miércoles, 25 de abril de 2012

Insulto de la semana (1): Botarate

Al hilo de mi anterior post, y en mi búsqueda de formas de sublimar esta indignación que me producen los acontecimientos actuales, voy a probar aquí, públicamente, otro método para aliviar la presión interna.

Se trata de un compendio de insultos y palabras más o menos ofensivas y malsonantes. Bien es sabido que una forma común de evacuar ira, enojo, indignación... es por la boca.

Así pues aquí, cada cierto tiempo pondré un insulto nuevo y mi objetivo será usarlo al menos una vez hasta la publicación del siguiente. Todo ello sin la menor acritud. El hecho de que aquí en Londres casi todos hablen inglés facilitará la tarea y ahorrará disgustos, pero probablemente disminuya el efecto catártico.

Nos estrenamos con un insulto muy sonoro, muy redondo, de esos que llenan la boca, con muchas vocales y consonantes oclusivas. De hecho el palabro suena mucho más ofensivo de lo que es, y probablemente si el objeto del insulto no conoce bien su significado, se ofenderá más de la cuenta. Fantástico, ¿no?

botarate.
(de botar, saltar).
1. m. coloq. Hombre alborotado y de poco juicio. U. t. c. adj
2. m. Can. Am. Persona derrochadora, manirrota. U. t. c. adj

domingo, 22 de abril de 2012

Indignación y catarsis

indignación.
(Del lat. indignatĭo, -ōnis).
1. f. Enojo, ira, enfado vehemente contra una persona o contra sus actos.

Oímos mucho hablar de indignación. Y somos partícipes: casi todos nos ponemos de mala leche cuando se habla de corrupción, recortes, cuando vemos amigos que se van al paro, o familiares a quienes les bajan el sueldo mientras bancos o eléctricas siguen batiendo récord de beneficios o nuestros gobernantes rinden pleitesía ciega y boba al sacrosanto mercado.

Es un sentimiento generalizado en estos tiempos aciagos. Pero también se ha hablado mucho de cómo canalizar esa indignación, cómo obtener algo útil de ella. No tengo la respuesta. Ni siquiera sé cómo plantear correctamente la pregunta. Lo que me parece claro es que esta impotencia, no hace más que incrementar la indignación, y que a más indignación, más impotencia todavía...

Círculo vicioso éste difícil de romper. Hay claros intentos de salir de esta espiral de mala leche, algunos colectivos como el movimiento 15-M y similares, los cambios de gobierno en toda Europa o la aparición de nuevos partidos... y también a nivel personal: cambios de trabajo, de país o militancia política activa, por ejemplo. Sin embargo me da la impresión de que no hemos llegado aun a ningún sitio, y que esa espiral negra, esa dinámica negativa y paralizadora, sigue ensombreciendo los pensamientos y las vidas de los ciudadanos de bien.

A menudo pienso en cuál es la solución, y a veces incluso en qué papel podría jugar yo para activarla, provocarla, desencadenarla... cómo alcanzar esa catarsis colectiva que limpie los espíritus y ponga a toda la sociedad a trabajar en la misma dirección (hopefully la correcta).

Pero de momento sólo me inspiran unos poco ejemplos de catarsis individual. Y este es uno de ellos. Disfruto como un enano con este vídeo de un presentador americano perdiendo el oremus en su programa, clamando por un cambio radical en la política estadounidense y por la creación de un banco público con el dinero los defraudadores y la banca de inversión. Lo recomiendo como terapia de choque contra el embotamiento (en inglés subtitulado al castellano):



¿Os imagináis un periodista o político español poniéndose de esta guisa y a la vez con un discurso tan articulado? Yo no. Quizás Ratigan sobreactúe, quizás sea todo una estrategia de marketing para salir en internet. Sin embargo, tras ver el vídeo se me queda este sentimiento dulce de euforia que invita a hacer cosas. Tales como escribir este post. O como comprar un dominio en internet para escribir más seriamente sobre este tipo de cosas. O como apuntarme a clases de saxofón...

