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domingo, 13 de diciembre de 2009

14 cajas y muchas puertas

Hoy hace exactamente cinco meses y medio que llegué a Londres, y prácticamente cinco meses que entré a vivir en el flat del 16 de Lloyd Square. Eso ya empieza a ser tiempo.

Y sin embargo, por diferentes motivos, me siento todavía un extraño aquí en Londres: pocos, muy pocos fines de semana pasados aquí, prácticamente nada de turismo en la ciudad, cierta dificultad en construir una red de amigos, la trampa de una casa casi totalmente amueblada, horas de trabajo excesivamente largas y algunas otras razones identificadas o sin identificar.

Pero el miércoles pasado se dio un paso importante para solventar esta situación: me llegó el envío de mis cosas desde mi piso de Madrid. Ya tengo música, pelis, libros, y los soportes para disfrutar de ellos. Incluso algunos cuadros y un sillón al que le tengo cierto cariño (esto suena muy abuelo, lo sé).

Un pequeño bienestar material y un considerable confort afectivo para hacer de Londres un poco más mi casa. 14 bultos que han viajado en camión desde Madrid hasta Londres cruzando el que otrora fuera mi país (aun me suena raro usar pronombres posesivos con este tipo de conceptos intangibles, sobretodo porque después de tanto tumbo no me siento propietario de nada a parte de algunas de las cosas que hay en estas 14 cajas. ¿Será este un sentimiento nómada?).


Ciertamente nunca ha sido tan fácil: estamos en un mundo globalizado, donde los muebles en tu casa son los mismos en cualquier rincón del planeta (mismos modelos de IKEA: quién no ha montado al menos una vez una estantería Billy?); donde encontramos nuestros periódicos predilectos en versión papel casi sin retraso; donde la música que escuchamos en el metro o corriendo nos cabe dentro del puño de la mano y ha viajado por todos los continentes (mi iPod tiene ya cuatro años y ha conocido los sistemas de transporte de cuatro capitales); donde las marcas de ropa que frecuentamos son las mismas pese a que su enorme diferencia de precios de un lugar a otro cambia su percepción social; donde gracias a (o por culpa de) Telefónica y sus planes de llamadas internacionales podemos hablar con familia y amigos todos los días; donde Easyjet nos puede dejar en casa por menos de 100 €.

Pero justamente por esto estamos más lejos que nunca. Más lejos que nunca de nosotros mismos y de nuestro entorno real. La integración con el entorno no solo ya no es necesaria sino también imposible, o cuando menos improbable.

Cuanto más cerca, más lejos. Cuanto más nómadas, más dependientes. Sí. No necesitar muebles diferentes, o tele, o libros, o ropa distinta, porque podemos tener la de siempre, es precisamente una forma de necesidad. La necesidad de no enfrentarse a lo nuevo, la de dejar todas las puertas abiertas. Viajar todos los fines de semana, trabajar muchas horas y hablar o chatear con los seres queridos todos los días no solamente puede llegar a devaluar esas relaciones constriñéndolas a un marco irreal, sino que también puede impedir el desarrollo del nuevo yo en el recién estrenado ecosistema.

Aunque a veces nos parece lo más lógico, lo más seguro, ir abriendo puertas constantemente sin cerrar o entornar otras, es un ejercicio agotador y peligroso. Las corrientes de aire que se crean son complicadas e impredecibles, y para evitar portazos que puedan dañar las propias puertas e incluso las paredes, hay que sujetar las puertas. Pero hacer malabarismos para mantener todas esas puertas abiertas de par en par, no solo dificulta la apertura de nuevas puertas sino que presenta el riesgo de pillarse bien los dedos...

viernes, 30 de octubre de 2009

El cosquilleo de las primeras veces

Ayer, sentado, pensaba que cuando hay un cambio grande en la vida - o más bien en el modo de vida o el entorno -, como por ejemplo mudar de casa o de país, tengo una clara tendencia a dar importancia a ciertos detalles, generalmente nimios y relativos a la rutina diaria.

Me pasó cuando me mudé a NYC hace algo más de un año y me está pasando en mi nueva vida londinense: en una especie de fetichismo extraño, recuerdo la primera vez que hago cada cosa en la casa, en el trabajo, que ejecuto una acción, por natural que sea.

Por ejemplo, siempre soy consciente la primera vez que pongo una lavadora, que voy al supermercado, que uso una cazuela o el horno, que cambio las sábanas o lavo las toallas, o que friego los platos (esto último aun no lo he hecho, porque me sale sarpullido). Lo mismo ocurre en el trabajo: mi primer boli, el primer documento que leo, la primera hoja de paga, la primera reunión, o el primer cuaderno de notas que termino...

Es algo que ciertamente escapa a mi control. Al notar, advertir, experimentar una sensación conocida en un sitio distinto, se siente un cierto placer, ese cosquilleo divertido y fetichista de lo nuevo. Son pequeños destellos que nos (me) hacen apreciar estos cambios e imagino pueden ser adictivos. De aquí que haya gente que no se puede estar tranquila en casa, cambian de trabajo, de domicilio, etc... con cierta regularidad: se convierte en una necesidad. Quizás psicológicamente se pueda relacionar esto con el síndrome de Peter Pan, con el miedo a la responsabilidad o cualquier macabro referente sexual Freudiano.

