sábado, 11 de octubre de 2008

Jueves, termina la semana

Ayer jueves, fue el último día de clase de la semana. Sí, aquí en Columbia, como en EDF, sólo se trabaja cuatro días a la semana. El downside es que los tres del fin de semana te los puedes pasar perfectamente en la biblioteca.

En mis denodados esfuerzos por integrarme en la vida estudiantil americana y socializar con la fauna, y a veces incluso la flora locales, ayer, de la mano de Tania y Bernie, me incrusté en una barbacoa en el loft de unos compañeros de la escuela a los que apenas conocía. 

Impresionante, el pisito es un antiguo cuartel de bomberos en Harlem, en la 121 con Manhattan Ave, del otro lado de Morningside Park, en lo que ya podemos definir "territorio comanche", aunque pacificado. Techos de más de cuatro metros, relativamente estrecho pero larguísimo (unos 20x5 m2), todo diáfano y con una terraza enorme al final.

Aprovechando el respiro que nos ha dado el Otoño estos últimos dos días, nos quedamos bebiendo cerveza, comiendo oreo y chucherías (yo llegué cenado), tocando la guitarra y charlando hasta las tantas. Y yo contento por la gran proporción de americanos.

De vuelta a casa, tres amigas y yo, con sendos pedos de diversa consideración, me descubrieron un servicio de Columbia que no conocía: el escort service. A horas intempestivas, se puede llamar a un número del Columbia's Public Safety, el servicio de seguridad de la universidad (un pequeño ejército que mantiene la paz y el orden en Morningside Heights). Y los tíos te envían un coche como de policía, con sirenas y todo, que te lleva a donde tú les digas. Así, aunque yo estaba sólo a diez calles de mi casa, me ahorré el pateo o los 6$ del taxi.

Alucinante, no? Desproporcionado, verdad? Exagerado? Rozando la paranoia?
Pues no, simplemente esto son los US.

Empiezo a comprender dónde van a parar los millones que cuesta la matrícula la universidad...

jueves, 9 de octubre de 2008

Econometría & Procrastination

Esta mañana primer examen de la temporada: Econometría. Bastante bien, pero as usual, todo a última hora, deprisa y corriendo. Los americanos, que en algunas cosas están avanzados de verdad, usan muy comúnmente un término latino para esto: Procrastination. ¡Caramba, nunca sé dónde van las erres en esta palabra!

Y resulta que en castellano también se puede usar. O eso dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua:

procrastinar.
  (Del lat. procrastinare).
    1. tr. Diferir, aplazar.

Sacrificando cierto rigor, en la wikipedia podemos encontrar una explicación algo más extensa. Echando un vistazo a los primeros párrafos, concluyo que soy un procrastinador crónico.

Inmediatamente me asusto, preguntándome si padezco algunos de los trastornos que ahí se refieren, como miedo al fracaso, perfeccionismo extremo, adicción a la computadora, o un tardío síndrome del estudiante.

Tras constatar que los padezco todos, recupero la calma y sigo leyendo para saber si existe algún tratamiento o sustancia, ya sea legal o ilegal, que lo cure o al menos atenúe sus síntomas.

Pues resulta que para esta enfermedad, el gilipollas éste de la wikipedia dice que la única medicina posible es aplicarse el cuento de la abuela: "No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy". O en su menos inteligible equivalente anglosajón: "Procrastination is the thief of time".

Al menos ahora me muevo en terreno conocido, y puedo aplicar mi terapia de choque habitual, que más o menos versa así: "¿Para qué hacerlo hoy si todavía lo puedes hacer mañana?". Con su corolario inevitable: "Si esperas lo suficiente, lo terminará haciendo otro".

¿O es que os creíais que lo de que tengo alma de funcionario era una broma? Pues no.

Sin embargo, este país debe de estar provocando algún cambio en mí: ya sabéis que he empezado a perder ese cuerpo de funcionario que había estado cultivando en los últimos... ¿8 años?

Y por si fuera poco, desde hace un mes vengo sufriendo otro síntoma extraño y perturbador: por primera vez en mi vida, en lugar de esperar a que se termine (literalmente) toda la vajilla, ¡¡friego los platos justo después de usarlos!! Esto lo tengo que analizar más profundamente, porque coincide con el momento en que empecé a compartir piso aquí en NYC.

Seguiremos informando, o no. (Claro ejemplo de procrastinación)

*Nota: hablando de vecinos célebres, acaban de contarme que un señor que trabaja en Columbia, en el edificio de enfrente del mío, ha ganado el premio Nobel de química.

jueves, 2 de octubre de 2008

Un mes ya... ¡Esto va muy rápido!

Pues sí, ya hace un mes que llegué después de las mini-vacaciones en España. Y aquí ya a tope con las clases, muchos assignments (trabajos) y homeworks. Ah, y la semana que viene empiezan los midterms (parciales)!!

