miércoles, 10 de febrero de 2010

Disquisiciones con mi Blackberry: preguntas inverosímiles para respuestas incoherentes

Sentado en la primera fila del piso de arriba del bus 38, recien salido del trabajo y a la altura del Hard Rock Cafe que hay detras de Buckingham Palace, me digo que ultimamente solo escribo el blog desde buses, trenes o aviones.

Aprovechemos pues que hoy me ha apetecido hacer uso del excelente servicio de autobuses de Londres para inaugurar una nueva seccion: la de las preguntas que todos nos hemos hecho pero que a menudo formulamos en voz alta por parecernos estupidas y a las que, justamente por esto, raramente conseguimos dar respuesta. Seguro que teneis muchas de estas. Transcribo la primera que me ha venido a la mente:

¿Por que el teclado numerico de cajeros, telefonos, ordenadores los numeros cada vez estan en un orden distinto?

En efecto, os habeis dado cuenta de que cuando se han hecho muchos numeros por odenador, a la hora de llamar por telefono se equuivoca uno? Aunque siempre se leen de izquierda a derecha, en unos se empieza por arriba y en otros por abajo. Resultado: se cambian 1 por 7, se confunden 2 con 8 y se mezlan 9 y 3... Y en los cajeros tiene peligro la cosa, a la tercera equivocacion, te quedas sin tarjeta.

¿Alguna ayuda con la respuesta? Si alguien tiene respuestas o preguntas de este estilo, que no deje de compartirlas. Yo ire anyadiendo las que me surjan.

Atasco en Picadilly, vamos muy lentos, voy a leer un rato.

domingo, 7 de febrero de 2010

Original Soundtrack (8): Four seasons in one day

La primera canción de esta sección dedicada realmente a Londres es una pieza de los Australianos Crowded House, se llama Four Seasons in One Day.

Y es que en esta ciudad, casi todos los días permiten ver un poco de todo. Casi todos los días llueve un poco (por poco que sea), con lo cual en invierno es muy probable ver nieve (que cuaje es otra historia) , todos los días sin excepción se ven las nubes (por poco que sea), el viento es también un elemento habitual (gran potencial eólico, largamente ignorado). El punto positivo es que también se asoma el sol prácticamente todos los días, por poco que sea (en este caso, suele ser tan poco, que si no estamos atentos, se nos puede escapar el rayo de de sol.

Sorprende, ¿verdad? Decir que en Londres todos los días hay al menos un momento de sol... pero es cierto. Es como el rayo verde, solo que no sabemos ni en qué dirección, ni en qué momento mirar, con lo cual puede ser casi igual de complicado de capturar...

Examinando la letra de esta canción, decido que el verso más interesante es el que dice:

Similing as the shit comes down
[sonriendo mientras nos cae la mierda]

Ahí va el video con la versión en la voz dulce y algo resquebrajada de Ashley Harrison:


Otras versiones de la canción: una en directo, y la versión original como la escuchamos en España en su día.

martes, 26 de enero de 2010

Up in the air

En un improbable vuelo con destino a Pau, embarcado en un avión imposible, un Canadair de 50 plazas, sentado en la última fila del avión, la 13, bautizada con el número 14 por esa ridículamente curiosa superstición de la que todavía hacen gala un gran número de compañías, acompañado por 38 hombres y tres mujeres (el trayecto menos igualitario que recuerdo), mientras me termino un libro de Benedetti robado a mi hermano (en realidad Jaume se lo dejó olvidado en una de sus visitas a Nueva York), me dedico a contar el número de vuelos que hago esta semana: cinco.

Me sonrío ingenuamente al reconocerme en el personaje de George Clooney en la peli Up in the Air que vi la semana pasada en el cine de mi barrio (qué bien suena, eh? no os engañéis: se trata de los multicines del centro comercial que hay en Angel). Un tío que se pasa muchas horas en el avión (muchas más que yo), que siempre viaja en primera (al contrario que yo) y cuyo ecosistema habitual es el aeropuerto (a mi me gusta tan poco pasar tiempo en ellos, que ya he perdido un par de vuelos). Así pues, aunque hay paralelismos evidentes, esta ingenua comparación no atañe tanto a nuestro respectivos hábitos aeroportuarios como quizás a otros aspectos.

