniéndose a las 15h15, cuando ni siquiera ha empezado aun la larga sección de deportes del Telediario.

Y yo me pregunto ¿a quién le importa que el sol salga cuando se está aun en la cama o en la ducha?¿y quién en su sano juicio soporta tener que ver el final del Telediario del mediodía con luz artificial? Por no hablar de tener que usar gafas de visión nocturna al salir de la oficina.

Creo que como ciudadano, como miembro de respetable dimensión (en el seno de la comunidad, quiero decir), es mi deber impedir que este atentado a la lógica y al biorritmo mundial se produzca: el Reino Unido, en su penoso, castrador y ya habitual autismo europeo, ha decidido tener su propia hora al margen de Europa. Véase de nuevo en el mapita que UK está en la misma zona horaria que España y la mayor parte de Francia y sin embargo, estos tíos insisten en tener una hora menos. El efecto inmediato es, como ya hemos demostrado, que el sol se pone a una hora ridículamente temprana, agriando el buen carácter que por naturaleza tienen los británicos, haciendo más plomizo el gris plomizo del cielo, menos llevadera la lluvia y más deprimente, depresiva, teleadicta y alcohólica la sociedad en general.

Por ello, apelo a la Declaración de Derechos Humanos, y a las Naciones Unidas y la Corte Penal Internacional en tanto que garantes de la misma, para que se termine con esta soberana injusticia que viola el derecho fundamental a salir del trabajo con una sonrisa en la cara y a disfrutar de las dosis de melanina necesarias para el correcto funcionamiento del organismo; por la presente entrada, declaro fundada la plataforma por el cambio de hora en el Reino Unido, por una mejor calidad de vida y el buen humor de sus ciudadanos.

Y ahora, después de un post tan largo y reivindicativo y como hace sol, me voy a dar una vuelta en bici por Primrose Hill. Como siempre, un saludo a los que hayan conseguido leer hasta el final.

viernes, 30 de octubre de 2009

El cosquilleo de las primeras veces

Ayer, sentado, pensaba que cuando hay un cambio grande en la vida - o más bien en el modo de vida o el entorno -, como por ejemplo mudar de casa o de país, tengo una clara tendencia a dar importancia a ciertos detalles, generalmente nimios y relativos a la rutina diaria.

Me pasó cuando me mudé a NYC hace algo más de un año y me está pasando en mi nueva vida londinense: en una especie de fetichismo extraño, recuerdo la primera vez que hago cada cosa en la casa, en el trabajo, que ejecuto una acción, por natural que sea.

Por ejemplo, siempre soy consciente la primera vez que pongo una lavadora, que voy al supermercado, que uso una cazuela o el horno, que cambio las sábanas o lavo las toallas, o que friego los platos (esto último aun no lo he hecho, porque me sale sarpullido). Lo mismo ocurre en el trabajo: mi primer boli, el primer documento que leo, la primera hoja de paga, la primera reunión, o el primer cuaderno de notas que termino...

Es algo que ciertamente escapa a mi control. Al notar, advertir, experimentar una sensación conocida en un sitio distinto, se siente un cierto placer, ese cosquilleo divertido y fetichista de lo nuevo. Son pequeños destellos que nos (me) hacen apreciar estos cambios e imagino pueden ser adictivos. De aquí que haya gente que no se puede estar tranquila en casa, cambian de trabajo, de domicilio, etc... con cierta regularidad: se convierte en una necesidad. Quizás psicológicamente se pueda relacionar esto con el síndrome de Peter Pan, con el miedo a la responsabilidad o cualquier macabro referente sexual Freudiano.

Pero no se puede estar haciendo cosas nuevas a cada momento. Estos destellos tan frecuentes al principio, se van espaciando en el tiempo a medida que pasan los días, semanas o meses. Por mucho que tardemos en cambiar las sábanas la primera vez, una vez se ha hecho, los posteriores cambios de sábanas no producen la misma sensación.

A los casi cuatro meses de estar en Londres, quedan ya pocos pequeños gestos sin hacer, rutinas por ejecutar, y se entra en una fase en la que uno se acomoda, empieza realmente a sentirse en casa, en terreno conocido y seguro. Sin embargo aun hay destellos de novedad, una pequeña nota mental al experimentar de nuevo esa sensación y que le recuerdan a uno que todavía está aprendiendo, que aun hay mucho por descubrir y que apenas acaba de empezar a vivir la nueva ciudad...

Eso justamente es lo que me pasó ayer en el trabajo. Estaba yo sentado, en el baño de la oficina, perpetrando mi primer cagote en mi nuevo ambiente laboral. Por primera vez plantando un pino en un ambiente nuevo y distinto, poniendo un huevo, haciendo muñequitos, uséase: cagando. Lo que viene a ser (expresado más decorosamente) defecar, deponer, hacer aguas mayores, obrar, hacer caca, de vientre o popó. Sin ánimo de ahondar más en lo escatológico de esta entrada, consúltese aquí para una información más detallada sobre el particular.