Muy ocupado, pero siempre hay que reservar algo de tiempo para la vida en sociedad...

Mañana jueves, visionado del debate vicepresidencial en casa de Isabela, Social Affairs Chair de SIPASA, la delegación de alumnos de la escuela. En cristiano, la chica que se encarga de montar las fiestas. Y es que lo lleva en la sangre.

Después de asistir al primer debate presidencial en Le Cornichon, un sitio francés en Williamsburg, rodeado de francesas (la proporción de mujeres en esta ciudad es impresionante, pero esto será objeto de un estudio más minucioso y la subsiguiente entrada en este blog), puede ser interesante ver este debate con americanos de pura cepa.

Lo malo es que son todos estudiantes de SIPA (es decir universitarios de cierto nivel), de Nueva York (es decir, de una ciudad grande y expuesta al mundo exterior), y así, estadísticamente, la proporción de seguidores de Obama será casi tan alta como entre los franceses de Le Cornichon. En cualquier caso, con Sarah Palin por enmedio, seguro que no es tan aburrido como el anterior!

Eso sí, para el próximo debate creo que iré a Idaho, a verlo a casa de Irune (compañera de cola en la embajada americana de Madrid y profesora de euskera en Boise, capital de este estado del Noroeste), con sombrero y botas de cowboy,  bandera americana ondeando a la puerta de casa y un SUV de 6 metros de largo aparcado fuera. Así conoceré todas las sensibilidades posibles...

Mirad qué concentrados estaban los francesitos residentes en NYC en Le Cornichon:

sábado, 27 de septiembre de 2008

Mutaciones II: reducción de perímetro abdominal

Siguiendo con las extrañas mutaciones que se pueden sufrir al llegar a esta ciudad, y a parte de la ya mencionada relacionada con los apéndices auditivos, la siguiente que pude notar es una pérdida de peso.

De forma suave pero constante, mi estancia en la IHouse, el cambio de aires y sobre todo las costumbres dietéticas locales, han ido reduciendo mi peso y mi perímetro abdominal hasta una situación parecida a mi época de estudiante... ¿será verdad que eso de currar y cobrar un sueldo relaja? ¿O es mi alma de funcionario, potenciada por los horarios fijos del asalariado, que provoca un efecto psicosomático en mi cuerpo?

Todo esto quedó claro en mi visita veraniega a la oficina, cuando pasé por el servicio médico, y el retén (Marta) confirmó mis sospechas y me dijo que no debería perder más peso. Supongo que este consejo forma parte del plan de choque nacional para la prevención de la anorexia en el que Gas Natural participa activamente. Curiosamente fue el propio servicio médico de Gas Natural el que hace menos de un año acuñó el término "sobrepeso" en mi informe anual, debido, por supuesto, a un desafortunado error de cálculo.

Para controlar esta mutación he estado pensando en invertir en una báscula y pesarme regularmente (y eso que hace como dos años que no me peso, esencialmente porque no me interesa demasiado), e incluso poner en cada entrada del blog mi peso, como mecanismo de control. Pero finalmente decidí que entonces esta página se parecería demasiado al diario de Bridget Jones.

Y hablando de medidas corporales, tema éste que me apasiona, ahora voy a tener que añadir a mi repertorio de comparaciones curiosas pero inútiles (en el que mi preferida es aquella de que mi (gran) cabeza mide lo que la cintura de Claudia Schiffer en sus mejores tiempos, es decir, una talla 60) una nueva: que mi cintura ahora es como Aditya Dev, "80 cm. de puro músculo"...

El caso es que esto de cambiar las medidas puede ser incómodo: se me caen los pantalones (bueno, tampoco está mal, ahora está muy de moda ir enseñando los calzoncillos por ahí), los cinturones ya no tienen suficientes agujeros, el paisaje que veo cuando me ducho es distinto (aunque hay cosas que mejor no ver...). A estas alturas sólo veo dos opciones:
  1. Empezar a acostumbrarme, comprarme más pantalones en los outlets de New Jersey y hacer más agujeros en los cinturones, o bien
  2. Aficionarme a la mantequilla de cacahuete y a beber un par de litros de coca-cola al día y comer cuatro veces a la semana en McDonald's
¿Alguna idea?
Tranquilos, en cuanto tenga la solución, la comunicaré...

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Tip of the week: brunch en Williamsburg, Brooklyn

Este pasado domingo decubrí Williamsburg, en el borough de Brooklyn. Aquí vive la más importante comunidad de judíos ortodoxos de NYC (lo que equivale a decir del mundo entero, porque ya sabéis que ésta es la ciudad del planeta con más judíos). Hay algunas zonas donde es incluso más incómodo pasear que en el barrio ortodoxo de Jerusalén, Mea Shearim. Carteles escritos únicamente en hebreo, todo el mundo habla yiddish, vestidos al estilo ortodoxo y prácticamente cambian de acera para no cruzarse contigo.