Es un tío con una vida simple, ciertamente nómada, y con pocos compromisos o ataduras. Se encuentra cómodo en ese entorno tan familiar y poco desafiante de los lounges de los aeropuertos. Pero algunas cosas vienen a perturbar su modo de vida. Algunas cosas que él, ingenuamente, no sabe o no quiere leer y que le harán plantearse cambios, abrazar una madurez hasta entonces evitada y que no es necesariamente fácil y agradable. Y el resultado puede doler. Porque todo el mundo se equivoca. Y surge la inevitable pregunta: ¿y luego, qué? ¿y mañana, qué?

Pero ya sabemos que generalmente no es fácil contestar a esta pregunta. No obstante, no debemos dejar de reconocer el mérito que tiene llegar a planteársela.

¿Os he dicho que me gustó la peli?

miércoles, 6 de enero de 2010

Disquisiciones con mi blackberry: Reyes en el Eurostar

9h25 GMT. Desde un Eurostar camino de París, con una fuerte nevada prevista para hoy a ambos lados de la Mancha y, contra todo consejo, sin ninguna ración de supervivencia en el bolsillo (recordad las 16 horas que pasaron algunos dentro del tren con las últimas nevadas), me dirijo a París el día de Reyes.

Estas vacaciones han sido cortas, y como siempre he terminado físicamente más cansado que al empezarlas, debido a una cierta actividad social y a la visita de Isabela. Sin embargo el reposo mental me ha venido muy bien. Apagar la condena que representa la Blackberry durante una semana entera es un auténtico alivio en este contexto en que las empresas ofrecen el diabólico aparatito con no menos diabólicas intenciones – y los más gilipollas caemos en la trampa de mantener sólo un Gadget y por tanto quedamos expuestos 24h/7dias al bombardeo constante de la oficina. ¡Qué poco valoramos ya el tiempo libre, y cómo nos lo dejamos robar!

Seamos positivos: al menos estar en Francia el día de Reyes, me permitirá comer la especial gallette de Rois que hacen por aquellos lares y que, valga la impertinencia casi herética, es muuuucho mejor que el desabrido, soso y poco imaginativo roscón de Reyes a la española.

Como adivinaréis, sí llegué a casa por Navidad, el día 24 por la tarde, casi a mesa puesta y con sólo media hora de retraso con mi vuelo de EasyJet. En una emulación casi perfecta del anuncio de turrones El Almendro.

También aprobé in extremis el famoso primer examen para mi certificación de la FSA (autoridad financiera británica), con lo cual en nuestro reencuentro en 2010, Arnaud me ha invitado a una botella de Champagne que se trajo de casa. Evidentemente acompañado de un foie exquisito (producto por cierto ilegal en algunos estados de Norteamérica, por la brutalidad con que se produce. Lo que todavía no es ilegal por allí son las guerras preventivas, la pena de muerte o negar la asistencia sanitaria o la educación más básicas a los desfavorecidos. Pero claro, las ocas no tienen culpa de nada. Y además, son tan monas).

Y hablando de protección de animales, una de las cosas que aprendí con la FSA es que el blanqueo de dinero se corresponde con la introducción en el sistema de cualquier capital obtenido por actividades delictivas o ilegales definidas por la ley local, en nuestro caso la británica. Según esta primera definición, un torero español que ingrese sus beneficios en una cuenta de banco en Londres, está blanqueando dinero (puesto que la actividad que ha generado esos ingresos es ilegal en suelo británico) y sus banqueros deben rechazar ese dinero y denunciarlo. Lo mismo para un productor o distribuidor de foi-gras en Illinois. En 2005 el parlamento debió de darse cuenta del filón que estaban perdiendo con toreros y distribuidores de foi-gras, y decidieron modificar la ley: ahora la definición de “actividad delictiva o ilegal” viene establecida por la legalidad del país donde se origina el beneficio. Lo cual tampoco es baladí, puesto que nos fiamos de las leyes de todas las administraciones soberanas existentes a sabiendas de que muchos regímenes no son legítimos ni democráticos: por ejemplo, los proceeds de los secuestros de barcos por piratas somalíes serían probablemente aceptados, al igual que beneficios de explotadores de niños en China o los ingresos por la venta de entradas para asistir a lapidaciones en Nigeria. Ciertamente la globalización puede ser complicada…