Pero no se puede estar haciendo cosas nuevas a cada momento. Estos destellos tan frecuentes al principio, se van espaciando en el tiempo a medida que pasan los días, semanas o meses. Por mucho que tardemos en cambiar las sábanas la primera vez, una vez se ha hecho, los posteriores cambios de sábanas no producen la misma sensación.

A los casi cuatro meses de estar en Londres, quedan ya pocos pequeños gestos sin hacer, rutinas por ejecutar, y se entra en una fase en la que uno se acomoda, empieza realmente a sentirse en casa, en terreno conocido y seguro. Sin embargo aun hay destellos de novedad, una pequeña nota mental al experimentar de nuevo esa sensación y que le recuerdan a uno que todavía está aprendiendo, que aun hay mucho por descubrir y que apenas acaba de empezar a vivir la nueva ciudad...

Eso justamente es lo que me pasó ayer en el trabajo. Estaba yo sentado, en el baño de la oficina, perpetrando mi primer cagote en mi nuevo ambiente laboral. Por primera vez plantando un pino en un ambiente nuevo y distinto, poniendo un huevo, haciendo muñequitos, uséase: cagando. Lo que viene a ser (expresado más decorosamente) defecar, deponer, hacer aguas mayores, obrar, hacer caca, de vientre o popó. Sin ánimo de ahondar más en lo escatológico de esta entrada, consúltese aquí para una información más detallada sobre el particular.

Y me sentí vivo. Me sentí muy vivo realizando algo tan mundano, natural y rutinario en un ambiente nuevo, distinto; saboreando lo desconocido con esa mezcla de incertidumbre, curiosidad y expectación, pero con la confianza de un proceso muy familiar, en el que pocas cosas pueden fallar; me sentí lleno de esperanza, optimista, con fe en esta ciudad y todas las cosas que voy a hacer, los sitios que descubrir, gente por conocer, sensaciones distintas, costumbres diferentes..., pero los mismos mecanismos y gestos familiares. Y por supuesto me sentí con ganas de disfrutar a tope de todo esto. Ahora apliquémoslo.

jueves, 13 de agosto de 2009

Incomunicado

Siento el silencio radio, pero sigo sin acceso a internet:
- En casa los plastas de British Telecom no han dado de alta aun la linea, y despues habra que contratar la banda ancha, con lo cual aun un par de semanas.
- En el trabajo, casi todas las paginas not for business estan prohibidas.
- Quizas deba escribir mas desde la BlackBerry, crear una seccion como la de The Economist con Obama. Algo asi como disquisiciones con mi BlackBerry...

Ahora mismo acabo de salir de un curso de certificacion de la Financial Services Authority, y estou aprovechando el internet de uso publico que tienen en el vestibulo. Tristeza por lo ridiculo de la situacion y lo mas ridiculo todavia del sindrome de abstinencia que sufro.

Anyway, esperemos volver pronto a la civilizacion y seguir alimentando el blog.

Mientrastanto, la semana que viene viajo a NYC para saldar una deuda pendiente: despedirme de la ciudad como es debido.

Tambien aprovechare la ocasion para ver a mucha gente que aprecio. Con el turnover que hay en NYC sera complicado volver a ver a muchos de ellos al mismo tiempo en un solo sitio. Aunque sea la Gran Manzana.

miércoles, 22 de julio de 2009

London flat searching

La experiencia de buscar casa en Londres - flat searching - es muy distinta del Apartment Hunting de NYC.

Quizás sea el hecho de tener un pasaporte que es reconocido (Unión Europea) frente a uno que es desconocido ("Spain? That's next to Bolivia, isn't it?"); o más bien el hecho de tener una nómina que presentar, frente a un montón de liabilities con la Universidad de Columbia; o también el cambio de contexto en el sector inmobiliario en el último año y la crisis de demanda en general.

El caso es que en Londres uno puede permitirse el lujo de visitar pisos a través de agencias, que se encargan de la búsqueda del piso, la confirmación de referencias, la redacción del contrato y la gestión del alquiler. Es un mercado muy dinámico y con mucha competencia, lo cual hace que todo lo anterior le salga al inquilino por la módica suma de unas £200 (unos 250 €) - recordemos que en NYC los Real Estate agents se llevan alrededor del 15% del alquiler anual, algo más cercano a los 2.000 €... Esto me recuerda aquel concepto que nos enseñaron en 8° de EGB y que tardé muchos años en comprender: la plusvalía (qué tiempos aquellos en que uno salía de primaria y ya había oído a Marx).

Y esto facilita mucho la tarea. Se pueden organizar las visitas con mayor precisión, alguien te acompaña en la visita del piso, las páginas web suelen contener mucha más información, mejores fotos e incluso planos (por ejemplo) que lo que se encuentra a través del método habitual en NYC: Craig's List.

Así pues, con la inestimable ayuda de mi flamante flatmate Arnaud (compañero de EDF, que vivió en NYC el año anterior al mío, y se vino a Londres hace un año a darle el empujón final a Lehman Brothers para que Golman Sachs rompa récords) conseguimos visitar el día 30 de junio 11 apartamentos amueblados (lo usual por estos lares) debidamente preseleccionados. Probablemente mi récord. Al día siguiente empezaba yo a trabajar. Afortunadamente vimos dos que nos gustaban mucho en la zona de Angel. Intentamos negociar el precio a la baja, y quien cedió más se llevó el gato al agua: el piso de 16 Lloyd Square (me voy a permitir poner al día mis contactos en la columna de la derecha).

