domingo, 19 de julio de 2009

Mercado de alquiler en Londres

Una cosa curiosa es que en el Reino Unido se habla del alquiler de la vivienda por semanas. Y dicen por ejemplo £500/week, mientras que el sueldo se negocia y paga mensualmente. Obviamente aquí hay un inteligente truco de mercadotecnia relacionado con el habitual redondeo de un mes a 4 semanas cuando en realidad casi siempre es más, y tendemos así a subestimar el coste real del alquiler frente al salario.

Esto contrasta con los usos americanos, donde el alquiler es mensual (e.g. $1332/month) y el wage se cobra generalmente quincenal o incluso semanalmente. Quizás tenga que ver con que el mercado que es realmente dinámico en los US es más bien el laboral, no el inmobiliario...

Y así podemos arriesgarnos a inducir pedantemente que la velocidad con que se liquidan las posiciones en un mercado (settlements) es proporcional a su dinamismo o liquidez (liquidity).

lunes, 13 de julio de 2009

Primer Aniversario de Manel & The City

Así es, mirando el recuadro de la derecha me he dado cuenta de que hoy hace un año que empecé este blog, coincidiendo con el cumpleaños de Napo, by the way.

Han sido 90 entradas en 52 semanas, aproximadamente dos por semana. Casi todas sobre mi experiencia en NYC: un punto de vista absolutamente subjetivo y parcial. Pero que me han ayudado a disfrutar más la experiencia, intensa y no tan breve. Me ha forzado a sentarme para tratar de describir y poner en orden impresiones, sentimientos, reflexionar sobre chorradas de lo más variado e incluso practicar un poco mi redacción.

Se me han quedado algunos posts en mente y otros llegarán con retraso, pero hay que empezar a "pasar página" (por usar una de las expresiones favoritas de la triste clase política española, de verbo tan rápido como poco certero). Así que desde ahora dejamos poco a poco NYC para centrarnos en esta nueva City: Londres. Sin embargo y a pesar de que las comparaciones son odiosas, son también muy didácticas, enormemente esclarecedoras y permiten figuras retóricas interesantes; con lo cual me reservo el derecho de seguir escribiendo sobre aquella gran gran ciudad.

Las reglas seguirán siendo las mismas: intentar escribir un par de entradas por semana, nada muy trascendente, pero que me divierta a mi y a los que me leen, que me ahorre correos electrónicos a algunos amigos y que me permita seguir practicando esto de la escritura rápida sin compromiso adquirido. La técnica tampoco variará: puesto que no es sencillo dedicarle mucho tiempo a esto (sí, uno tiene cierta vida social y no hacer nada es también un derecho fundamental), nunca más de una hora por post, sin preparación previa, 20 minutos de redacción y algo más de edición - corrección, fotos, enlaces...

Me surgen dos preguntas: a ver quién se cansa antes, si vosotros o yo... y dónde pasaremos el segundo aniversario de Manel & The City.

domingo, 12 de julio de 2009

La canción del pirata: Brasileño en Londres

Moverse tanto y estar en contacto con tanta gente distinta es interesante también por ver las percepciones de los demás en función de su contexto cultural y social. Y aun más cuando se refieren a uno mismo.


Estos y más versos de La del pirata cojo (Joaquín Sabina, Física y Química, 1992, uno de sus mejores discos) - cantada en el link a dúo por Serrat y Sabina, mayores, cascados pero serenos - enumeran personajes y sitios. Yo podría escribir la mía así:

Libanés en París
Catalán en Madrid
Iraní en New Yoooooork.

En París me confundieron con un Libanés varias veces por el físico, el acento y el contexto. Recuerdo la primera vez: fue en el Bon Marché, grandes almacenes parisinos pijos e históricos, cuya traducción directa es "el barato", a los que, pardillo de mí, atraído por el nombre, fui a comprarme sábanas para pasar mi primera noche en París tras conseguir las llaves de mi buhardilla en el 43 del Boulevard Garibaldi. Parece ser que los libaneses que viven en París, son los educados en Francés en su país, generalmente gente pudiente, y clientes habituales del Bon Marché.

Presentarse como Manel en Madrid provoca dos reacciones mayoritarias: la primera es extrañeza por esa "u" que le falta al castizo Manuel y que generalmente se atribuye a un error o, mejor, una excentricidad en plan Mané. La otra posibilidad, para los más leídos y capaces de reconocer que se trata de un nombre propio en catalán, pero generalmente inconscientes del alcance que esa lengua en el territorio español, dan por sentado que soy Catalán.

En cambio, en NYC los peluqueros uzbekos que me solían cortar el pelo por $12 más tres de propina, se empeñaban en que soy Iraní. Porque hay muchos, porque siendo estudiante esperaba a tener mis rizos bastante largos antes de cortarme el pelo y me afeitaba de uvas a peras, y no sé por qué más.

Y claro, ciudad nueva, vida nueva. Aquí en Londres parece que voy a ser Brasileño. Es cierto que en Londres hay mucho brasileño (¿os acordáis de éste?), pero caramba, es que ayer sábado ya me lo dijeron tres veces: Una dependienta brasileña en el dry cleaning, un taxista nigeriano, e incluso unas turistas americanas en una pizzeria en King's Cross.

Así que supongo que el siguiente verso de mi canción del pirata es:

[...] Brasileño en Londres.

domingo, 5 de julio de 2009

Road Trip Diaries, 4 (General perspective)

Ya con las fotos revisadas y seleccionadas, aquí va el último capítulo de estos “Diarios de Camioneta” que en adelante e incorrectamente llamaré Road Trip. Y cómo no, vamos a terminar por el principio.

Este viaje, uno de los clásicos por Estados Unidos, es una idea con la que jugué mucho tiempo y que cristalizó de una manera particular. Finalmente, los componentes de la expedición, todos ellos compañeros del MIA (otro master de SIPA), fueron:
1) Alison Hare, colombiana de Tejas o estadounidense de Colombia;
2) Isabela Echeverry, colombiana-colombiana ya mencionada en este blog;
3) Rachel Sorey, compañera mía de aventuras y de piso Isabela;
4) Tore Langhelle, noruego feliz y acostumbrado a los viajes de acampada
5) Daniel Green: canadiense de Toronto (pronúnciese Touo’no) que habla castellano con acento argentino y cedió “su” isla para la concentración pre-road trip.
6) Miguel Posada, el colombiano impasible, contingente y necesario;
7) and last but not least, Manel Avellà, servidor de Dios y de usted, instigador del viaje, de media 3 ó 4 años mayor que los arriba citados, pero afortunadamente mucho más inmaduro.
El ambicioso plan original consistía en un doble loop, partiendo de Las Vegas hacia el Este, visitando en los estados de Utah y Arizona diversos parques nacionales (Zion, Bryce Canyon, Antelope Canyon, el indispensable Grand Canyon…), para luego recorrer la costa californiana desde Los Angeles hasta San Francisco y volver a Las Vegas por el interior parando en los parques el interior de California (el indispensable Yosemite, Sequoia, Death Valley…).

Restricciones de todo tipo – tiempo, coste, gente… – modificaron el plan original para hacerlo más asequible en todos los sentidos, pero básicamente para que no nos diera un infarto durante las vacaciones. Finalmente este fue nuestro viaje:

Ver mapa más grande

Se cayó Bryce Canyon y parte de las visitas en la reserva de los indios Navajo (Arizona), y se cayo también la vuelta desde San Francisco y Las Vegas, perdiendo así Death Valley y Sequoia National Park. Se mantuvo Yosemite y ganamos una visita de un día a Catalina Island (enfrente de Long Beach, Los Angeles) y un recorrido por los viñedos de Sonoma Valley, al norte de San Francisco (recordad el mítico Falcon Crest).

En total entre Alison, Dan y yo hemos conducido unas 2,600 millas (4.200 km) en un Chrysler Town & Country de 2008 que bautizamos Latoya y que a todas luces fue demasiado justo para 7 pasajeros y 15 días de viaje.
Cuando estábamos en National Parks o en National Forests, dormíamos en tienda de campaña – siempre en campgrounds (campings gestionados por el gobierno), estupendamente localizados y muy organizados. El resto del tiempo tomábamos una (al principio) o dos (al final, ya más hartitos) habitaciones de motel de carretera, y nos metíamos todos sin declararlo. En Los Ángeles nos quedamos dos noches en casa de Dave, el primo de Alison, y en San Francisco dormimos una noche en casa de Olivia, otra compañera de SIPA que no estaba en el viaje.
El régimen de comidas rompió con mi dieta habitual, ya que los energúmenos con los que viajaba se empeñaban en desayunar a lo bestia: huevos rancheros, pancakes, burritos y lo que se terciara pero con más pinta de comida que de desayuno. El reloj biológico de Tore marcó los tiempos en el viaje: su gran experiencia en este tipo de actividades se impuso y él sabe que más vale aumentar de peso que tener a gente con hambre y de mal humor.
El poco generoso maletero de Latoya terminó por aceptar todas nuestras mochilas, sacos de dormir, tiendas, esterillas, sombreros, comida; pero no sin antes unas palabras y algo de entrenamiento con Dan, Miguel y Alison.
Tore además de los tiempos, tocaba la guitarra y lideraba nuestras actividades al aire libre, incluyendo una sesión particular de escalada en Yosemite: Rock climbing for dummies.
Lo más mítico del viaje es sin duda el Grand Canyon, Yosemite, la highway 1 entre Cambria y Carmel, el tramo de la Route 66 entre Williams y Kingman, San Francisco, ahí van unas fotos:
Yosemite National Park:

Excursión en Grand Canyon:
Un pequeño cañón que nos encontramos por el camino:
Antelope Canyon, en la Navajo Nation:

Sin embargo, no para olvidar, pero lugares innecesarios o para no repetir: Las Vegas, Los Angeles y las feas horas de autopista entre L.A. y Yosemite.

Una sorpresa, los viñedos de Sonoma, gente muy profesional que ha aprendido mucho de vinos, que aprovechó las plagas de los años 80 para cultivar una uva más adecuada con más cariño y savoir faire y que producen un vino que contrariamente a mi desinformado y tendencioso parecer, es muy respetable y de gran calidad. Visitamos varias bodegas e hicimos varias catas, y en general las bodegas son nuevas y muy bien cuidadas: Baste con decir que sus aspecto es más higiénico que los hospitales de NYC:
Un viaje magnífico, pasando por cuatro estados distintos – Nevada, Utah, Arizona y California – grandes ciudades muy diferentes – San Francisco, Los Angeles o Las Vegas – e infinidad de pueblecitos de carretera, de montaña o en medio del desierto, y que me ha permitido constatar cuan grande y diverso es este país, la enormidad de sus recursos naturales

viernes, 3 de julio de 2009

Manel & The City, sí… pero ¿qué city?

Ahora mismo son las 22h22 del lunes 29 de junio de 2009 y estoy en un Airbus A319 destino a una nueva ciudad. Voy por tiempo indefinido, ya que mis prácticas para terminar mi master y la etapa subsiguiente las realizaré allí.

Son muchas cosas, todo va muy rápido y aun no he tenido tiempo de digerir lo que está cambiando en mi vida desde hace unos meses. Ni siquiera he tenido tiempo de sentarme a pensar. Todo sigue una agenda diseñada hace tiempo. Bueno, más que diseñada, sobrevenida, lo cual hace que me sienta más como un espectador que como un actor (el principal).

A la poca capacidad para retener talento de las empresas españolas se le une la dificultad para encontrar un buen sitio en mi antigua compañía, Gas Natural, debido a la enorme píldora que se ha de tragar en estos momentos: la integración de Unión Fenosa tras una muy esperada fusión que ha resultado ser también ciertamente inoportuna dado el contexto industrial y económico en que se produce. Todo ello, junto con lo interesante de mi nuevo puesto y quizás una cierta adicción a este tipo de experiencias, hace que me encuentre en un avión rumbo a la nueva City de Manel and The City, probablemente lo más parecido que hay a Nueva York a este lado del Atlántico: si amiguitos, para los que no lo sepáis aun, hablamos de Londres.

Esta noche aterrizo en London, dormiré en un hotel, mañana tengo un día lleno de visitas para encontrar casa, y pasado empiezo a trabajar. La buena noticia es que mi segundo día de trabajo lo pasaré de reunión en Madrid. Afortunadamente no tengo miedo a volar.

Mis sensaciones son positivas, como casi siempre al empezar una nueva etapa, y pese a ser tranquilo por naturaleza, no he podido evitar los nervios de última hora que me han conducido a perder mi DNI en Madrid el fin de semana, olvidarme una bufanda estupenda en el Alaris camino de Valencia ayer mismo, e incluso pedirle con un gran sonrisa al policía del control de pasaportes del aeropuerto de Valencia “¿Le importaría ponerme un tampón de salida? Es que es una ocasión especial ¿sabe?”. Pequeña confusión lingüística – en francés tampon no es lo mismo que en español –que ha pillado desprevenido al policía. Yo no le veo tanta gracia a este propósito más bien escatológico, pero el hombre se ha caído de la silla y aun está riéndose.

En cualquier caso, iré relatando esta aventura en el blog, que ya me he acostumbrado a sentarme un par de veces por semana a intentar escribir algo que sin decir gran cosa, cuente algo. Veremos si soy capaz de mantener este ritmo con mi nueva condición de currante con horario de oficina. Si lo hago, las nuevas historias londinenses se solaparán con antiguas batallitas de NYC que aun me rondan la cabeza.

Así que aunque ya no esté en NYC, no hace falta que quitéis esta página de vuestros favoritos, simplemente sabed que The City ahora significa indistintamente Londres o Nueva York.

viernes, 19 de junio de 2009

¿Se acabó lo que se daba? Is New York over?

Escribo esto desde el aeropuerto de Düsseldorf, en la escala de mi vuelo de vuelta a España. El curso se ha acabado, he dejado mi habitación en el apartamento 23 del 412 West 110th Street, en el Upper West Side y me he despedido rápido y mal de Columbia, de NYC y de algunos de los amigos y conocidos que dejo por allí.

Los últimos días han sido una locura, con el Road Trip de casi tres semanas, y un breve paso por NYC de a penas dos días. Para colmo, en este verano neoyorquino que no termina de llegar, ayer salió un día gris y lluvioso en NYC, que refleja en cierta manera cómo me siento.

Dicen que las mejores despedidas son las cortas, no da tiempo a ponerse triste y se ahorra uno las lágrimas delante de los demás, aplazándolas para el más seguro anonimato de una sala de aeropuerto o la protectora penumbra de una butaca de avión en la semioscuridad con la que pretenden engañarnos para contrarrestar el jet-lag.

Sin embargo, me da la impresión de que esta despedida ha sido demasiado corta. No he podido decir adiós a la ciudad como se merece, con cierta intimidad y suficiente tiempo. Tampoco me he despedido como debería de mucha gente que quiero, y he tenido que organizar un evento multitudinario. Y de otros me he despedido sólo por correo o sms. Maldita tecnología.

A pesar de la agridulce sensación de dejarme muchas cosas por hacer, ha sido un año estupendo desde todos los puntos de vista. Y aunque me queda mucho por descubrir, NYC ya es otra de mis ciudades, otro de mis sitios familiares, como París, algunas zonas de Madrid o Valencia.

Dejo atrás amigos y ganas de seguir descubriendo la ciudad. También el país que tanto me divierte criticar, maravilla de la naturaleza aun por destrozar (en eso Europa aventaja a los Estados Unidos), tan lleno de contrastes y con su infantil ingenuidad. Por eso tendré que volver. De visita o para temporadas más largas. Este partido ha terminado en empate y habrá que jugar una prórroga.

No obstante, aun tengo muchas cosas que decir de esta experiencia y de ese país, así que me voy a permitir seguir dándoos la tabarra con este blog. Y porque en Manel & The City, además de mi propio nombre propio (Manel), hay uno genérico (The City) al que le hemos venido dando la acepción de NYC desde el 13 de julio de 2008 y hasta el día de ayer, 18 de junio de 2009. Pero que llegado el caso, muy bien puede referir a otra ciudad en otro lugar. Ahora se trata de ver cuál.

Gracias a todos por leerme y especialmente a los que os atrevéis a hacer algún comentario. Seguiremos informando.

viernes, 12 de junio de 2009

Road Trip Diaries, 3 (Northern California)

Hemos conseguido evitar a los osos de Yosemite aun durmiendo al aire libre. Despues fuimos hasta Cambria, unas 200 millas al Sur de San Francisco, para luego subir por la Highway 1 en uno de lo tramos de carretera mas famosos del mundo.

La carretera serpentea pegada a la accidentada costa, con miles de curvas que dibujan el caprichoso perfil de California, atravesando cientos de puentes para salvar barrancos y demas obstaculos. Las frias aguas (sorprendente en tan baja latitudes) acogen a focas, leones marinos y otros animales mas propios del circulo artico. Tras el despoblado, salvaje y proto-hippy Big Sur pasamos, sin solucion de continuidad, por las exclusivas y exageradamente pijas Carmel y Pebble Beach, donde algunas casas tienen hoyos de golf antes de llegar a sus playas particulares.

Ahora, nos estamos quedando en casa de Olivia (companyera de SIPA que esta en NYC buscando trabajo, tarea propia de un recien graduado que los miembros de este road Triphemos pospuesto temporalmente) en Fremont, al Sur de San Francisco. Su madre nos ha acogido (a los 7!) y os ha tratado a cuepo de rey.

Nos queda visitar Napa Valley y Sonoma, las bodeas californianas donde por lo visto estan aprendiendo a hacer vinos y no les sale tan mal, y por supuesto San Francisco, como colofon final a este viaje.

Si llegamos al final y no nos hemos matado todavia, los 7 componentes del viaje y nuestra maquina (bautizada Layota, una Chrysler Town and Country de 2008 de color blanco), seremos amigos para siempre...

Aqui van unas fotos de la primer parte del viaje en Canada: 21 personas en casa de Dan en Georgian Bay, Ontario, en su casa colgada en lo alto de una isla particular.