Y me sentí vivo. Me sentí muy vivo realizando algo tan mundano, natural y rutinario en un ambiente nuevo, distinto; saboreando lo desconocido con esa mezcla de incertidumbre, curiosidad y expectación, pero con la confianza de un proceso muy familiar, en el que pocas cosas pueden fallar; me sentí lleno de esperanza, optimista, con fe en esta ciudad y todas las cosas que voy a hacer, los sitios que descubrir, gente por conocer, sensaciones distintas, costumbres diferentes..., pero los mismos mecanismos y gestos familiares. Y por supuesto me sentí con ganas de disfrutar a tope de todo esto. Ahora apliquémoslo.

domingo, 25 de octubre de 2009

La globalización estúpida (o la crema viajera)

El título de la entrada mantiene un innegable parecido con otra famosa frase: "La economía, estúpido". Ésta, acuñada por el jefe de campaña de Bill Clinton en 1992, fue una de las piedras angulares de su victoria frente a Bush Senior y ha terminado usándose muy comúnmente.

Nótese sin embargo que hay un par de diferencias sustanciales: en el título de esta entrada no hay coma entre "globalización" y "estúpida" y hay un cambio de género en ésta última. El primer cambio descarta la posibilidad del vocativo de la frase original (es decir, no es que esté insultando a una mujer en lugar de a un hombre); y la concordancia de género confirma que en este caso el "estúpida" actúa como adjetivo en lugar de sustantivo.

Porque, aunque me parece positiva de forma general, la llamada globalización en ocasiones nos permite estulticias de magnitudes insospechadas. Y aquí paso a relatar una de las más sonadas que he perpetrado:

Cuando mi amigo Guillermo me pidió que le comprara una crema para su madre, todo parecía bastante sencillo. Wrinkle Repair, de Provectin Plus, se encuentra en los Walgreens por $29.99 plus taxes. Al parecer es una crema muy buena y por un precio muy asequible.

En aquellos ocupados días primaverales de la etapa post-exámenes y pre-graduación, intenté infructuosamente comprarla en el Walgreen de Union Square (14th Street con 4th Ave), donde él la había comprado en su anterior visita a NYC. No quedaba. Supongo que es un producto muy popular entre las madres, y a finales de curso, todos los hijos en NYC estaban haciendo acopio de regalitos para sus progenitoras.

Así pues, me embarqué durante tres semanas en el road trip que ya conocemos. Como sabía que de vuelta a NYC, entre maletas y despedidas, no tendría mucho tiempo para comprar la crema, y aprovechando que en la primera etapa del road trip, al lado de nuestro hotel en Las Vegas, había un Walgreens, compré la crema al inicio del viaje. Y así empieza el periplo de estas 6 oz (177 ml) de crema antiarrugas:
  1. Primero me acompañaron a lo largo de 4.000 km en la guantera de Latoya, durante dos semanas con temperaturas de hasta 40 °C.
  2. Al final del road trip, voló en la bodega de un avión, dentro de mi mochila, desde San Francisco hasta NYC: 4.200 km (y no se me ocurre a qué temperatura).
  3. Seguidamente, encontró su sitio en mi maleta de vuelta a España, y volvió a volar: otros 6.200 km hasta Valencia.
  4. Por otro despiste, y pese a que Guillermo pasó por Valencia, la crema todavía tuvo que hacer un par de saltos más: el primero para venirse conmigo a Londres en Julio, recorriendo 1.300 km más, esta vez con Easyjet.
  5. La siguiente vez que vi a Guillermo fue en un viaje de fin de semana en Irlanda el mes pasado; así que la cremita volvió a tomar el avión hasta Dublín: esta vez solo fueron 465 km.
  6. Allí, con Vitto, alquilamos un coche para ver los acantilados de Moher, Galway y ya de vuelta, Skerries y algún otro pueblo de pescadores en la costa Este al Norte de Dublín. En total 700 km en coche: pero esta vez mucho más confortable en el maletero de un Jaguar que nos dieron por el precio de un Focus.
  7. Relevado de mi gran responsabilidad, Guillermo se llevó de Dublín a Madrid la dichosa cremita: 1.450 km con Ryanair.
  8. Una vez en España, ya sólo quedaba la etapa Madrid-Santander, los últimos 455 km en coche, para que el tan añorado tubo de crema se reuniese con la madre de Guillermo.
Y este es el relato de cómo - bastante accidentalmente y durante tres meses- un tubo de crema viajó por todo el Oeste americano, San Francisco, New York, Valencia, Londres, atravesó Irlanda (dos veces), pasó por Madrid y terminó en Santander. En total, si mis cálculos no fallan hizo más de 5.000 km en coche, y unos 13.600 en avión.

Es cierto que esa crema se encuentra difícilmente en España, y que es cuatro veces más cara. Pero si contamos los litros de keroseno y los de gasolina que ese tubo de 200 gr ha podido representar, las emisiones de CO₂ y otros gases, los dolores de cabeza y la capacidad logística que ha consumido, no me queda claro que sea rentable traerla de esta manera...

Y al margen del rendimiento económico de la operación, si esto no es una estupidez globalizada, que venga Manolo y lo vea.

Nota: distancias medidas son Google Maps y Mapcrow.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

De barbas y barbudos

Uno de los múltiples cambios que experimenta mi rutina diaria por mi reciente entrada en el mundo laboral es que ahora me tengo que afeitar más a menudo. Sí, de estudiante en NYC me afeitaba una vez a la semana o incluso menos, en función de la actividad social o las conferencias que hubiese en la escuela.