Después de tomar la decisión, vinieron las formalidades tales como un contrato con más de 53 cláusulas para los inquilinos (en plan, no fumarás, no tendrás animales de compañía - borrosa definición - no colgarás cuadros, ventilarás la casa, limpiarás para que no se acumule la mierda, el contrato no se romperá salvo defunción de uno de los inquilinos, etc...); comprobación de las referencias (llamaron a los de recursos humanos de mi empresa preguntando por estatus y mi sueldo); domiciliación del cobro del alquiler, pago por adelantado a la agencia, y a los que harán el inventario a la salida del piso en el futuro, etc...

Así que dos semanas exactas después de mi llegada a Londres, entré en mi nueva casita. Esta vez no ha sido nada tan traumático como la larga búsqueda en NYC con mi estancia en la International House y mi apartment hunting...

domingo, 12 de julio de 2009

La canción del pirata: Brasileño en Londres

Moverse tanto y estar en contacto con tanta gente distinta es interesante también por ver las percepciones de los demás en función de su contexto cultural y social. Y aun más cuando se refieren a uno mismo.


Estos y más versos de La del pirata cojo (Joaquín Sabina, Física y Química, 1992, uno de sus mejores discos) - cantada en el link a dúo por Serrat y Sabina, mayores, cascados pero serenos - enumeran personajes y sitios. Yo podría escribir la mía así:

Libanés en París
Catalán en Madrid
Iraní en New Yoooooork.

En París me confundieron con un Libanés varias veces por el físico, el acento y el contexto. Recuerdo la primera vez: fue en el Bon Marché, grandes almacenes parisinos pijos e históricos, cuya traducción directa es "el barato", a los que, pardillo de mí, atraído por el nombre, fui a comprarme sábanas para pasar mi primera noche en París tras conseguir las llaves de mi buhardilla en el 43 del Boulevard Garibaldi. Parece ser que los libaneses que viven en París, son los educados en Francés en su país, generalmente gente pudiente, y clientes habituales del Bon Marché.

Presentarse como Manel en Madrid provoca dos reacciones mayoritarias: la primera es extrañeza por esa "u" que le falta al castizo Manuel y que generalmente se atribuye a un error o, mejor, una excentricidad en plan Mané. La otra posibilidad, para los más leídos y capaces de reconocer que se trata de un nombre propio en catalán, pero generalmente inconscientes del alcance que esa lengua en el territorio español, dan por sentado que soy Catalán.

En cambio, en NYC los peluqueros uzbekos que me solían cortar el pelo por $12 más tres de propina, se empeñaban en que soy Iraní. Porque hay muchos, porque siendo estudiante esperaba a tener mis rizos bastante largos antes de cortarme el pelo y me afeitaba de uvas a peras, y no sé por qué más.

Y claro, ciudad nueva, vida nueva. Aquí en Londres parece que voy a ser Brasileño. Es cierto que en Londres hay mucho brasileño (¿os acordáis de éste?), pero caramba, es que ayer sábado ya me lo dijeron tres veces: Una dependienta brasileña en el dry cleaning, un taxista nigeriano, e incluso unas turistas americanas en una pizzeria en King's Cross.

Así que supongo que el siguiente verso de mi canción del pirata es:

[...] Brasileño en Londres.

viernes, 19 de junio de 2009

¿Se acabó lo que se daba? Is New York over?

Escribo esto desde el aeropuerto de Düsseldorf, en la escala de mi vuelo de vuelta a España. El curso se ha acabado, he dejado mi habitación en el apartamento 23 del 412 West 110th Street, en el Upper West Side y me he despedido rápido y mal de Columbia, de NYC y de algunos de los amigos y conocidos que dejo por allí.

Los últimos días han sido una locura, con el Road Trip de casi tres semanas, y un breve paso por NYC de a penas dos días. Para colmo, en este verano neoyorquino que no termina de llegar, ayer salió un día gris y lluvioso en NYC, que refleja en cierta manera cómo me siento.

Dicen que las mejores despedidas son las cortas, no da tiempo a ponerse triste y se ahorra uno las lágrimas delante de los demás, aplazándolas para el más seguro anonimato de una sala de aeropuerto o la protectora penumbra de una butaca de avión en la semioscuridad con la que pretenden engañarnos para contrarrestar el jet-lag.

Sin embargo, me da la impresión de que esta despedida ha sido demasiado corta. No he podido decir adiós a la ciudad como se merece, con cierta intimidad y suficiente tiempo. Tampoco me he despedido como debería de mucha gente que quiero, y he tenido que organizar un evento multitudinario. Y de otros me he despedido sólo por correo o sms. Maldita tecnología.

A pesar de la agridulce sensación de dejarme muchas cosas por hacer, ha sido un año estupendo desde todos los puntos de vista. Y aunque me queda mucho por descubrir, NYC ya es otra de mis ciudades, otro de mis sitios familiares, como París, algunas zonas de Madrid o Valencia.

Dejo atrás amigos y ganas de seguir descubriendo la ciudad. También el país que tanto me divierte criticar, maravilla de la naturaleza aun por destrozar (en eso Europa aventaja a los Estados Unidos), tan lleno de contrastes y con su infantil ingenuidad. Por eso tendré que volver. De visita o para temporadas más largas. Este partido ha terminado en empate y habrá que jugar una prórroga.