Ahora sólo falta que todos encontremos nuestra catarsis, nuestra terapia y que la euforia creadora resultante sea colectiva, para transformar la indignación general en (re)acción firme y ordenada, en movimiento real.

Mientras, yo sigo poniéndome el video cada semana.

martes, 3 de abril de 2012

Mil imágenes y una palabra

Ha sido el período más largo sin escribir en el blog desde que lo empecé. Estamos ya a principios de abril y éste es todavía el primer post del año... voy a pulverizar el récord de entradas en 2012...

Disfruto de este blog mucho, pero no siempre el impulso de escribir es tan fuerte y a veces es complicado mantener la disciplina de sentarse a hacerlo, incluso en un modelo basado en escritura rápida, casi sin relectura y con poca edición.

Sin embargo, con el imparable avance de la tecnología móvil y su disponibilidad, y con el ingente tiempo que le dedicamos (y que nos impide dedicarnos a actividades más productivas como pensar), aparecen otras formas de expresión que reconfortan al menos fugazmente.

En mi caso es la fotografía: desde Septiembre llevo siempre en el bolsillo, integrada en mi iPhone, una cámara de relativa calidad. Esto permite tomar fotos en cualquier momento casi in preparación. Podría ser la fast photography (en analogía con la comida rápida). Si además añadimos cualquier programita con funciones simples de edición, el resultado puede ser bastante decente.

Yo uso instagram, que básicamente permite añadir algún tipo de marco a la foto en formato cuadrado (ciertamente un formato desconcertante, y guiño a los fotógrafos de verdad), y luego aplicar algunos filtros y subir el contraste de la foto. That's all it takes, photographic edition 101. Evidentemente la propia aplicación publica las fotos y las expone a aprobación y comentarios de la comunidad.

En realidad se puede llamar fotografía basura (por continuar con la misma analogía) porque además de mí, hay varios cientos de millones haciendo lo mismo, y al final estamos sobreexpuestos a miles de millones de fotografías mediocres que creemos interesantes.

Pese a todo, en este delirio narcisista de exhibicionismo que vivimos hoy en día, y un poco para justificar y/o compensar lo poco que me prodigo por este blog, voy a compartir mi junk photography con vosotros lectores.

A partir de ahora en la columna de la derecha, bajo la rúbrica "Amigos Interesantes", aparecerá un enlace a mi cuenta de Instagram. Y como aperitivo, podéis visitar la colección completa en este enlace:


sábado, 19 de noviembre de 2011

Movember en la City

Llega el mes de noviembre a Londres y paulatinamente, al pasar los días, empieza uno a percibir un cambio en alguna gente en el metro, en la oficina, en la calle. No es mayoritario, simplemente unos cuantos individuos, pero la tendencia parece clara.

Sí, es como una sombra clara al principio, pero que se oscurece y agranda con el paso de los días, y está siempre en los mismos lugares: en el labio superior de algunos señores random que se encuentra uno por la calle.

Después de tres años en la city, por fin he entendido de qué se trata. Se llama Movember, y es una gamberrada colectiva que se inventaron unos señores para recoger dinero en la lucha contra ciertas enfermedades masculinas como por ejemplo el cáncer de próstata o de testículo. Y el fenómeno a atravesado las fronteras, con Canadá ya casi al mismo nivel de recaudación que el Reino Unido y algunos otros países siguiendo su estela.
El fenómeno se internacionaliza, e incluso en España donde los bigotes cuentan con pocos fans, ya se ven algunos destellos, como por ejemplo este.

Este año, en mi nuevo ambiente de trabajo, hemos decidido participar en esta gamberrada, que tiene unas reglas bastante sencillas (no me negaréis que los argumentos son convincentes).