Ahora que soy un respetable trabajador, alguien que produce y paga impuestos - o al menos alguien que debe parecerlo -, tengo que ir presentable a la oficina y por tanto me afeito más frecuentemente. Sin embargo, con mi ingenieril manía de optimizar recursos y controlar la eficiencia de los procesos (léase pereza, vagancia), actualmente he conseguido parecer un componente de la respetable masa salarial afeitándome sólo dos veces a la semana. Y, modestia aparte, esto tiene más utilidad y mérito del que parece a simple vista.

Cierto es que no tengo mucha barba, y que me crece casi bien (con varios días parece que me esté dejando una perilla al más puro estilo mosquetero, solo me falta ir de negro y con gafas para parecer Quevedo), así que me afeito el lunes por la mañana, básicamente porque los lunes son los lunes. Martes no hace falta, puedo estar un día si afeitarme. Miércoles me vuelvo a afeitar y jueves vivo de rentas. El viernes, aunque ya empiezo a tener una nada desdeñable pelusilla, me beneficio del casual day y ni me afeito ni me pongo traje. Y el fin de semana, de rebelde ochentero en plan Miguel Bosé, tampoco me afeito.

Dos veces en siete días.

¿Por qué es tan importante? Es en realidad una manía que adquirí con mis primeros torpes y lentos afeitados, con 13 ó 14 años. Si añadimos que en algún Playboy leí lo que hay que saber sobre la gran ceremonia del afeitado y todos los ritos que conlleva (afeitarse siempre después de la ducha, templar la navaja, abrir los poros con agua caliente y/o masaje, etc.), se comprenderá porqué me cuesta 20 minutos afeitarme.

El resto son matemáticas básicas. Desde los 15 hasta los 85, afeitándose todos los días, al final de la carrera sale que a lo largo de la vida uno pasa afeitándose 511.000 minutos, 8.500 horas, o 355 días. Es decir prácticamente un año entero de la vida!!!

Así pues, desde los 15 años, partiendo de unas premisas falsas (con la experiencia que he adquirido, podría llegar a afeitarme hasta en 17 minutos), y por ese afición a la bella simplicidad de la matemáticas y la gran mentira de la estadística, he desarrollado el sentimiento de que el afeitado no es solamente una gran pérdida de tiempo, sino también una de las cosas más inútiles que hacemos. Tras descartar la depilación eléctrica primero y láser después, he minimizado el tiempo de afeitado en la forma arriba descrita. Otros genios llegaron a la misma conclusión que yo tiempo ha y fueron aun más coherentes en sus elecciones, lo cual les dejó más tiempo para crear en sus vidas:


Sin embargo toda gran verdad termina por imponerse a las sociedad de una forma u otra. Y así la barba se ha democratizado, alcanzando a todos los estratos sociales, no sólo por su excitante estética, sino por por simbolizar ese afán emprendedor, esa mejora permanente de la eficiencia. La barba permite ganar alguna batalla en esa guerra contra el tiempo que todo ser humano tiene perdida de antemano. Algunos representantes de este contemporáneo movimiento Carpe Diem:


Por fin la barba ya no es una cosa sólo de rojos nostálgicos y progres trasnochados que no terminan de superar la fallida revolución del 68, sino que ahora desde la Familia Real hasta el más humilde miembro de Nuevas Generaciones, pasando por oscarizados actores y emergentes figuras políticas de todos los rincones del planeta, se han convertido en orgullosos portadores de la misma.

Y es que todo tiene que cambiar para que todo siga igual, como decía aquél. Bien pensado, quizás empieza a ser tiempo de pensar en volver al bigote...


jueves, 17 de septiembre de 2009

Avellà for Major

Al hilo del blog de Bernie sobre las primarias para las municipales en NYC del que hago mención en un comentario anterior (por cierto, la candidata para quien él hacía campaña ha ganado las primarias en el distrito 34 por un ajustado margen de 200 votos sobre un total de casi 9.000. ¡Enhorabuena, Bernie!), he estado echando un vistazo a las elecciones en aquella City.

Como sabéis, después de Giuliani, el multimillonario Michael Bloomberg es alcalde de NYC desde hace dos legislaturas, límite máximo de mandatos en cualquier administración americana. Sin embargo, como Chávez, Uribe, Putin y compañía están poniendo de moda lo de ampliar el número de mandatos por aquello de la vocación de servicio público, Mike ha decidido que NYC le sigue necesitando y ha conseguido una exención por parte del municipal council para poder presentarse por tercera vez a alcalde.

Así las cosas, y pese a que dejó el partido republicano en 2007, nadie del GOP (Great Old Party: los republicanos) ha querido postularse en unas primarias en contra del incumbente. Aunque la popularidad de Mike bate récords, los demócratas sí han presentado varios candidatos a sus primarias, dos de ellos relativamente serios: William Thompson - el comptroller o auditor de las cuentas de la ciudad, elegido por los ciudadanos - y Tony Avella, concejal por el distrito 19 en Queens.