Y dos calles más lejos conviven una gran comunidad de Puertorriqueños, Dominicanos y emigrantes de segunda generación en general, con un fenómeno nuevo, el ambiente alternativo de NYC se instala aquí desde hace unos años: bohemios, artistas, jóvenes currantes, eternos estudiantes, hippies trasnchados, nerds postmodernos, tatuajes, piercings, looks góticos bajo el sol de mediodía y muchas bicis... curioso, divertido, dinámico, interesante.

El fin de semana esto está muy animado con tanta gente joven compitiendo por ser guapa (y tienen el mérito de hacerlo cada uno a su manera), salen todos a lucirse o sólo a pasear (extraño en esa ciudad donde los pocos que tienen tiempo para pasear generalmente tienen que trasladarse en coche a otro sitio para poder hacerlo).

Así que se han montado muchos sitios para salir, comer, beber, comprar, holgazanear. Y uno de ellos es Diner. Donde Clémentine, vecina de Williamsburg, me trajo a tomar un brunch. Parece un dinner de estos típicos americanos, pero en realidad lo montaron hace unos pocos años. Está a una manzana del Williamsburg Bridge, que no es mala vista si estás sentado en su terraza. El interior es enano, con techos muy bajos, pero acogedor, con mosaico en el suelo (debe de haber sido un mini-almacén a principios del siglo pasado).

Sirven un brunch completo, y aunque la carta es pequeña, tiene bastantes originalidades y muchos specials (así es como llaman aquí a los platos del día). Specials que el camarero de turno escribe con boli en la mesa para que te acuerdes (véase foto ci-contre). El Bloody Mary de rigor y mucha gente guapa en la terraza. Vale la pena disfrutar de la terraza y de su fauna, así que lo hacemos durar.

Todo esto seguido de un paseo por el barrio en un domingo soleado y cálido (el último de la estación veraniega y probablemente el último de la temporada), para terminar en un parque a mitad construir, asaltado este domingo por los habitantes del barrio que toman el sol a la orilla del East River, con olas y todo (cuando pasa alguna barcaza) y viendo el skyline de Manhattan al otro lado. Un buen domingo!

Diner Restaurant
85 Broadway
Brooklyn, NY - 11211
Tel: (718) 486-3077

lunes, 22 de septiembre de 2008

A Dios pongo por testigo...


...que no volveré a escribir sin acentos!!!

Así es. Ahora que tengo mi ordenador y (a pesar del teclado americano) puedo configurarlo en Español-Internacional prometo que no volveré a mutilar la lengua de Cervantes y de Eduardo Mendoza como en algunas de las entradas pasadas de este blog.

Y es que si se piensa bien, la distribución del teclado español es de las más versátiles que hay. Con un teclado español (ISO, tradicional o internacional) se puede escribir en todas las lenguas que conozco: castellano, catalán, inglés, francés e italiano, sin cometer faltas de ortografía. Mientras que los teclados anglosajones, francés o incluso italiano no permiten escribir tan vasta gama de grafías.

Es más. No todos los teclados españoles pueden. Estuve a punto de comprarme un teclado con un Western Spanish layout. Toma ya. Español occidental. Se usa en algunas zonas de Latinoamérica, y le faltan algunas grafías imprescindibles como los acentos graves y la "ç".

Así pues, una de las cosas que voy a añadir a mi ya laaarga lista de TO DO things es crear una asociación (gubernamental o no) que se dedique a hacer lobbying a nivel internacional para que se adopte este tipo de teclado como el estándar europeo o incluso mundial. Ahí es ná.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Mi nueva herramienta de trabajo.

Entre la clase de Econometría y la de Contabilidad y Finanzas, vacuna contra el Sarampión, Rubeola y Paperas en el servicio médico y me siento un rato en las escaleras de la Low Library, en el centro del Campus de Columbia. Con un ejemplar del New York Times, disponible para los estudiantes y con mi nuevo ordenata: Un MacBook Air.

La última pijada. Beneficiándome del todavía interesante cambio y de los precios de aquí. Aun así, me parece que debería dejar de comportarme como un millonario y empezar a actuar como lo que soy: un estudiante sin ingresos. Pero bueno, mientras tanto, que me quiten lo bailao (el juguetito ni tocarlo!).

Y como hay conexión inalámbrica por todo el campus, ahí va este post en directo, con foto incluida (el trasto tiene webcam y me la acabo de hacer). En cuanto me entere de los últimos acontecimientos de la campaña presidencial, a estudiar un ratito, que no se diga.

Pero bueno, esto es un gol en toda regla, no? Al menos mientras la tarjeta de crédito aguante.
Me adelanto en el marcador:

New York 2 - Manel 3