No obstante, aun tengo muchas cosas que decir de esta experiencia y de ese país, así que me voy a permitir seguir dándoos la tabarra con este blog. Y porque en Manel & The City, además de mi propio nombre propio (Manel), hay uno genérico (The City) al que le hemos venido dando la acepción de NYC desde el 13 de julio de 2008 y hasta el día de ayer, 18 de junio de 2009. Pero que llegado el caso, muy bien puede referir a otra ciudad en otro lugar. Ahora se trata de ver cuál.

Gracias a todos por leerme y especialmente a los que os atrevéis a hacer algún comentario. Seguiremos informando.

domingo, 18 de enero de 2009

Cuando hace mucho frío... no hay agua fría!

Houston, tenemos un problema: no hay agua fría en la cocina. Desde hace tres días, sólo funciona el agua caliente.

Bueno, con el frío que hace, casi es mejor eso que lo contrario, ¿no? Aunque te quemes un poco al fregar los cacharros. Pero es extraño, porque en el resto de la casa sí hay agua fría.

Después de algunas comprobaciones y no entender lo que pasa, la relectura de mi post de esta mañana, me ha dado la clave: la pila de la cocina está en la pared que da al exterior, y las tuberías (conducciones) pasan por dentro de ella.

La solución es que la tubería de agua fría se ha congelado, mientras que la del agua caliente, precisamente por eso, por contener agua caliente, resiste ahora y siempre al invasor. Así entiendo por qué cuando hace tanto frío sólo se tiene agua caliente. Y pasa hasta en las mejores familias.

No te acostarás sin saber una cosa más.  

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Mi nueva herramienta de trabajo.

Entre la clase de Econometría y la de Contabilidad y Finanzas, vacuna contra el Sarampión, Rubeola y Paperas en el servicio médico y me siento un rato en las escaleras de la Low Library, en el centro del Campus de Columbia. Con un ejemplar del New York Times, disponible para los estudiantes y con mi nuevo ordenata: Un MacBook Air.

La última pijada. Beneficiándome del todavía interesante cambio y de los precios de aquí. Aun así, me parece que debería dejar de comportarme como un millonario y empezar a actuar como lo que soy: un estudiante sin ingresos. Pero bueno, mientras tanto, que me quiten lo bailao (el juguetito ni tocarlo!).

Y como hay conexión inalámbrica por todo el campus, ahí va este post en directo, con foto incluida (el trasto tiene webcam y me la acabo de hacer). En cuanto me entere de los últimos acontecimientos de la campaña presidencial, a estudiar un ratito, que no se diga.

Pero bueno, esto es un gol en toda regla, no? Al menos mientras la tarjeta de crédito aguante.
Me adelanto en el marcador:

New York 2 - Manel 3

martes, 2 de septiembre de 2008

Columbia: La rentrée

El campus es un bullicio, un ajetreado ir y venir de imberbes undergrads recién llegados a la ciudad desde los rincones más lejanos (léase Nueva Jersey, Philadelphia e incluso de lugares de los que sería incómodo venir en coche).

Los papás se pelean por los carritos de los dorms (dormitorios de estudiantes) para llevarlos al Columbia Hardware y comprar a sus hijos todo el material que van a necesitar: una pequeña nevera, microondas, mesita de noche, perchas, mugs, platos, sábanas... y por supuesto la consabida sudadera en la que pone Columbia. Se instalan rampas en todas las escaleras del campus para que los carritos puedan alcanzar tiendas y habitaciones en cualquier lugar y nivel.

Camiones de mudanza descargando rodean el campues en lenta pero ruidosa procesión, como en una estratégica maniobra envolvente. Desde Riverside Drive hasta Amsterdam Avenue y en todas las callejuelas desde la 110th hasta la 120th. Los dominios del President Bollinger de Columbia bajo asedio (Y yo me pregunto ¿dónde queda el tan escueto, sobrio y castizo Excelentísimo y Magnífico Rector que nos gastamos en las Españas?).

Los comedores ya presentan colas, las todavía verdes pelouses de Columbia están repletas de gente jugando a las cartas, al disco, al volley, al fútbol (aquí lo llaman soccer y es un deporte de chicas) o simplemente tomando el sol. Los menos aprovechan el tiempo y el sol leyéndose los interminables folletos para elegir las asignaturas optativas y haciendo cálculos (con caculadora) del número de créditos.

Se instalan mesas para captar a los freshmen en las diversas asociaciones y hermanades. Las hay de todos los gustos y colores, desde la típica hermandad con letras griegas para hacer el gamberro los cuatro años que dura el College, hasta las religiosas como los Korean Christian Students, pasando por los Support the United Nations. Ni qué decir tiene que hay una Iberia @ Columbia (de la que ya formo parte. Creo). Aquí tenéis una lista, por si os pica la curiosidad.

La efervescencia del campus es contagiosa. Y más con el tiempazo que nos está haciendo. Tanto ir y venir, tanta gente, risas, gafas de sol, pantalones cortos, paseos arriba y abajo, gente más perdida que un pulpo en un garaje (o, acuñando una nueva expresión, que recién llegado en el campus de Columbia). Y se mezcla con la emoción del inicio de las clases mañana por la mañana.