Aunque Avella va muy por detrás de Thompson, ha sido su único adversario en su elección como candidato demócrata contra Bloomberg. Como casi todos los Avella de NYC (menos el que suscribe), es de origen italiano. Y pese a que el New York Times lo califica de populista, no me importaría tener a un primo lejano de alcalde de NYC.

viernes, 14 de agosto de 2009

Road trip diaries, 5 (Closing act)

Para finalizar las cronicas (sin acentos) del road trip por el Oeste americano, aqui va un documento inedito rodado enteramente el ultimo dia del viaje en la ciudad de San Francisco.

Despues de tres semanas sin afeitarnos, e inspirados por el ambiente liberal y transgresor de la ciudad, a la par que influidos por una historia de protesta y revolucion sesentera que se refleja todavia en la aperiencia fisica de los californianos, decidimos dejarnos un bigote de lo mas gay, ponernos flores en el pelo y cantar una cancion hortera.

El resultado es divertido, pero soy consciente que despues de esto, no podre aspirar a ningun cargo publico ni ordenarme sacerdote...

domingo, 19 de julio de 2009

Mercado de alquiler en Londres

Una cosa curiosa es que en el Reino Unido se habla del alquiler de la vivienda por semanas. Y dicen por ejemplo £500/week, mientras que el sueldo se negocia y paga mensualmente. Obviamente aquí hay un inteligente truco de mercadotecnia relacionado con el habitual redondeo de un mes a 4 semanas cuando en realidad casi siempre es más, y tendemos así a subestimar el coste real del alquiler frente al salario.

Esto contrasta con los usos americanos, donde el alquiler es mensual (e.g. $1332/month) y el wage se cobra generalmente quincenal o incluso semanalmente. Quizás tenga que ver con que el mercado que es realmente dinámico en los US es más bien el laboral, no el inmobiliario...

Y así podemos arriesgarnos a inducir pedantemente que la velocidad con que se liquidan las posiciones en un mercado (settlements) es proporcional a su dinamismo o liquidez (liquidity).

viernes, 8 de mayo de 2009

Finals

Parte de guerra
8 de Mayo de 2009 - 64 aniversario de la victoria en Europa

Últimos objetivos alcanzados:
1) Examen de Petroleum Markets and Trading, conquistado la semana pasada.
2) Energy Practicum: presentación y paper sobre las opciones estratégicas y integración de los sistemas gasistas del Cono Sur; done.
3) Ayer hasta las dos de la mañana terminando un trabajo para Electricity Markets sobre la reforma del sector en la provincia de Alberta, Canadá. Despachado.

Próximos objetivos militares:
4) Hoy antes de las 5 pm (17h en cristiano), entregamos el paper final de Macroeconomic and Financial Issues in the Global Context, que hemos decidido hacer sobre España - The current crisis in Spain and the wat forward - explicando por qué lo tenemos más crudo para salir de esta crisis.
5) Lunes a las 6 pm, examen de Public Management
6) Miércoles a las 6 pm, examen final de Public Finance

El final de la guerra es inminente, pero estas últimas batallas son cruciales para alcanzar todo los objetivos estratégicos con el menor número de bajas, minimizando el uso de recursos, y obtener una mejor posición geo-estratégica global y poder para afrontar la post-guerra y la construcción de la paz sobre unas bases ventajosas.
 
La resistencia es dura; pero la abundancia de suministros mantiene alta la moral de la tropa. El ambiente en los campamentos es distendido pero de concentración, una tensión serena se respira en el ambiente. Véanse unas imágenes en el campamento Lehman en la madrugada de ayer y otras del ambiente que reina por las mañanas:
Inteligencia espera que el miércoles próximo, alrededor de las 2000 ZULU, se pueda proclamar la victoria. Los equipos de propaganda están trabajando para ese momento y ya han propuesto una original versión para el parte de guerra de ese día:

"En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Docente, han alcanzado las tropas estudiantes sus últimos objetivos académicos.
El curso ha terminado.

El Licenciadísimo Avellà                
New York, 13 de Mayo de 2009          


viernes, 1 de mayo de 2009

Por un par de dólares

El billete de un dólar - one o single - se ha convertido en un símbolo mundial del poder estadounidense, de su imperialismo y dominación absoluta del panorama (económico) internacional. También de la prosperidad de este país y de sus gentes, cuya devoción calvinista por el dinero hace del sacrosanto billete verde la medida de todas las cosas: prueba de éxito personal, de inteligencia y de piedad. Sí, sí, eso de "antes pasará un camello por el ojo de una aguja... " no tiene aquí sentido ni gracia alguna: la fortuna personal es una recompensa divina por una esforzada vida dedicada a la producción y a la creación de riqueza, y los ricos lo son también por la gracia de Dios  y en ese sentido están más cerca de Él que los pobres.
Y es verdad que en nuestra sociedad occidental, en que el capitalismo es la única respuesta para el que no hace preguntas, encontramos un cierto placer entre ascético y erótico, con un ligero toque escatológico, en sacar un abultado fajo de billetes manoseados, malolientes, rotos, repegados con celo, rayados, pero iguales, la cara de un Washington medio apardalado, embutido en su peluca en el reverso y la típica referencia a Dios en el anverso.

Hoy he pagado el champú en la farmacia con nueve ones. Aquí los billeteros repletos de billetes parece que sufran de la misma obesidad endémica que los oriundos de estos lares. La famosa frase de Mae West podría rezar "¿llevas el cambio en el bolsillo o es que te alegras de verme?".
Naturalmente, este uso/abuso del one-dollar bill (en las máquinas de refrescos, en las fotocopiadoras, en cualquier compra por pequeña que sea y como típica propina en un bar por cada bebida), hace que los billetes se estropeen y tengan que ser remplazados muy a menudo (la vida media del one es de 21 meses). Y también que la cantidad de papel en circulación, por un valor nominal igual, sea mucho mayor que, por ejemplo, en Europa.

Tal es la reverencia por el billete verde de un dólar, ese símbolo nacional y orgullo patrio, que cuando en los años 90 los republicanos propusieron sustituir el billete por una moneda para reducir los enormes costes de la Fed (45% de la moneda en circulación son billetes de un dólar), hubo un clamor nacional para que no se tocara el símbolo de la idiosincrasia americana por excelencia.

Una gran estupidez en política-estética monetaria es que desde 1955, todos los singles tienen que llevar, por ley, la inscripción "in God we trust", en una ley auspiciada por el entonces presidente Eisenhower y como medida de la guerra fría para evitar la victoria final del imperialismo comunista. Al margen de las creencias personales, quién son los americanos para mentar a Dios en su moneda? Esto me recuerda a aquello de "Caudillo de España por la(una) gracia de Dios".

Otro billete curioso y mucho más raro que el one, es el billete de dos dólares. El primer contacto que tuve con este bill (y único hasta hace unos días) fue en una gasolinera de Jordania en navidades de 2007, en un viaje en taxi desde Elat (Israel) hasta Petra. Cuando después de comprar plátanos en la tienda de la gasolinera nos devolvieron el billetito, pensábamos que nos habían timado. Y no somos los únicos: en muchos lugares en US se rechaza el billete por desconocimiento. A pesar de ser una rareza, hay suficientes en circulación como para que el valor real del billete no supere el nominal
Sin embargo, en mi habitual romanticismo freak, la última vez que fui a sacar dinero al banco pedí que me dieran una parte del dinero en billetes de 2 dólares. La verdad es que he disfrutado usándolos y viendo las caras de quienes los recibían ¡Algunos incluso dan las gracias! Aquí tenéis una foto del último que me queda y que guardo celosamente.

jueves, 19 de marzo de 2009

Fallas 2009 en NYC

Hoy es San José, Sant Josep, el día final de las Fallas (english version here), la fiesta más característica de Valencia. Este día culmina con la cremà, la quema de las propias fallas (los monumentos representativos que se han preparado con cariño y millones durante todo el año).

Como no quiero ser menos en esta noche fallera, y en un ataque de patriotismo, he decidido que voy a celebrar yo también esta noche de San José.

Hace ya unos meses que le eché el ojo a una escultura del jardín de la catedral que tengo al lado de casa (la más grande del mundo según dicen algunos, bajo cuya cúpula cabe la Estatua de la Libertad, erguida y con el brazo extendido, más de 46 metros): St John the Divine.

La escultura en cuestión, y que me recuerda mucho a la estética fallera: recargada, hortera, socarrona, surrealista y gamberra es la siguiente:

Mi plan es comprar un par de galones de gasolina y esta noche a eso de las 12, junto con mi hermano Jaume, vestidos con un par de manteles o cortinas negros del todo a 1$, y armados con algunos petardos comprados en China Town, acercarnos al jardín y rociar la estatua con la gasofa. Después tirar los petardos, y mientras prendemos fuego al monumento, poner a toda pastilla en el iPod y los altavoces que tengo, una banda sonora de este estilo:


La buena noticia  es que hay un cuartel de bomberos justo al lado (NYFD, engine 58), y no habrá ningún problema. La mala es que al incluir los petardos, los SWAT llegarán antes que los bomberos y nos sacarán de allí a balazos... ya os contaré el desenlace!

sábado, 14 de febrero de 2009

De la inexistencia de persianas en NYC y del método Hepburn

Así es, estos salvajes no conocen las persianas. En NYC, como en el resto de Estados Unidos no hay persianas en las ventanas. Este fútil detalle, combinado con la desacertada posición de NYC con respecto a su uso horario, hace que incluso en invierno mi cuarto se inunde de luz por la mañana a una hora excesivamente temprana.

Me gustaría ser como esas personas que son capaces de dormir prácticamente de pie, con el sol dándoles directamente en la cara y mecidos por la suave música de un martillo neumático en la habitación de al lado (más o menos como mi hermano Jaume). Afortunadamente el ruido no me despierta. Pero la luz sí, y mucho. Esto último unido a lo anteriormente expuesto hace que por la mañanas me despierte antes de lo previsto, con multitud de efectos negativos: descanso insuficiente, mal humor, pérdida de autoridad del timbre de despertador...

Partidario de la teoría darwiniana de la evolución de la especies por oposición a la del diseño inteligente (aquí en Estados Unidos esto es tan arbitrario como ser del Real Madrid o del Barça), confié en acostumbrarme pronto a la luz. Y en efecto, el cuerpo humano, esta maravillosa máquina que nos ha dado Dios y que George W. Bush nos ha permitido conservar a algunos, se adapta a los cambios de medio y a los entornos más hostiles.