Son las 10h11 GMT. Ya he desayunado. Acabamos de salir del Eurotunnel y el tren alcanza su velocidad punta en este tramo (unos 300 km/h). Será maravillosooooo, viajar hasta Malloooorca… Parece que todo funciona según el horario previsto. Esperemos que la cosa no empeore a la hora de volver esta tarde.

Ahora debería intentar vencer mi pereza (llamémosla escepticismo) y tratar de leer algo del trabajo para que en la reunión que tengo en tres horas parezca que entiendo de lo que hablo. Pero este escepticismo mío es muy intenso y solo pienso en que debería sentarme y reflexionar acerca de mis buenos (y malos) propósitos para el nuevo año. O quizás ahondar en la sempiterna cuestión del sexo de los ángeles (llamémosle Cambio Climático y cumbre de Copenhague o el conflicto palestino-israelí).

Lo cierto es que esto de los buenos propósitos es para mí casi el único momento en que pienso de forma no epicúrea en qué rayos voy a hacer a medio y largo plazo (en principio un año, pero como la mayoría de ellos no hacen más que saltar de la lista de un año a la del siguiente, finalmente es una especie de roadmap a más largo plazo). Afortunadamente, los medios tecnológicos que tenemos a nuestra disposición hoy en día nos permiten archivar y acceder a pretéritos buenos propósitos con relativa facilidad para constar que muchos de ellos se quedaron en eso: buenos propósitos.

Sin haberlo trabajado en profundidad todavía, me atrevo a formular aquí el primero de ellos, uno absolutamente fundamental: no empezar ningún párrafo de ninguna entrada en este blog por un artículo definido (el, la, los, las). No hay propósito pequeño, queridos lectores. ¡Arriba la estética!, tantas veces ninguneada pero casi siempre tan relevante como la ética.

10h27 GMT. En medio de la Picardie (la Castilla francesa). Finalmente, con la satisfacción de haber dejado grabado para siempre en la blogosfera este compromiso gramático-personal, corto y cierro para leer un rato. Enhorabuena a todos los que hayan logrado leer este indigesto y poco coherente post hasta aquí. Vosotros sí os merecéis mis mejores deseos para 2010. Besos y abrazos.

martes, 22 de diciembre de 2009

¡Atrapados en la isla!

Parece el título de una película de acción, pero es en realidad la sensación que se respira en Londres estos días. Una rara conjunción de factores (al parecer provocados por una única causa) hacen realmente difícil abandonar el Reino Unido en estas fechas tan señaladas.

1) Eurostar, el tren de pasajeros bajo el Canal de la Mancha ha sufrido unas misteriosas averías desde el viernes por la noche hasta hoy. Se calcula que hay 88.000 afectados (el Eurostar transporta a unas 20.000 personas por sentido y día), y es el medio de transporte preferido de los cientos de miles Franceses que trabajan en la City y vuelven a casa por Navidad.

2) La manida huelga de British Airways y las nevadas en todas las capitales europeas han cancelado muchos vuelos saliendo de Londres. En los que quedan no cabe ni un alfiler.

3) El temporal en el Canal de la Mancha dificulta el tráfico de los ferrys con los que se solía cruzar el estrecho. La nieve no facilita el transporte por carretera. La opción bus o alquiler de coche queda descartada.

El resultado es que varias decenas de miles de personas están atrapadas en la isla sin posibilidad de escapar. Arnaud, mi compañero de piso, debía haber viajado en el Eurostar a París el sábado por la mañana. Estamos a martes y sigue aquí. Sin posibilidad de tomar el Eurostar, intentó ayer el autobús, que no llegó jamas a la estación (3 horas de espera bajo la nieve y con un maletón de cuidado). Finalmente Ryanair ha fletado un par de aviones extras que en principio saldrán hacia Paris-Bauvais el miércoles 23. Veremos cuándo llega a su casa. Ya lleva 4 días y sólo son 150 km.

