En mis denodados esfuerzos por integrarme en la vida estudiantil americana y socializar con la fauna, y a veces incluso la flora locales, ayer, de la mano de Tania y Bernie, me incrusté en una barbacoa en el loft de unos compañeros de la escuela a los que apenas conocía.
Impresionante, el pisito es un antiguo cuartel de bomberos en Harlem, en la 121 con Manhattan Ave, del otro lado de Morningside Park, en lo que ya podemos definir "territorio comanche", aunque pacificado. Techos de más de cuatro metros, relativamente estrecho pero larguísimo (unos 20x5 m2), todo diáfano y con una terraza enorme al final.
Aprovechando el respiro que nos ha dado el Otoño estos últimos dos días, nos quedamos bebiendo cerveza, comiendo oreo y chucherías (yo llegué cenado), tocando la guitarra y charlando hasta las tantas. Y yo contento por la gran proporción de americanos.
De vuelta a casa, tres amigas y yo, con sendos pedos de diversa consideración, me descubrieron un servicio de Columbia que no conocía: el escort service. A horas intempestivas, se puede llamar a un número del Columbia's Public Safety, el servicio de seguridad de la universidad (un pequeño ejército que mantiene la paz y el orden en Morningside Heights). Y los tíos te envían un coche como de policía, con sirenas y todo, que te lleva a donde tú les digas. Así, aunque yo estaba sólo a diez calles de mi casa, me ahorré el pateo o los 6$ del taxi.
Alucinante, no? Desproporcionado, verdad? Exagerado? Rozando la paranoia?
Pues no, simplemente esto son los US.
Empiezo a comprender dónde van a parar los millones que cuesta la matrícula la universidad...