Sin embargo, como bien sabéis, estas navidades he tenido casi un mes de vacaciones y los he pasado en la Madre Patria, donde las persianas son el aderezo indispensable de cada fachada y el complemento perfecto de todos los dormitorios. Y si el organismo se adapta rápido a los entornos hostiles, se acostumbra aun con mayor celeridad al medio favorable. Con lo cual, desde enero, el Astro Rey me vuelve a despertar por las mañanas antes de hora, cuando ni siquiera están aun puestas las calles.

El contacto con los evangelistas de estos lares, las largas horas pasadas con Sara Palin y mi creciente interés por la Iglesia de la Cienciología, me han acercado más a las posturas del diseño inteligente. Así pues, en honor a éstas, decidí remediar este issue de manera inteligente cual dios metiendo mano a su diseño del sexto día.

Tras mucho devanarme los sesos, di con la solución por una muy feliz, a la par que inteligente, asociación de ideas: recordé aquella cosa tan divertida que me habían dado en el avión y que algunas veces he visto usar a mi madre y a Audrey Hepburn.

Y entonces vi la luz. Bueno, mejor dicho, DEJÉ DE VERLA.

Desde ahora, al igual que en las ventanas, me pongo cortinas encima de los ojos. Emulo a la Holly de Breakfast at Tiffany's (un indispensable y crudo cuento de Truman Capote y una no menos imprescindible, pero positiva película de Blake Edwards), y me pongo un antifaz con el primer rayo de luz por mi ventana, con la diferencia que el mío es cortesía de Air France.
Y luego dicen (digo) que los americanos no saben lo que es el glamour. Bueno, me voy a dormir:

martes, 27 de enero de 2009

Esquinas de NYC (I)

Con esta entrada queda inaugurada la serie Esquinas de Nueva York, adelantada tiempo ha (en 2008, por más señas). Y es que una de las cosas más curiosas y que más nos llaman la atención cuando salimos de casa es lo que encontramos en las esquinas (o chaflanes, dependiendo del estilo urbanístico-arquitectónico al uso).

No olvidemos que las esquinas son los bajos más preciados de cada manzana, puesto que por una regla lógica muy simple, por una esquina pasa el doble de gente que por el medio de una manzana. Por esta misma razón, los negocios que se instalan en estos lugares suelen ser aquellos que funcionan mejor económicamente, pudiéndose permitir un mayor gasto fijo en alquiler o adquisición del local (razón también del castizo y exclusivamente madrileño, a la par que pretencioso e inútil término "semiesquina").

Yo creo que son un indicio importantísimo de la estructura económica de un país y por eso me propongo hacer un análisis detallado del asunto (que tiemble Sala i Martin, con este trabajo le voy a disputar el Nobel de economía del año 2023).

De hecho elaboré esta rigurosa teoría cuando vivía en París. Mis grandes dotes de observador me permitieron advertir que en los lugares en los que en España hay oficinas de bancos o cajas de ahorros - úsease, prácticamente en todas las esquinas - en París había agencias inmobiliarias. Posteriores viajes me permitieron constatar que en Alemanía, lo que se encuentra uno en todas las esquinas son farmacias. Extraiga el lector sus propias conclusiones sobre el mercado inmobiliario parisino, el diferencial inflación-tipo español en los últimos años (tipo real) o la regulación del sector farmacéutico en cada uno de los países.

En cuanto a NYC, lo primero que detecta el turista (accidental o premeditado) en las esquinas es un tipo de establecimiento aparentemente poco relevante, pero en realidad muy esclarecedor de la idiosincrasia y modelo económico americanos. Se encuentra en muchas esquinas de todo tipo de barrio, desde el Financial District hasta Harlem, en una metáfora del Sueño Americano y de la absoluta igualdad de la que disfrutan los ciudadanos de este país, siempre que estén dispuestos a la pagarla.

Se trata, como ya habréis adivinado, de los centros de manicura, en ocasiones, no sin cierta vanidad, llamados Nail Spa.

Efestivamente, las americanas (también se ven tíos, eh?) adoran pasar alguna que otra hora por semana con la mano en remojo mirando la calle desde el escaparate del Nail Spa. Adicionalmente, les gusta llevar las uñas bonitas. Y en verano el mercado se duplica porque las uñas de los pies también se enseñan. Si además te dan un masaje mientras haces todo esto, mejor que mejor.

Como aun no me considero preparado para extraer conclusiones de este hecho, no voy a entrar en disquisiciones sobre la mayor tendencia a morderse las uñas de las americanas, ni lo importante que es el aspecto en la sociedad occidental, ni siquiera el gusto de las americanas al vestirse. Como tampoco juzgaré (todavía) el modelo económico basado en el consumismo ni el empleo barato, de poca calidad y absolutamente flexible de este país. Simplemente vayan unas instantáneas para apoyar mis observaciones, la primera en Broadway con la 96th y la segunda en el Greenwich Village un día de nieve.

lunes, 8 de diciembre de 2008

-7 °C y bajando

Es la 1h28 de la mañana, terminando un trabajo de Economics of Energy y estamos en NYC a -7 °C. Además con viento. Dice www.weather.com que feels like -15 °C.