Tanto que incluso tengo ganas de que empiece el curso, de conocer a gente nueva, de descubrir, entender, aceptar e intentar digerir una nueva rutina, de aprender cosas interesantes (esto está por ver), de que me despierte el despertador de nuevo, de recibir (y en algunos casos estrenar) los libros de las nuevas asignaturas, incluso de las elecciones a delegado de clase...

Ante tanta emoción, no he podido contenerme y me comprado 15 perchas para mi armario. Los excesos terminan pagándose...

sábado, 30 de agosto de 2008

La vuelta al cole...

Despues de unos dias en Espanya de summer break (o sea, de breves vacaciones de verano), en donde he pasado por Madrid a saludar amiguetes y ex-colegas de Gas Natural, unos dias en la playita en Javea con amigos y family (descubriendo nuevos sitios y revisitando alguos clasicos, como la cala d'Ambolo, la preferida de Ruben), y otros dias en Valencia haciendo algunos papeles que me deje sin hacer en julio, ya estoy de vuelta en NYC y a punto de empezar el Fall term. Esto ya va en serio.

Lo primero es que ya estoy en mi casita. Por fin verdadermente instalado (bueno, a falta de alguna excusion a IKEA, pero sin mas mudanzas a la vista). Mi morada durante los proximos 12 meses es esta:

Manel Avella Fluvia
412 West 110th Street, Apartment 23
New York - NY 10025
Y mi numero definitivo de telefono es el +1 917-513-4510
(Se aceptan regalos, cartas, postales y todo tipo de donativos)

El vuelo muy tranquilo, aunque cansado: Valencia - JFK via Munich con Lufthansa. El primer salto operado por Spanair y a bordo de un McDonell-Douglas, probablemente durante los proximos meses la companyia y el aparato mas seguros del mundo.

Esta vez ademas, he sufrido algo el jet-lag: me he despertado a las 4h30, perdon 4:30 am. Eso si, para luego seguir durmiendo. De todas formas supongo que casa, cama y flatmates nuevos tambien tienen algo que ver.

Tampoco va a ser tan duro, tengo un fin de semana de tres dias para sacudirme la depre post-vacacional (que creo este anyo es un poco mas fuerte de lo habitual, por tener menos vacas, por irme mas lejos y por la pereza/miedo que todos se empenyan en meterme hablandome de la carga de trabajo que me espera). Ademas, justo este fin de semana esta Alfonso de vista en NYC (antiguo companyero de exilio en Paris y reciente estudiante en Harvard, que obviamente recibio mi indispensable visita en su dia), y quien junto con otros amiguetes, actividades sociales programadas y el empezar a aduenyarme de mi casa, haran que para el inicio de la clases ya no quede ni rastro del syndrome du vacancier.

Y el martes, dia 2 de septiembre, empezare las clases. Por que? Porque contrariamente al resto del mundo, el primer lunes de septiembre en Estados Unidos es fiesta del trabajo: Labor Day. Curioso que en el resto del mundo el Dia Internacional de los Trabajadores sea el Primero de Mayo.
Precisamente se celebra ese dia en casi todo el mundo en conmemoracion del asesinato de unos huelguistas en Chicago en 1886 y la posterior ejecucion (al parecer injusta) de otros, que exigian la jornada de 8 horas diarias. Pero por temor a que la fiesta recordase demasiado aquellos hechos y soliviantase los animos, la administracion americana decidio celebrar el dia del trabajo en el primer lunes de septiembre.
Como sabemos, la wikipedia no es garantia de nada y menos en terminos absolutos. Sin embargo las diferencias que se observan sobre el particular entre las versiones castellana y americana son bastante curiosas... (en esta no hay referencia directa a las muertes. Pero en la version inglesa, ni siquiera se habla de los incidentes de Chicago).

Bueno, pues con este post declaro inaugurado el anyo academico. Enhorabuena a todos los premiados.

viernes, 15 de agosto de 2008

Llegamos al descanso con empate...

Sí, acabo de terminar mi último examen de esta summer session. ¡Qué ganas! Los exámenes han ido bastante bien y ahora puedo descansar del rollo académico durante un par de semanas!!

La verdad es que los últimos días han sido bastante intensos, por varias razones:

Primero los exámenes y todo el trabajo asociado durante esta semana. Terminado, y probablemente de manera positiva. Veremos qué notas salen con este sistema de puntuación tan raro que tienen los americanos (estos tíos ponen letras en vez de números!!)...

Después, he seguido activamente con la búsqueda de piso (más bien habitación) que al final, cómo ya imaginabais todos, queridos lectores, ha dado frutos. Sí, estos es como las pelis, te angustias toda la peli, pero sabes que al final el bueno se salva siempre (ejem, o casi).

Algo in extremis (ayer), pero ya he firmado. Afortunadamente, porque ya estaba empezando a pensar que al volver de España no tendría mi sitio para caerme muerto (tengo muchos sitios donde caerme muerto, pero hasta ahora ninguno era el mío). Es un sublet de una habitación en un apartamento compartido con gente joven. Muy cerquita de Columbia, a 10 minutos a pie de la escuela, en la 110th con Columbus Ave.
La cuarta roommate (la que se va y me subalquila su habitación) es una estudiante de moda americana que lo deja todo y se va a Colombia a vivir. Al parecer pasó el mes de julio allá y encontró al amor de su vida, un danés expatriado. De película. Los demás compañeros de piso son una americana de Abu Dhabi (sí, los americanos, como los vascos, son de donde les da la gana), que para más señas es musulmana y graduate student en Columbia. Otro, un Guatemalteco doctorando en Química, también de Columbia y que sale con una Brasileña que está estudiando Aquitectura en Barcelona, y pasa el verano en NYC. El último es un americano por lo visto muy divertido, un poco chalado, en paro, y que aun no he tenido el gusto de conocer porque se pasa todo el día en casa de su novia. Espero que no corte con ella a lo largo de este año. Lo único que he podido ver de él es el desastre que tiene en su habitación.
Esto es globalización y lo demás son tonterías!

Y además, esta semana punta de vacaciones en España ha traido a algunos amigos de visita a NYC, a los que he tenido que atender. Bueno, miento, más bien son ellos los que me han atendido a mí. Primero Elena (de formación en la cantera de borreguitos de GE: Crottonville, upstate New York, creo), que me sacó de paseo por St Mark´s Place, en el East Village. Luego ha venido Arnaud, ex-compi de EDF, ex-neoyorquino y gran amigo (también de formación, como todos los recién llegados a Lehman Brothers de Londres). Qué curioso que entre sus amiguetes, en un club del East Village, Le Souk, he reconocido a algún conocido: Caroline Luengo, del cursito de OMEL y de Télécom Paris. Si es que the wold is a handkerchief full of mucus, como diría el poeta. Y por último, el miércoles, en honor al 50 cumpleaños de Valerià, me despaché a gusto en el Rink Bar del Rockefeller Center, con él, Marisé, y Xavier (al parecer asiduos lectores de este humilde blog), y bajo la atenta mirada de Prometeo (él no creo que lea el blog).

Pero lo mejor de todo ha sido hoy, el colofón a esta semana movidita: con examen a las 9h30 (perdón, aquí la hora se escribe 9:30 am), tenía que dejar mi habitación de la International House antes de las 11 am (sin posibilidad alguna de retrasarlo dos horitas, claro, american cabezacuadrada way). Evidentemente tenía que hacer las maletas (llevo 3) y a eso añadir los libros que ya he comprado, apuntes, papeles, etc... (otra bolsa más). Obviamente esto no podía hacerse ayer porque tenía que ir a cenar y luego de marcha con Arnaud y sus Lehman Brothers, cousins & uncles. Así que me he tenido que levantar pronto, preparar las maletas, suplicar a Miguel que me permita dejarlas en su habitación, devolver las llaves y hacer el check-out, salir corriendo al examen, hacer el examen a toda pastilla, volver a la IH a recoger las maletas de la habitación de Miguel antes de que se fuera, tomar un cab para llevarlas a casa de Laurence y Sylvain (donde me voy a quedar estos dos días, incordiando de nuevo), dejarlas allí, volver a Columbia a celebrar con los classmates que hemos terminado los exámenes, pero por el camino (ya que estoy en la 96th Street) entrar en la tienda de AT&T para que me arreglen un problema con el teléfono (hasta anoche no podía hacer llamadas internacionales, pero desde esta mañana directamente no podía usar el móvil!), pasarme 55 minutos (sin exagerar) al teléfono con el servicio técnico de AT&T para que mi ídem vuelva a funcionar. Total que al llegar a Columbia, la celebración que yo había convocado, se acababa de terminar.

¡Buf! Creo que me he estresado más escribiéndolo que haciéndolo!!

Bueno, el caso es que esto ya se ha terminado (exámenes, primer term en Columbia, búsqueda de apartamento, estancia/suplicio en la International House...) , que me quedan dos días antes de volver a España, en los que me quiero relajar y pasear un poco, y que pronto colgaré el cartel de Cerrado Por Vacaciones.

Vamos, que yo creo que ya en el tiempo de descuento, esta desesperada carrera por la banda ha culminado en un tanto de espléndida factura y por toda la escuadra. O sea que llegamos al descanso con un empate:
Manel 2 - NYC 2

viernes, 8 de agosto de 2008

Ya un mes...!

Acabo de caer en la cuenta de que ya llevo más de un mes aquí!
Desde el 5 de julio por la noche. Ni me he enterado!

Apartment hunting

Asi es como lo llaman aqui, Apartment Hunting o "caza de apartamentos"... y es verdad que es una denominacion bastante grafica. Llevo unos dias dedicado a esto con la cabezoneria que me caracteriza (no soy cabezota en general, pero cuando se me mete algo entre ceja y ceja, no hay quien me lo saque).

Lo cierto es que es bastante deprimente. Me recuerda a mi experiencia en Paris, cuando buscaba apparte despues de estudiar dos años alojado en una residencia en medio del bosque (si, si, todo muy bucolico y campestre, pero dos años en el Plateau de Moulon es tela, eh?).

En NYC en el año 2008, la cosa cambia un poco en las formas, pero es lo mismo en el fondo. Lo de pasar por agencia es aun mas exagerado que en Paris, la comision de la agencia (Broker's fee, lo llaman) es generalmente de entre un 12% y un 15% del alquiler anual. Lo cual equivale a dos meses de alquiler. Desproporcionado e inasequible.

En cuanto al mercado libre, todo el mundo usa las nuevas tecnologias:
  1. He rebuscado en el Columbia Off-Campus Housing Assistance, con sus anuncios.
  2. He enviado súplicas a todas las listas de distribucion habidas y por haber (no he dejado ninguna tranquila: Iberia @ Columbia University, Catalans a Nova York, Columbia Business School, etc.)
  3. Por supuesto, el boca a boca (ahora mas comúnmente llamado el mail a mail, no sea que nos oigamos las voces), donde he enredado a amigos y a amigos de amigos.... Aun no me he atrevido con el tercer grado de parentesco, pero tranquilos, todo se andará.
  4. Y ahora existe una herramienta que se llama Craig's List, en la que se puede econtrar de todo (literalmente) y que tambien publica muchos anuncios de particulares que alquilan (sublets y room shares, probablemene lo unico que me puedo permitir, recordad que soy estudiante).
El caso es que con todo este material y por el gran dinamismo que presenta el mercado neoyorquino del alquiler (con una gran oferta. Eso si, a precios prohibitivos. C'est déjà pas mal frente a mercados como el parisino donde tener pasta te da igual porque lo complicado es conseguir ver los pisos, o como el madrileño donde hagas lo que hagas acabarás en San Chinarro o en Las Tablas), he conseguido montarme un programa de visitas bastante consecuente: el lunes vi 5 pisos, el martes 3 (el miercoles descansé, me fui al cine a Times Square con dos amigas a ver Sex & The City, la pelicula) y hoy 3 mas.

El resultado sin embargo es bastante decepcionante. Al igual que en Paris, se ve mucha mierda. Pero hasta extremos insospechados. Y los pisos no son siempre lo peor - esto es nuevo para mi -, a veces lo peor son los roommates, o sus mascotas. Por ejemplo, el martes vi un duplex en el West Village muy chulo, pero la señora con la que iba a compartirlo (autodefinida en el anuncio como artist/actress) me invitó primeramente a descalzarme para entrar en el piso, me obligó a acariciar al gato que tenia por mascota y me forzó a contarle lo que opinaba de la energia nuclear (si, si, en serio) para luego contarme que es vegetariana y que no se puede cocinar carne en su apartamento, siguió diciendome que en su casa no se pueden cerrar las puertas para no bloquear ondas negativas, y para cuando empezó a contarme que es alergica a los perfumes y que solo me podia poner aceites esenciales..., yo ya estaba corriendo escaleras abajo!

Y asi es muy a menudo: cuando no falla el piso, es el roommate.

Evidentemente cuando el piso esta bien, lo han olido mas hunters, y en ocasiones los que buscan compañero son muy profesionales y llegan a montar dinamicas de grupo como estas que nos hacen a veces para conseguir trabajo: es decir, citan a dos "aspirantes" al mismo tiempo, nos enseñan el piso a la vez y luego nos sientan en la salita para que hagamos un concurso a ver quien es el mas simpatico... y ahi es cuando uno empieza a expulsar las sandeces mas insospechadas por la boca.
Algo asi es lo que me paso el lunes en un piso muy chulo en la 103th con Broadway:
-Esto no esta muy decorado chicos, tengo unos marcos en mi casa de New Jersey que podemos traer para colgar algunas laminas - dice ella. A lo que yo inmediatamente respondo:
-Estaria bien de vez en cuando comer todos juntos. A mi por ejemplo me encanta cocinar y puedo haceros una paella cuando querais. Apuesto fuerte, lo sé. Pero aqui hay que echar el resto, nada de pasta al pesto). Ella contraataca con toda su artilleria:
-Pues yo me traere toda mi coleccion de discos de Mariah Carey y la dejare en el living para que la podais disfrutar... a lo que yo, completamente desarmado y algo sobrepasado por los acontecimientos y la falta de practica, contesto:
-Quien pensais que ganará, Obama o McCain?. En Columbia funciona, asi he hecho a casi todos mis amigos, en NYC es mucho mejor que aquello de "estudias o trabajas?"

El piso se lo llevó ella, por supuesto.

Bueno, seguiremos busacando. Y en una semana exacta se termina mi estancia en la Inernational House, sin posibilidad de prorroga... estupendo, estupendo... me veo de nuevo en casa de Sylvain y Laurence. Aunque pensandolo bien, ya conozco a suficiente gente como para resistir hasta Naviadad estando solo una semana en casa de cada uno!!

Hmmm, a considerar...

lunes, 21 de julio de 2008

Dejo de ser okupa, pero aun me preocupa.

Desde el martes pasado ya no duermo en el salon de Laurence et Sylvain. Durante un mes estoy de regreso al pasado: en la International House, una residencia de estudiantes que me recuerda mucho a los dos años pasados en Supelec, en Francia (ah, el maravilloso Plateau du Moulon), compartiendo el baño y la cocina. Si echamos un vistazo a la wikipedia, veremos que en esta casa se han alojado algunos prohombres de nuestra sociedad actual (sera contagioso?).

El edificio esta bien situado (ver post anterior y foto ci-dessus), es bonito, y los alrededores tambien. Tardo menos de 10 minutos en llegar a la escuela. A pie, por supuesto. Pero la habitacion es pequeña, mal distribuida y muy calurosa. Aunque estoy en un piso alto, desde mi ventana no tengo buena vista, debo salir a la terraza, justo al lado, para ver el atardecer sobre el Hudson y New Jersey. No hay mucha vida comun, cada cual va a su bola, aunque un par de amigos de la escuela (Bernie, Miguel) tambien viven aqui y eso anima las noches y las tardes en que no salgo (que son pocas).