Corre el rumor por la City de que esto es un sabotaje de elementos anti-sistema del Gobierno británico para encerrar en la isla a todos los banqueros que quieren escapar al continente para cobrar allí sus bonus. Al parecer desde el anuncio de una subida de impuestos sobre este concepto retributivo ha provocado una estampida sin precedentes de los pobres e injustamente afectados empleados de banca (de inversión).

La situación se anunciaba realmente crítica. Testigos presenciales afirman que algunos, en su huida, incluso abandonaron sus Porsche y Aston Martin en plena intemperie en el frío clima londinense de estos días. El sector está tan desesperado que incluso se baraja la posibilidad de cambiar la City por la Villa y Corte.

Por el momento, estos convenientes incidentes metereo-infraestructurológicos están conteniendo temporalmente está sangría para las arcas del Exchequer (Hacienda); reteniendo en suelo británico parte de esa ingente masa salarial... al menos hasta que termine el año fiscal

Seguiremos informando/procrastinando desde Londres.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Sempiterna procrastinación

Hay cosas que no cambian.

La entrada de aquí abajo sobre el fiasco de la cumbre de Copenhague me ronda la cabeza desde antes de su comienzo (hace casi tres semanas). Y me decido a escribirlo justo ahora: el fin de semana en que se supone estoy estudiando para obtener mi certificación de la Financial Services Authority (me examino el martes por la tarde y me he jugado una botella de vino con Arnaud a que la apruebo).

Esto se llama procrastinación, es una de las pocas disciplinas en la que sobresalgo al resto de los mortales, y para abundar en el asunto: ya lo habíamos comentado en este blog hace algo más de un año.

sábado, 19 de diciembre de 2009

67 hombres y un planeta (o la crónica de una muerte anunciada)

Uso el término hombres aquí en la primera acepción del diccionario de la Real Academia, la que lo define como ser animado racional independientemente de su sexo. Y sin embargo estos 67 hombres son mayoritariamente hombres (en la segunda acepción de la RAE, varones). También son blancos, de mediana edad (es decir, bastante mayores) y de un extracto social poco representativo de sus respectivas circunscripciones.

Estos 67 tíos son senadores estadounidenses. Y se corresponden con la mayoría de dos tercios que hace falta en la cámara alta de aquel maravilloso país para ciertas acciones de suma importancia, en las que los derechos de las minorías deben ser preservados. Si no me equivoco, los únicos (?) dos procedimientos en los que esta mayoría de dos tercios es requerida son el impeachment o impugnación del Presidente (moción de censura vinculante); y la ratificación de tratados internacionales, necesaria para su entrada en vigor.

En ese aislacionismo del que están tan impregnados los americanos (y su clase dirigente, que demasiado a menudo ni siquiera tiene solicitado el pasaporte en el momento de tomar posesión de la cartera) se dificulta la adopción de medidas que afecten al comportamiento de los Estados Unidos y que les pueda hacer responsables frente a instituciones internacionales que escapen a su control absoluto. Este sentimiento que empieza por un no-intervencionismo a la suiza, termina con la percepción de que los ciudadanos americanos están por encima de cualquier otro colectivo y que por tanto no tienen por qué responder ante nadie que no sean los propios Estados Unidos.
Por eso, es políticamente inviable que el Senado de los USA acepte un tratado como el protocolo de Kioto. Por eso, Obama, que ostenta ya el premio Nobel de la Paz de este año, pero que aun se lo tiene que ganar en los tres que le quedan de legislatura (y consolidarlo en la siguiente), ni se plantea asumir el riesgo político de presentar ese tratado a su Senado.

