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domingo, 29 de mayo de 2011

Preguntas inverosímiles: uñas largas

Aeropuerto de Valencia, viernes 20 de mayo, control de pasaportes para el vuelo de las 17h35 proveniente de Londres (sí, el menda se gastó 176 £ para ir a votar a las elecciones del 22-M; un gasto con utilidad marginal nula - léase negativa si atendemos a las externalidades del asunto. Pero esto es harina de otro costal).

Asombrado me quedo al ver las uñas del policía nacional que sostiene mi DNI con ambas manos: sendas uñas del dedo meñique miden más de un centímetro, cual garras de buitre carroñero y con la consecuente acumulación de mierda. Al llega a casa, estuve pensando en meter el DNI en la lavadora, pero como es electrónico tuve miedo de producir algún cortocircuito, así que al final sólo lo desinfecté con alcohol.

Es curioso que en España se ven bastante a menudo especímenes de esta tribu: hombres que se dejan las uñas del meñique largas (a veces solamente una de ellas, y generalmente las demás dedos presentan unas uñas normales). ¿Os habéis fijado?

¿Por qué hay hombres que se dejan las uñas del meñique inusitadamente largas?

La verdad es que mi limitada imaginación no acierta a encontrar una explicación para este fenómeno. Si algún lector tiene una teoría plausible, ruego la comparta para nuestro conocimiento y sabiduría.

Aun así, me atreveré a formular un par de hipótesis poco probables que se me pasaron por la cabeza hace años y que el episodio en el Aeropuerto Internacional de Valencia me recordaron:

1) Cuando son ambos meñiques, podría ser simplemente una solución práctica pasa sacarse la cera de las orejas. Es de sobra conocido que los médicos recomiendan no usar los bastoncitos de algodón puesto que éstos la empujan hacia dentro del oído; mientras que una uña dura y bien afilada, con su curvatura natural puede trabajar a modo de pala de excavadora y maximizar el rendimiento de esta prospección extractiva.

2) Cuando sólo se dejan larga una de las uñas, mi mente calenturienta de adolescente se dijo que podría ser una solución práctica para liar porros: una vez que el cigarrillo se ha liado con cierta torpeza, se empuja hacia a dentro el tabaco para compactarlo un poco (nótese que esto probablemente indica que mi experiencia liando es muy limitada...).

viernes, 31 de diciembre de 2010

Preguntas inverosímiles: dónde están las bolsitas de papel...

Viajero frecuente en aviones, he constatado que de unos años a esta parte es mucho menos habitual que antes encontrar en los asientos las típicas bolsitas de papel destinadas a recoger los vómitos de pasajeros mareados por las turbulencias o simplemente por el miedo a volar.

Sin ánimo de prepotencia, lo cierto es que no recuerdo haber sentido necesidad de vomitar en un avión, ni siquiera cuando he volado con resacas monumentales, con lo cual no he tenido nunca necesidad de las bolsas de papel. Sin embargo, Rowan Atkinson nos recuerda para qué se usaban.

Entiendo que las compañías low cost decidan meter tijeretazo también en el particular, pero si el desafortunado incidente se produce y hay que limpiar sus efectos, con el coste en tiempo, productos de limpieza e incluso personal (no sé si esto entra en las funciones definidas de un Tripulante de Cabina de Pasajeros, léase azafato/a y por tanto quizás haya que subcontratar). Not reallly low cost, ¿verdad?

Pero las llamadas compañías de bandera retiran las dichosas bolsitas, de manera que la razón no debe de ser puramente económica: ¿nos hemos acostumbrado más a volar y ya no nos mareamos? ¿Hay menos baches en los cielos (sin duda un efecto colateral del cambio climático y el cambio de densidad del aire y de la formación de perturbaciones)? ¿Los pilotos conducen con más cuidado (con la mayor competencia en el oficio, quizás el nive de competencia de sus artesanos también haya aumentado)? ¿O es la tecnología de los aparatos la que aporta mayor estabilidad? ¿Usamos y/o abusamos del Almax?

Pues si, esto es todo un misterio...

¿Por qué no se encuantran ya las bolsitas de papel en los aviones? ¿eh?

lunes, 21 de junio de 2010

Preguntas inverosímiles: ¿Retrete o urinario?

Es un problema universal. O al menos yo lo entiendo así (si es que un problema que afecta a algo menos de la mitad de la población mundial puede calificarse de esta manera).

Todos nosotros (uso el masculino plural no como forma general del plural, sino porque me refiero aquí al subgrupo de población de ese género) pasamos por ello. A diario. Es un hecho ampliamente constatado que los varones orinamos de pie la inmensa mayoría de las veces. Haciendo un cálculo rápido con unas hipótesis simples (3.000 millones de hombres en el planeta, con una actividad miccional media de dos veces al día, hacen más de dos billones anuales de idas al baño para cambiar el agua al canario), apercibimos la magnitud del asunto. Y sin embargo no existe una solución universal a este problema, asevero. Examinémoslo detenidamente.