Creo que esto es lo que comúnmente se denomina "un frío que pela".

Y también creo que yo no estoy hecho para el frío.

Postdata: Ya me he comprado orejeras (el finde pasado, con mi hermanito Jaume, en el Century 21, lo más parecido a un outlet que hay en Manhattan)

domingo, 23 de noviembre de 2008

Grados de libertad en la ducha

En física los grados de libertad de un cuerpo vienen a ser el número de traslaciones y rotaciones que le son posibles. Si el cuerpo flota en el espacio los tendrá todos (en tres dimensiones, hay 6 grados de libertad: tres traslaciones y tres rotaciones posibles - una por cada eje dimensional), si añadimos alguna restricción, vamos restándolos.

Pues una de las particularidades que más me molestan de los usos y costumbres estadounidenses (nótese que tras el comentario de Ariane, ya no uso la palabra americanos), es el número de grados de libertad que se permiten estos salvajes para darse una ducha

No, no es ninguna tontería, es algo bastante importante. Me explico: en nuestra madre patria (podríamos decir Europa, no?) incluso las duchas más normalitas tienen múltiples posibilidades:
#1. Se puede regular la cantidad (caudal) de agua
#2. Se puede decidir si sale por el grifo (generalmente para llenar la bañera) o por la ducha
#3. No sin cierta habilidad, se puede controlar la temperatura del agua
#4. Y finalmente, pero no así menos importante, se puede decidir el punto de aplicación, cogiendo el mango de la ducha (alcachofa) y acercando a la parte del cuerpo en el que se desea recibir el chorro de agua.

Sin embargo las duchas americanas son de esta guisa:
Adviértase en la imagen que sólo hay un mando y una alcachofa que sale de la pared, un poco más arriba. El mando solamente gradúa la temperatura, pero no el caudal de agua, que es constante (perdemos el grado de libertad #1), mientras que la alcachofa no permite aplicar el chorro donde se desee, eliminando el grado de libertad #4.
Esto puede parecer poco importante, pero es crucial. Esta es la escena matinal típica en mi ducha american-style:

Antes de quitarse las legañas, abre uno el grifo de agua caliente mientras se desviste rápido porque en el baño no hay radiador (sólo una conducción de agua caliente que sube y que calienta un poco cuando la caldera central está en marcha). Al ratito sale caliente. Se mete uno en la ducha, regula la temperatura y... ahora hay que darle al botón para que salga por la alcachofa.

La primera vez uno no cae en que la tubería que sube hasta la alcachofa está llena de agua de la última ducha, así que el primer chorro de agua está a temperatura ambiente (fresquita para más señas. Véase a la derecha arriba la temperatura ambiente de NYC estos días). Esto pasa unas pocas veces, pero el ser humano termina aprendiendo de sus errores. Total, que el ser humano acaba contra la pared de la ducha cual Spiderman, subido al borde de la bañera con un pie, sujetándose de la barra de la cortina para mantener el equilibrio, mientras con el otro pie le da el botón para que salga por la alcachofa.
Después de unas cuantas veces se encuentra una posición y un lugar en la bañera para que los primeros litros de agua no le toquen a uno al hacer el switch. Magnífico ejercicio matinal éste, para mantener la flexibilidad y espabilar al sujeto, a la par que estimula la creatividad de este productivo pueblo que es el estadounidense.

Una vez enjabonado y bien frotado por todas partes, como le enseñan a uno de pequeño en la madre patria, hay que quitarse la espuma. Pero recuerden que por la falta del grado de libertad #4, ahora el chorro de agua no puede aplicarse en la zona que uno desea, sino que cae con un ángulo constante desde un punto fijo situado a una altura algo superior a la propia estatura. No hay que hacer grandes esfuerzos para comprender que, en una posición normal, el agua no llega a todas las partes de cuerpo susceptibles de estar cubiertas de jabón. Así pues, hay que encontrar las posturas para que el agua pueda aclarar todo el jabón del cuerpo antes de salir de la ducha (y no, hacer el pino-puente no es una opción). Al principio se usan los bordes de la bañera, la barra de la cortina, las jaboneras, etc... Como dijo Arquímedes, "dame un punto de apoyo y me daré una ducha".

Pero con el tiempo se aprende a exponer toda la superficie del cuerpo al agua (recordemos que cae en oblicuo, desde una posición fija y con un ángulo y presión constantes) sin tener que recurrir a acrobacias aéreas. Todo desde la superficie, con casi siempre ambos pies en el suelo (por ejemplo, cómo se quita uno el jabón de los pies?). Para esto se adquieren habilidades de contorsionista y una visión espacial superior a la media.

Y todas las mañanas la misma historia. Realmente yo creo que en estos pequeños detalles está la diferencia entre una cultura superior (i.e. los USA) y otra de "implementadores", followers, como la nuestra. Me da la impresión de que estos detalles, la imaginación que los estadounidenses tienen que estar ejercitando desde antes de quitarse la legaña, el trabajo duro y el afán de superación al que están expuestos desde que suena el despertador, es lo que lo que ha hecho de este país la primera potencia económica mundial y la nación con más premios Nobel del mundo.

jueves, 9 de octubre de 2008

Econometría & Procrastination

Esta mañana primer examen de la temporada: Econometría. Bastante bien, pero as usual, todo a última hora, deprisa y corriendo. Los americanos, que en algunas cosas están avanzados de verdad, usan muy comúnmente un término latino para esto: Procrastination. ¡Caramba, nunca sé dónde van las erres en esta palabra!