Por eso, el Protocolo de Kioto ha muerto oficialmente, habiendo recibido el descabello en Copenhague de las manos de USA y su aliado en esta batalla: China. Se trata de un asesinato. El asesinato a sangre fría, sin nocturnidad pero con alevosía, de uno de los mayores compromisos colectivos alcanzados en los últimos años, a escala planetaria (véase en el mapa en verde el número de países que lo ratificaron en uno u otro momento). Quizás porque el problema que pretende resolver, o al menos controlar, también es de escala planetaria.
Kioto es el primer gran esfuerzo de reducción de emisiones que es legalmente vinculante para sus firmantes. Cierto es que afecta esencialmente a los países desarrollados (culpables de la mayoría de emisiones hasta la fecha), y que se recogen en el famoso Anexo B del texto del tratado. Estos países aceptan límites a (generalmente asociados a una reducción de) sus emisiones a corto plazo; límites que pueden ser (y serán) sobrepasados a cambio de que el país promueva reducciones en otros lugares. Esto representa una transferencia de dinero y/o tecnología a otras zonas del planeta y asegura, en principio, que el volumen global de emisiones se mantiene en los objetivos propuestos.

Cada país tiene total libertad en la manera de lograr la reducción de emisiones. El mecanismo que mejor ha funcionado hasta ahora, con todas sus fallas, es el Esquema Europeo de Comercio de Emisiones; pero no tiene por qué ser la única solución. Aquellos con límites de emisiones vinculantes (Anexo B again) pueden sufrir sanciones que no están bien definidas, pero que generalmente se corresponden más bien con límites más estrictos en los periodos subsiguientes.

Estados Unidos tiene alergia aguda a la sola posibilidad de verse imponer sanciones por terceras partes: no quiere responder ante nadie (i.e. ONU, Tribunal Penal Internacional, Protocolo de Kioto, o lo que sea). China, que recientemente ha desplazado a USA como el mayor emisor mundial de CO2, utiliza la negativa americana como excusa para no entrar en el juego. Juntos son responsables del 40% de las emisiones.

Juntos han conseguido que la complicada estructura legal que se alcanzo en Kioto, magnífico (y único) ejemplo de cómo se puede poner de acuerdo a casi 200 naciones para resolver un problema global, quede en agua de borrajas: al no prolongarse el esquema de Kioto, el peso de las sanciones ya es inexistente y los países abandonarán sus esfuerzos o los reducirán.

Juntos han dado una enorme bofetada a la Unión Europea, verdadero artífice de Kioto y que generosamente ha aplicado el protocolo con todas sus consecuencias (al margen de que los mecanismos escogidos regionalmente no sean perfectos).

Juntos han terminado con una de las iniciativas más ambiciosas para resolver un problema global de forma multilateral. Sus intereses individuales a corto plazo han matado la posibilidad de resolver este problema de forma coordinada y eficiente. Habrá que seguir hablando, desperdiciando un tiempo valiosísimo y arriesgándonos a que la conjunción planetaria que se ha dado con Kioto no se vuelva a repetir.

Examinemos un pequeño dato para relativizar los costes de esta parafernalia: Dice The Economist que el coste de parar el cambio climático (reduciendo las emisiones de forma eficiente y según el patrón del IPCC) se elevaría aproximadamente el 1% del PIB mundial. Dice también esa publicación de talante marcadamente liberal (en su acepción Europea) que salvar a los Bancos de ahogarse en el pozo en el que ellos mismos decidieron darse un chapuzón, ha costado por el momento un 5% del PIB mundial.

Así las cosas, recordemos esa frase que se atribuye a Saint-Exupéry y que reza algo así como "No heredamos la Tierra de nuestros padres, la tomamos prestada de nuestros hijos". Pues bien, nuestros 67 amiguitos de Washington no comparten esta idea: la Tierra se les ha dado a ellos en usufructo, y piensan hacer todo lo que puedan para disfrutar en ella lo que les queda de vida - un par de décadas a lo sumo, vista la media de edad de los senadores; lo cual hace aun más atractivas a sus ojos y bolsillos las prebendas de los lobbies industriales y bancarios y la posibilidad de jubilarse en el Senado. A través de ellos, USA vuelve a faltar a su cita con la Historia.

Antoine, el que venga detrás que arree.