Aunque requiere de ciertas nociones de física para su total comprensión, el problema es en realidad bien simple: el hombre muy habitualmente tiene dos opciones cuando se dispone a hacer aguas menores y debe tomar una decisión crucial, elegir entre un retrete clásico o un urinario de pared. ¿Cuál es pues la mejor elección?

Existen múltiples variables a tener en cuenta, tales como:
1) La privacidad. Los retretes suelen tener puertas (puesto que también se usan para hacer número 2) y por tanto posibilitan un aislamiento que permite a los más tímidos evitar contacto visual con los demás compañeros en el alivio de la vejiga y ahorrarse las subsiguientes y siempre odiosas comparaciones. Por añadidura, el relajo muscular y mental que se experimenta al evacuar el dorado líquido que hemos estado conteniendo casi toda la mañana, puede generar ventosidades sobrevenidas; y si bien es cierto que no hay lugar más adecuado que un baño para ventilar el sistema digestivo, a mí me sigue violentando tocar los primeros compases de un pasodoble si hay público delante. Más que nada por si desafino. Un punto para el inodoro clásico.
2) La discreción. El retrete suele tener un fondo de agua que emite ruido cuando es golpeado por un flujo en caída libre, pudiendo, a pesar de la puerta cerrada evocada en el punto anterior, despertar a los vecinos o simplemente revelar información sobre nuestra pauta de descarga. Existe una solución que requiere destreza y atención: apuntar con el chorro a la parte del inodoro por encima del agua. Sin embargo por comodidad, daremos este punto al urinario de pared.
3) La limpieza del lugar. Es básicamente una cuestión de puntería, como nos han dicho siempre nuestras madres y/o parejas. Es cierto que es muy difícil salirse de un urinario de pared; en cambio, dejados llevar por algún pensamiento metafísico, con un simple movimiento de caderas, se puede poner el retrete perdido. Cierto que esto puede achacarse a una falta de concentración, pero en ciertas ocasiones es simple física: es muy sencillo mantener el chorro en equilibrio cuando el flujo está establecido y en régimen laminar; sin embargo al inicio y al final de la operación, la potencia de disparo no es tan sencilla de controlar y el fluido está todavía en régimen turbulento, lo cual no ayuda precisamente a prevenir esas gotas rebeldes que terminan casi invariablemente en los bordes de la taza, en el suelo, en el bote de la escobilla, o incluso en la pared. En estos casos, está claro que el urinario de pared ofrece mejores prestaciones, de manera que otro punto para el señor.
4) La limpieza del usuario. De manera proporcional a la altura del sujeto (o más bien de la sujeta), el líquido elemento adquiere una mayor velocidad en el momento de golpear la superficie de ese fondo de agua al que nos hemos referido antes. Incluso aunque sigamos los consejos del punto 2 y golpeemos en la Roca, la energía potencial del chorro, ya convertida en cinética en el momento del impacto, provoca unas salpicaduras nada desdeñables que tienen la incómoda y cabrona tendencia a saltar hacia arriba, redundando en el efecto número 3 pero además poniendo en peligro la pulcritud y limpieza nuestros pantalones. En un urinario de pared, el impacto en la superficie del mismo se produce a una altura muy próxima al extremo del miembro, con lo cual la energía cinética acumulada por el fluido es mucho menor (es decir, no le ha dado tiempo a acelerar en sentido vertical). El único inconveniente de esta opción es en casos de caudales muy potentes, en los que se debe prestar atención y apuntar en oblicuo para que no terminemos con camisa y corbata llenas de lamparones. En este caso, el urinario también es mejor opción y se lleva un tercer punto.
5) La última gota. Como muy bien asevera la cultura popular, por mucho que hagamos, la última gota caerá dentro del calzoncillo. No obstante, más vale una gota que cien. Y por eso los hombres tenemos un gesto casi innato al terminar de mear: sacudírnosla enérgicamente (ojo con esto, porque otro aforismo de la cultura popular, en este caso valenciana, asevera que espolsar-se-la més de tres voltes és masturbació, y aunque yo soy un ferviente seguidor del padre Onán, no es cuestión de liarse cada vez que uno va al baño). Al margen del peligro de salpicaduras que tiene la operación de sacudida, es seguro que la última gota se queda donde no debe. Y ahí entra en juego un accesorio de inigualable valor, uno de los mayores inventos de la humanidad: el papel higiénico. No sin habilidad adquirida por años de práctica y con un preciso juego de muñeca, se coge un trozo del maravilloso invento y se puede eliminar esa última gota odiosa. Lo cual nos lleva a darle otro punto al retrete original, puesto que al contrario que en los urinarios de pared, en ellos sí se encuentra (generlamente) papel higiénico.

Así pues ¿retrete o urinario?

Estudiando detenidamente todos los factores esto parece, amigos, un problema indisoluble, puesto que no hay opción claramente superior. Básicamente el urinario de pared ha ganado por 3 a 2 en este partido. Pero si lo usamos, no sólo nos arriesgamos a recibir un golpe moral cuando compartamos pausa-pipí con el Rocco Siffredi de la oficina, sino que además, invariablemente terminaremos con la dichosa gota en los calzoncillos.


Nota: Aunque no es costumbre en esta sección dar respuesta a las preguntas que se plantean, en aras del progreso de la humanidad (o una mitad de ella) me atrevo a proponer una solución a este rompecabezas. Para ello he tomado la opción ligeramente superior, la del urinario de pared, y he intentado mejorarla para eliminar sus deficiencias, a saber:
a) para poder peer con tranquilidad deben equiparse los baños de un hilo musical con un nivel de volumen superior al de una clínica de dentista.
b) para evitar las odiosas comparaciones, una doble medida: poner mamparas entre urinarios, como ya hay en algunos baños, y atenuar la luz para dificultar la visión del miembro del prójimo.
c) para eliminar la última gota, propongo instalar rollos de papel higiénico al lado de cada urinario

¿Alguien sabe cómo se solicita una patente?

domingo, 11 de abril de 2010

Preguntas inverosímiles: Precios en los libros, discos o películas

¿Se han dado cuenta de que en librerías, tiendas de discos o de dvds la etiqueta del precio siempre tapa la reseña del libro, el resumen de la película o la lista de canciones del CD? Generalmente éstos sólo ocupan una pequeña parte de la contraportada. Aun así, ¡paf!, invariablemente el precio está justo en medio, impidiendo conocer el argumento del libro o de la película. Es como si una mano diabólica, de una mala leche exorbitante, hiciese a propósito para que el cliente tuviese que usar cuatro dvds o libros para leer enteramente de que va el producto que quiere comprar.

Lo peor de todo es que esto es una epidemia internacional: ocurre en el Corte Inglés, en la FNAC Madrid o París, en los Borders o HMV londinenses e ¡incluso en la librerías Panorama de Colombia!

¿Quién está detrás de esta conjura internacional de las pegatinas que aumenta la mala leche y dificulta la compra de lectura, cine o música con todos los datos necesarios? ¿Es tan difícil poner la pegatina del precio en un sitio donde no moleste?

martes, 9 de marzo de 2010

Preguntas inverosímiles: sombrero y peinado

Reconozco que me gustan los sombreros. Y también me gusta llevarlos. De hecho tango algunos y los uso de vez en cuando. Como ya sabéis, en NYC cubrirse la cabeza era necesario, ya que en invierno las bajas temperaturas y el viento convierten la cabezota en el punto de pérdida de calor más importante del cuerpo. En Londres también lo uso, aunque menos frecuentemente. Uno de los inconvenientes es que el sombrero despeina: en efecto, excepto cuando tengo el pelo muy muy corto, al quitarme el sombrero tengo flequillos a lo Tintín por toda la cabeza, lo cual no queda muy serio si uno va a trabajar.

Y mi pregunta es, ¿cómo hacen los hombres que llevan sombrero para no parecer Barragán cuando se lo quitan?

miércoles, 10 de febrero de 2010

Disquisiciones con mi Blackberry: preguntas inverosímiles para respuestas incoherentes

Sentado en la primera fila del piso de arriba del bus 38, recien salido del trabajo y a la altura del Hard Rock Cafe que hay detras de Buckingham Palace, me digo que ultimamente solo escribo el blog desde buses, trenes o aviones.

Aprovechemos pues que hoy me ha apetecido hacer uso del excelente servicio de autobuses de Londres para inaugurar una nueva seccion: la de las preguntas que todos nos hemos hecho pero que a menudo formulamos en voz alta por parecernos estupidas y a las que, justamente por esto, raramente conseguimos dar respuesta. Seguro que teneis muchas de estas. Transcribo la primera que me ha venido a la mente:

¿Por que el teclado numerico de cajeros, telefonos, ordenadores los numeros cada vez estan en un orden distinto?

En efecto, os habeis dado cuenta de que cuando se han hecho muchos numeros por odenador, a la hora de llamar por telefono se equuivoca uno? Aunque siempre se leen de izquierda a derecha, en unos se empieza por arriba y en otros por abajo. Resultado: se cambian 1 por 7, se confunden 2 con 8 y se mezlan 9 y 3... Y en los cajeros tiene peligro la cosa, a la tercera equivocacion, te quedas sin tarjeta.

¿Alguna ayuda con la respuesta? Si alguien tiene respuestas o preguntas de este estilo, que no deje de compartirlas. Yo ire anyadiendo las que me surjan.

Atasco en Picadilly, vamos muy lentos, voy a leer un rato.