Así pués desde el primero de noviembre no me he afeitado el labio superior, dejándome crecer una pelusilla infame y embarazosa que es el hazmerreír de propios y extraños – excepto algún despistado que piensa que es mi look habitual. Esta es la evolución hasta hoy (días 9, 14 y 18 de Movember):


Aun o tengo muy claro cuál es mi target en este endevour, aunque tengo cierta debilidad por el modelo de Mo de Tom Selleck. Y al parecer no soy el único:


Lo cierto es que de momento las comparaciones que me han hecho (entre otras en una conferencia sobre el mercado europeo de gas a la que asistí en París las semana pasada) los parecidos que me han sacado son diferentes, incluyendo: Freddie Mercury, Carlos el Chacal (terrorista venezolano), el anuncio del 118118 en Inglaterra e incluso un actor porno de serie B de los años setenta... juzgad vosotros mismos los parecidos:


En cualquier caso, esta gamberrada tiene un objetivo último, que es sensibilizar sobre estas enfermedades y de paso recaudar algo de dinero. Para ello ponen a disposición de los participantes bigotudos una página web personalizable para recoger donaciones, el MoSpace. Si tenéis curiosidad o incluso ganas de participar en esto, no dejéis de visitar mi MoSpace en este link:

http://mobro.co/elMan

Una pequeña donación en soldaridad por el ridículo y sobre todo para luchar contra las enfermedades masculinas se agradecerá infinito...

jueves, 13 de octubre de 2011

Muere Steve Jobs. La noticia más positiva

No, no es que piense que la muerte de este visionario sea positiva.

Pero lo cierto es que en estos días aciagos y tumultuosos de crisis financiera - contagiada ya al resto de la economía y pronto en crisis política global (indignados del mundo, ¡uníos!), todas las noticias son malas. Y algunas peores.

Nuestro políticos locales, con su habitual bajeza potenciada por unas elecciones cuyo resultado sabemos de antemano (incumbent's out, en cualquier país del mundo), y la pobreza intelectual que caracteriza a los medios de comunicación de masas en nuestro país, no hacen sino acentuar esta sensación de desasosiego, desesperanza, impotencia absoluta... sentimientos muy difíciles de gestionar porque se pueden convertir muy rápido en miedo, rabia y odio (algunos dicen que también es posible sublimarlos en actitudes positivas, creativas, emprendedoras).

Y va y se muere el tío este.

Cierto es que Apple y Pixar han tenido una influencia muy importante en nuestras vidas. Pero no exageremos, simplemente ha democratizado y banalizado internet a través del iPhone. Eso sí, ha sido el primero en hacerlo y lo ha hecho con estilo.

Ya de paso, ha hecho de su empresa la compañía con mayor cotización en bolsa del mundo (la cotización de hoy es de 0,4 billones de dólares, aproximadamente el PIB de Noruega, Austria o Surafrica). Unas oficinas con mucha materia gris y algunas patentes valen más, según el sacrosanto mercado, que la petrolera más grande del mundo, con sus yacimientos de oro negro, sus barquitos, refinerías y sus gasolineras por todo el planeta. Por fin vemos un indicio objetivo de aquello que se dio en llamar la sociedad del conocimiento frente a la sociedad industrial. Los Jobs y los Gates desbancan a los Rockefeller y a los Edison. Ellos son los nuevos reyes, pero el Dios sigue siendo el consumismo.

Es pues caso admirable, un emprendedor como la copa de un pino, un genio, un visionario, líder, inspiración, modelo a seguir. La suya es una historia bonita. Y por eso se ha contado con profusión en los últimos días en los periódicos.

Qué jodido que lo único que desprende vibraciones positivas estos días es la muerte Jobs.

Ahí va el famoso discurso que dio en la Universidad de Stanford para la graduación de la promoción 2005. Hacía años que no lo oía, y ahora está hasta en la sopa.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Día 1 - NYC revisited

Estreno el vuelo directo Valencia-Nueva York de Delta. En un avión que parece pequeño para un vuelo tan largo (un 757, con sólo seis asientos por fila, como los aviones que van de España a Londres) me doy cuenta de que es 5 de julio. Curiosa coincidencia: justo el mismo día en que, hace tres años, volé a NYC para estudiar durante más de un curso completo en Columbia.

Llevo dos años sin pisar NYC, la city original a que hace referencia el título de este blog. Y la he echado mucho de menos. A NYC y a la gente con la que pasé aquellos 12 meses.