Y resulta que en castellano también se puede usar. O eso dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua:

procrastinar.
  (Del lat. procrastinare).
    1. tr. Diferir, aplazar.

Sacrificando cierto rigor, en la wikipedia podemos encontrar una explicación algo más extensa. Echando un vistazo a los primeros párrafos, concluyo que soy un procrastinador crónico.

Inmediatamente me asusto, preguntándome si padezco algunos de los trastornos que ahí se refieren, como miedo al fracaso, perfeccionismo extremo, adicción a la computadora, o un tardío síndrome del estudiante.

Tras constatar que los padezco todos, recupero la calma y sigo leyendo para saber si existe algún tratamiento o sustancia, ya sea legal o ilegal, que lo cure o al menos atenúe sus síntomas.

Pues resulta que para esta enfermedad, el gilipollas éste de la wikipedia dice que la única medicina posible es aplicarse el cuento de la abuela: "No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy". O en su menos inteligible equivalente anglosajón: "Procrastination is the thief of time".

Al menos ahora me muevo en terreno conocido, y puedo aplicar mi terapia de choque habitual, que más o menos versa así: "¿Para qué hacerlo hoy si todavía lo puedes hacer mañana?". Con su corolario inevitable: "Si esperas lo suficiente, lo terminará haciendo otro".

¿O es que os creíais que lo de que tengo alma de funcionario era una broma? Pues no.

Sin embargo, este país debe de estar provocando algún cambio en mí: ya sabéis que he empezado a perder ese cuerpo de funcionario que había estado cultivando en los últimos... ¿8 años?

Y por si fuera poco, desde hace un mes vengo sufriendo otro síntoma extraño y perturbador: por primera vez en mi vida, en lugar de esperar a que se termine (literalmente) toda la vajilla, ¡¡friego los platos justo después de usarlos!! Esto lo tengo que analizar más profundamente, porque coincide con el momento en que empecé a compartir piso aquí en NYC.

Seguiremos informando, o no. (Claro ejemplo de procrastinación)

*Nota: hablando de vecinos célebres, acaban de contarme que un señor que trabaja en Columbia, en el edificio de enfrente del mío, ha ganado el premio Nobel de química.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Mutaciones II: reducción de perímetro abdominal

Siguiendo con las extrañas mutaciones que se pueden sufrir al llegar a esta ciudad, y a parte de la ya mencionada relacionada con los apéndices auditivos, la siguiente que pude notar es una pérdida de peso.

De forma suave pero constante, mi estancia en la IHouse, el cambio de aires y sobre todo las costumbres dietéticas locales, han ido reduciendo mi peso y mi perímetro abdominal hasta una situación parecida a mi época de estudiante... ¿será verdad que eso de currar y cobrar un sueldo relaja? ¿O es mi alma de funcionario, potenciada por los horarios fijos del asalariado, que provoca un efecto psicosomático en mi cuerpo?

Todo esto quedó claro en mi visita veraniega a la oficina, cuando pasé por el servicio médico, y el retén (Marta) confirmó mis sospechas y me dijo que no debería perder más peso. Supongo que este consejo forma parte del plan de choque nacional para la prevención de la anorexia en el que Gas Natural participa activamente. Curiosamente fue el propio servicio médico de Gas Natural el que hace menos de un año acuñó el término "sobrepeso" en mi informe anual, debido, por supuesto, a un desafortunado error de cálculo.

Para controlar esta mutación he estado pensando en invertir en una báscula y pesarme regularmente (y eso que hace como dos años que no me peso, esencialmente porque no me interesa demasiado), e incluso poner en cada entrada del blog mi peso, como mecanismo de control. Pero finalmente decidí que entonces esta página se parecería demasiado al diario de Bridget Jones.

Y hablando de medidas corporales, tema éste que me apasiona, ahora voy a tener que añadir a mi repertorio de comparaciones curiosas pero inútiles (en el que mi preferida es aquella de que mi (gran) cabeza mide lo que la cintura de Claudia Schiffer en sus mejores tiempos, es decir, una talla 60) una nueva: que mi cintura ahora es como Aditya Dev, "80 cm. de puro músculo"...

El caso es que esto de cambiar las medidas puede ser incómodo: se me caen los pantalones (bueno, tampoco está mal, ahora está muy de moda ir enseñando los calzoncillos por ahí), los cinturones ya no tienen suficientes agujeros, el paisaje que veo cuando me ducho es distinto (aunque hay cosas que mejor no ver...). A estas alturas sólo veo dos opciones:
  1. Empezar a acostumbrarme, comprarme más pantalones en los outlets de New Jersey y hacer más agujeros en los cinturones, o bien
  2. Aficionarme a la mantequilla de cacahuete y a beber un par de litros de coca-cola al día y comer cuatro veces a la semana en McDonald's
¿Alguna idea?
Tranquilos, en cuanto tenga la solución, la comunicaré...