En teoria tengo un semi-private bathroom (compartido solo con otra persona), hasta aqui muy bien. Pero las cosas raramente son tan simples. El primer dia me di cuenta que el grifo de la bañera goteaba, y tras ducharme un par de veces, simplemente no cerraba. Como buen valenciano, estoy muy sensibilizado con el problema del agua (pensad en la de campos de golf que tenemos que regar!), asi que ni corto ni perezoso me fui a hablar con los de la Admissions Office, que me remitieron a la Reception, donde el conserje me dijo que hablase con el Facility Manager que finalmente me explico que quien se ocupa de estas cosas es el Superintendent (the Super, para los amigos). Muy atentos ellos, me dijeron que lo arreglarian, y efectivamente, por la tarde, al volver de clase, ya no corria el agua.

Entre el calor y la alegria de ver el problema resuelto, me di otra ducha. Y ya puestos, segui haciendo uso de mis privilegios de semi-private bathroomer y decidi utilizar el vater. Con tan mala suerte que la cadena habia dejado de funcionar. Afortunadamente hay servicios colectivos en la planta. Al dia siguiente volvi para pedir que arreglasen el vater. Y muy solicitos ellos, fueron a ver lo que pasaba, no pudieron reparalo, y por el problema tuvieron que cortar el agua de todo el baño. Resultado, durante el fin de semana no he podido usar ni vater ni baño privados y he tenido que salir al del pasillo. Mi gozo y mis privilegios en un pozo. Pago $300 (recordad, el simbolo del dolar siempre delante) mas que por una habitacion normal por tener un semi-private bathroom que no puedo usar. Eso si, este fin de semana, mis contactos me han enseñado una frase muy americana que pienso utilizar mañana lunes cuando vaya a protestar: "What you pay is what you get". A ver si asi lo arreglan pronto.

Resultado parcial: Manel 1 - New York 2

El lado positivo es que ya se que no quiero estar en la IH el resto del año. Por tanto, a partir de la semana que viene reanudare la busqueda con prisas pero con pausas.

Nota: la falta de acentos en este post es ajena a la voluntad de la redaccion

domingo, 13 de julio de 2008

Glorioso aterrizaje en NYC (o de cómo quedarse incomunicado nada más llegar a un país extraño)

"America, Land of the free, home of the brave"... oui, mais pas trop, como diría el otro.

En el aeropuerto, tras una hora de cola en Inmigración, la FDA (Food and Drug Adminstration) me hizo pasar por otra cola "especial": en la que te vuelven a revisar la maleta y te preguntan explícitamente si llevas comida. Considerando que el Rioja y el ibérico que llevaba para mis anfitriones esta primera semana en los US trascienden la condición de alimento, contesté que no... revisaron la maleta poco minuciosamente y no lo encontraron... bien: Manel 1- New York 0.

Embargado por la euforia de haber vencido mi primera batalla en suelo americano, y con el atenuante de una conspiración urdida contra mí por las dos maletas, el trolley y la bandolera que llevaba, olvidé mi teléfono móvil en el taxi que me trajo desde el aeropuerto. Resultado: 1-1 y Manel incomunicado. Días aciagos éstos en que somos tan dependientes de un minúsculo aparatito que vibra, hace ruido y nos sirve de memoria.

Orientation Session el lunes 7, primer encuentro con los compañeros de este próximo año. De 53 alumnos, sólo tres son americanos, con mayoria de asiáticos y gran representación de japoneses y paquistaníes. Dos argentinos, dos colombianos y tres españoles conformamos la colonia latina en el master. Ni qué decir tiene, que aun no he logrado aprenderme los nombres, y no por falta de interés.

Mientras nos glosaban las maravillas del master y de la School of International & Public Affairs, haciendo hincapié en su flamante y único PhD en Sustainable Development, los 53 nos pelábamos de frío en la sala pese a chaquetas, suéters y demás segundas capas. Estábamos a unos 18 ˚C, mientras en el exterior hacía 33 ˚C. Sí, sí, realmente ±15 ˚C es muy "sustainable". Y así es en todos los sitios (metro, buses, tiendas con las puertas abiertas, terrazas de restaurantes). Aqui los aires acondicionados domésticos se venden en los supermecados, son prácticamente del tamaño de una caja de zapatos y se colocan en la ventana de cada habitacion dejando ésta entreabierta. Es otra dimensión, el cambio climático no existe, debe de ser un invento de los europeos.

La primera secuela física de mi vuelta a la condición de estudiante, han sido las agujetas en la mano derecha. Y si no sois malpensados, habréis adivinado que es porque después de tantos años trabajando, donde la herramienta fundamental de trabajo es un teclado y el ratón, la mano ya no está acostumbrada a escribir más de cuatro líneas seguidas.

Afortunadamente y algo in extremis, he encontrado alojamiento on-campus para el summer term en la International House (500 Riverside Drive, con vistas al Hudson y al Grant Memorial, a cuatro calles de Columbia). Sólo durará un mes, pero al menos podré liberar a Laurence y Sylvain de mi incómoda presencia en su sofá y dedicarme a buscar alojamiento para el curso con algo más de calma.

A causa de toda esta actividad (junto con las clases, de 9h a 18h), se me ha olvidado tener jetlag. Es más, hasta ayer sábado ni siquiera había estado más al sur de la 92th Street. Pero con el alojamiento temporal en la IH, las cosas se van relajando y voy haciendo mis pinitos, que serán objeto de otro post.