Quizás debería haber empezado por esta fecha la serie de entradas sobre mi estancia en NYC este verano, pero no me ha apetecido hacerlo cronológicamente, de forma que esta quinta entrada de la serie se corresponde con mi primer día de viaje. Todas las entradas relacionadas con este viaje llevarán la etiqueta "NYC revisited".

Como siempre, con poca organización, me quedo temporalmente en casa de mi amigo Mario, en TriBeCa (véase en el enlace la insigne lista de vecinos). Y ya en mi primer día tengo que ir a la escuela en la que me he inscrito al curso de fotografía.
El viaje en el A train desde el aeropuerto JFK hasta Manhattan fue como una redención después de todo este tiempo, un reencuentro con NYC a través de una eclosión de sensaciones neoyorquinas mientras los cinco sentidos saturan al mismo tiempo: los olores fuertes y desagradables en la estación, el ruido ensordecedor del tren al llegar y el también estruendoso silencio de sus pasajeros en el interior, los colores apagados del vagón acentuados por esa lechosa luz fluorescente de los trenes antiguos que aun se usan en la línea A y, por supuesto, el aire acondicionado en modo “glacial” que pone la carne de gallina en los metros vacíos de NYC.

Pero, a parte de estas sensaciones puramente físicas, el hecho que intelectualmente me hizo asumir, comprender que ya estaba realmente en NYC, fue lo que vi en mi paseo desde la estación de Canal St hasta casa de Mario en N. Moore St. Caminando bajo un sol aplastante con mis dos maletas por Franklin St había un toldo blanco enorme instalado en medio de la calle, con cámaras de televisión, fotógrafos, periodistas y un par de camiones con antenas satélite para emitir en directo; todos sentados en sillas plegables, con las cabezas casi metidas dentro del recipiente de plástico de comida para llevar y levantando de vez en cuanto la vista para mirar al otro lado de la calle.

Era DSK Beach – bautizada así por el programa Paris Plage que organiza la Mairie de Paris y que consiste en poner arena, algunas macetas, tumbonas y aspersores de agua al borde del Sena en el mes de agosto creando una especie de playa ilusoria para parisinos. De un modo similar, los periodistas de todos los medios de comunicación han acampado en la acera norte de Franklin St, justo enfrente del número 153, donde está el pisito de Dominique Strauss-Kahn (DSK) y su mujer durante su aventura neoyorquina.

No es que estas cosas sólo pasen en NYC, pero sólo aquí pueden llevarse a estos extremos. Pasé varias veces por esa calle y este es el panorama que vi:

Y este es el que ve él cuando sale de su casa:

lunes, 1 de agosto de 2011

Día 10 - Cazafantasmas en Brooklyn

En el sinfín de actividades que propone NYC en verano hay muchos cines de verano en parques públicos, terrazas o terrenos desafectados. El jueves 14 de julio, mientras los franceses veían los únicos fuegos artificiales decentes del año y terminaban su noche bolingas perdidos en los bailes de los bomberos de cada barrio, David, Ana, Sabina, mi hermano Jaume y yo nos decidimos por Ghostbusters en el nuevo Brooklyn Bridge Park.

Debo reconocer que hace unos meses fui a verla en un cine que pone películas vintage (uséase, viejas) en Londres y que al poco me compré el dvd para poder verla en casa también. Pero es que es una película de esas que mejora con el tiempo, y además una oda a NYC cuyas localizaciones vale la pena visitar.

Y sin embargo me lo pasé como un enano viéndola de nuevo, con esas primeras escenas en el campus de Columbia University, en la improbable cátedra de estudios paranormales. Y con un estupendo picnic, postre incluido y un par de botellas de vino escondidas en bolsas de papel y con vasos opacos para que no nos cayera una multa (en los parques de NYC esta prohibido beber y fumar).



Lo mejor, además de la compañía, la luna casi llena y el margarita que nos tomamos después en Pedro's, fue la experiencia de ver una película bajo el puente de Brooklyn y con una vista insuperable de downtown Manhattan que cambiaba de color por minutos. Esta imagen es una muestra de las dos películas que veía al mismo tiempo: